Este viernes, Melendi vuelve a sentarse en uno de los sillones de La Voz, junto a Mika, Lola Índigo y Pablo López, con Eva González al frente de una temporada que llega con cambios. Si la televisión lo devuelve a la actualidad, nosotros hacemos el camino contrario y regresamos con él a Oviedo, la ciudad de donde salió aquel chaval que primero quiso ser futbolista y después encontró en la música su camino.
El Rosal, un balón, los bares del casco antiguo y los veranos en Piloña. No hace falta mucho más para dibujar la Asturias de Melendi antes de triunfar. Son lugares cotidianos, ligados a una infancia y una juventud que él mismo recuerda con cariño. En 2026, en el programa Comemos con Melendi, de Senén Morán, lo resumía así: “Yo tuve una infancia buena, feliz, con unos buenos padres. No hemos tenido grandes lujos, pero no me ha faltado de nada”.
Melendi nació en Oviedo en 1979 y durante su adolescencia el fútbol ocupó buena parte de sus días. Jugó en las categorías inferiores del Real Oviedo, antes de que la música terminara ganándole el partido. Poco a poco empezó a moverse en el ambiente musical de la ciudad, mientras escribía sus primeras canciones y encontraba un camino que acabaría llevándolo mucho más lejos.
Aquellos años tenían como escenario un Oviedo más pequeño que el de hoy, y buena parte de la vida pasaba por los locales del centro. Las crónicas de los primeros años del 2000 lo situaban por la zona de El Rosal, en bares como La Maniega —ya cerrado—, y lo recordaba compartiendo noches y fiestas de San Mateo con sus amigos.
EL ROSAL Y LA NOCHE DE OVIEDO
La calle del Rosal mantiene hoy su vocación hostelera, aunque con otro paisaje. Allí siguen abiertos locales como el pub irlandés Shamrock, la sidrería Alterna o el bar La Situación del Rosal, junto a otros negocios que han ido ocupando la calle. Ya no es, sin embargo, aquel hervidero nocturno de décadas atrás.
Parte de ese ambiente se ha desplazado hacia El Antiguo, en el casco histórico, donde se concentran buena parte de los bares y locales de copas de la noche ovetense. La otra gran referencia es la calle Gascona, el eje de las sidrerías, donde la noche se mezcla con la costumbre de salir a tomar unos culines y picar algo.
Desde El Rosal, el paseo puede continuar hacia El Fontán, Trascorrales, la plaza del Ayuntamiento y la Catedral, entre sidrerías, confiterías y pequeñas plazas. Es una manera sencilla de recorrer el centro y seguir la pista de aquel Oviedo en el que creció Melendi.
En 2023, cuando el artista recibió el título de Hijo Predilecto, recordó lo que su ciudad le había enseñado y lo que suponía para él: “Quiero a Oviedo como se quiere a una madre, por encima de todo. Oviedo es, y siempre será, el escenario de mi vida”.
CARLOS TARTIERE, MÁS QUE UN ESTADIO
En aquella misma ocasión, Melendi contó que le emocionaba especialmente encontrar camisetas del Real Oviedo entre el público de sus conciertos. Para él, que antes de dedicarse a la música quería ser futbolista, el Carlos Tartiere es mucho más que el estadio del equipo de su ciudad.
Su relación con el club también ha quedado en canciones. En 2006 organizó un concierto a beneficio del equipo en las instalaciones de San Lázaro y cedió al Real Oviedo los derechos de Volveremos, la canción que le dedicó y que con el tiempo se ha convertido en uno de los temas más reconocibles de su afición. Y en 2025 estrenó en directo el himno que compuso para el centenario, una canción construida alrededor de algunos símbolos reconocibles de la ciudad y de la historia del club.
Junto al Carlos Tartiere está La Ería, otro de los lugares ligados a los reencuentros musicales de Melendi con su ciudad. Allí ofreció tres conciertos consecutivos durante San Mateo de 2023, con cerca de 30.000 asistentes, y regresó al mismo recinto en septiembre de 2024 con la gira 20 años sin noticias.
LOS VERANOS EN PILOÑA
Para encontrar otra Asturias muy ligada a Melendi, hay que salir de Oviedo y conducir 40 kilómetros. Cuando El Viajero de El País le preguntó por su rincón favorito del Principado, escogió Arenas de Beloncio, en el concejo de Piloña, cerca de Infiesto. Allí pasó todos los veranos de su infancia y recordaba la plaza de Lareña, la escuela, los dos únicos bares y aquellos partidos de fútbol improvisados en la plaza, junto a las primeras experiencias de la adolescencia.
Arenas de Beloncio pertenece a esa Asturias oriental de carreteras entre montañas, prados y bosques, con el Sella, Arriondas, Ribadesella y Covadonga relativamente cerca. Es el entorno al que Melendi se ha referido en distintas ocasiones al hablar de sus rincones preferidos del Principado.
ASTURIAS EN SUS CANCIONES
La relación con su tierra tampoco termina en los recuerdos. Asturias aparece directamente en su música. En Asturias, uno de los temas más ligados a sus raíces, Melendi habla de la cuenca minera, de sus paisajes y de esa tierra verde que forma parte de su memoria y de este viaje.












