Amueblar una casa pequeña no consiste en llenar cada rincón. De hecho, para que un piso se vea más amplio y resulte cómodo, conviene eliminar esas piezas que ocupan demasiado, entorpecen el paso o se usan mucho menos de lo que imaginabas cuando las compraste. Hemos hablado con la interiorista Olga Santos, quien nos ha dado su visión como experta. “Hay que perder el miedo a romper con el esquema tradicional de la distribución y amueblar para cómo vivimos el 95% de nuestros días, no para las excepciones”, aconseja la experta. Con esta premisa, repasamos los muebles que puedes evitar –o sustituir– si quieres aprovechar mejor cada metro.
© María Pujol para Strada InteriorsEl aparador bajo tradicional
El aparador es uno de los muebles que más se compra por inercia. Parece una solución fácil para guardar vajilla, manteles o papeles, pero en un salón pequeño puede convertirse en un estorbo. “Un aparador de 45 o 50 centímetros de fondo devora los metros útiles y bloquea los flujos de paso”, explica Olga Santos. Si queda cerca de la mesa, del sofá o de una puerta, obliga a estrechar los recorridos diarios sin darte un almacenamiento proporcional.
La alternativa está en los muebles suspendidos o en soluciones a medida que suben hasta el techo. “Si el ojo no tropieza con una masa en el suelo, la sensación espacial se duplica al instante”, añade la experta.
© Jordi Canosa para Pia CapdevilaLas vitrinas y los vajilleros
Las vitrinas siguen apareciendo en muchas listas de muebles para el salón, aunque no siempre son necesarias. Tienen volumen, requieren espacio libre delante para abrir las puertas y suelen añadir más objetos a la vista.
Para Olga Santos, las vitrinas de cristal y los vajilleros son otro de los “grandes culpables” de que una estancia se sienta llena. Si tienes poca vajilla o solo la utilizas en ocasiones especiales, no hace falta reservarle una pieza completa. Puedes guardarla en módulos altos de cocina, en un armario integrado o en una zona del canapé. Ganarás una pared libre y el salón se verá mucho más despejado.
© Amador Toril para Estudio Alberto TorresLa mesa de comedor fija
Una mesa de comedor grande puede ocupar dos o tres metros cuadrados durante todo el año. Sin embargo, muchas familias solo la aprovechan por completo cuando reciben visitas. “Nos empeñamos en meter a calzador una mesa que solo usamos al 100% dos o tres veces al año cuando vienen invitados”, afirma Olga Santos.
La interiorista propone sustituirla por una consola extensible: “En el día a día mide apenas 40 centímetros de fondo y funciona como mueble de recibidor o pequeño escritorio”, explica. Cuando tienes invitados, se despliega con guías telescópicas y se convierte en una mesa para ocho o diez personas. “Renunciar a la mesa fija no significa cenar de rodillas ni renunciar a invitar a tus amigos; significa diseñar con inteligencia espacial”, añade.
© Amador Toril para Estudio Alberto TorresUna mesa cuadrada grande con demasiadas sillas
Si una gran mesa no es necesaria, tampoco lo es mantener cuatro o seis sillas ocupando espacio todos los días. Si quieres conservar una zona de comedor permanente, Olga Santos aconseja elegir una mesa redonda y, mejor aún, con pata central. “Si no quieres renunciar a tener una mesa, que sea redonda”, recomienda la interiorista. Al no tener esquinas, “la circulación alrededor fluye muchísimo mejor y no ‘obstruye’ visualmente el paso”.
La pata central, además, evita el incómodo cruce de patas con las sillas y permite sentar a más personas cuando lo necesitas. Completa la zona con dos sillas ligeras de uso diario y añade sillas plegables de diseño para las visitas: se guardan detrás de una puerta o dentro del canapé sin invadir el salón.
© Jordi Folch para Brákara StudioLa mesa de centro grande y cerrada
La mesa de centro es otro clásico que no siempre encaja en un salón pequeño. Olga Santos plantea una referencia clara: “Si entre la parte delantera del sofá y el mueble de la tele quedan menos de 50 o 60 centímetros de paso, la mesa de centro tiene que desaparecer”. Si tienes que caminar de lado o esquivarla cada vez que cruzas la estancia, esa pieza está robando comodidad.
En su lugar, usa pufs textiles con bandeja, que sirven como mesa auxiliar, asiento extra o reposapiés. También funcionan muy bien las mesas auxiliares en C, con una base que se desliza bajo el sofá. “Ocupan cero espacio de suelo en el centro del salón y son infinitamente más cómodas para tomarte un café o trabajar con el portátil”, asegura.
© Silvia Gil-Roldán para Marga Lara InteriorismoEl conjunto de sofás 3+2
El sofá de tres plazas acompañado de otro de dos sigue siendo una fórmula habitual. Pero cuando los metros son escasos, suele cerrar demasiado la zona de estar y restar pasillos útiles. “Un buen sofá en L funciona mejor que un 3+2”, subraya Olga Santos. La clave está en elegir un modelo proporcionado al salón, sin brazos excesivos y con una chaise longue que no invada los recorridos principales.
Si necesitas más asientos, añade pufs ligeros que puedas mover o guardar. También conviene elegir un sofá con patas elevadas: “Ver el pavimento continuar por debajo del sofá cambia por completo la percepción de amplitud del salón”, añade la interiorista.
© Pia CapdevilaEl sillón enorme en el dormitorio
Un sillón grande o un descalzador generoso puede hacer que un dormitorio parezca más completo. En una habitación pequeña, sin embargo, dificulta la circulación alrededor de la cama y hace más complicado que se puedan abrir los armarios. “Quedan muy bonitos, pero en el día a día terminan convertidos en ‘la silla de la ropa acumulada’”, señala la interiorista.
Antes de llevarlo a tu dormitorio, mide cuánto espacio queda entre la cama, el armario y las ventanas. Si no puedes moverte con libertad, prescinde de él. Un banco estrecho, un taburete o un señor de noche resolverán el apoyo sin ocupar tanto.
© Jordi Canosa para Pia CapdevilaEl mueble zapatero del recibidor
El recibidor necesita orden, pero no necesariamente un mueble grande. En una entrada estrecha, un zapatero profundo puede obstaculizar la puerta y dar una sensación de pasillo todavía más cerrado. “El secreto de un buen recibidor en pocos metros no es poner un mueble, sino gestionar el ‘vaciar todo lo que llevamos encima’ al llegar a casa”, explica Santos.
Para ello, apuesta por colgadores de pared, una balda muy estrecha y un espejo XL. “Duplica la luz de la entrada desde el primer segundo”, apunta la interiorista. Así podrás dejar las llaves, colgar el abrigo y comprobar tu look sin llenar el suelo.
© Heidi Cavazos para Coblonal InteriorismoLas lámparas de pie con bases pesadas
Una lámpara de pie puede aportar una luz cálida, pero también ocupar una esquina esencial. Las que tienen una base grande o un pie ancho reducen la superficie libre del salón y pueden interferir con el paso. Olga Santos las eliminaría de la lista al decorar un piso pequeño: “Apostaría por apliques de pared orientables”.
Esta solución ilumina el sofá, una butaca o un rincón de lectura sin añadir obstáculos en el pavimento. También permite dirigir la luz hacia una pared y crear una sensación de mayor profundidad. En casas pequeñas, liberar el suelo es una de las decisiones decorativas más efectivas.
© Manuel Girona para EBC Interiores y Laura TeresLos muebles multifunción difíciles de usar
Un mueble multifunción solo merece la pena si simplifica tu día a día. “Hay muebles multifunción fantásticos sobre el catálogo, pero si para usarlos necesitas mover tres sillas, retirar una lámpara de pie y desplazar una alfombra, dejarás de usarlos a la semana”, advierte Olga Santos.
La experta insiste en una regla muy sencilla: “La multitarea solo funciona si la transición dura unos pocos segundos y se hace con un movimiento fluido”. Por eso, antes de comprar una cama abatible, una mesa extensible o una cama nido, simula cómo la abrirías cada día. Si obliga a reorganizar toda la habitación, no es una solución práctica. A veces, una distribución fija y bien pensada ahorra más problemas –y más espacio– que el mueble más versátil.




