Granada tiene muchas maneras de empezar una historia. Puede hacerlo con la Alhambra asomándose entre los árboles, con el río corriendo por la Carrera del Darro o desde una de las calles del Albaicín, donde cada esquina ofrece una perspectiva distinta de la ciudad. Ahora tiene una nueva: la de seguir las localizaciones de La bola negra, la película de Javier Calvo y Javier Ambrossi que la Academia de Cine ha elegido para representar a España en los Oscar 2027.
La película, que llega a los cines el 25 de septiembre, nace de una obra inacabada de Federico García Lorca y cuenta tres historias situadas en 1932, 1937 y 2017. Tres épocas, tres hombres y una misma conversación sobre el deseo, la identidad, la memoria y aquello que se hereda, aunque no siempre se quiera. Granada, inevitablemente, tenía mucho que decir en una historia así.
Los Javis rodaron durante varias semanas en la ciudad y la provincia, buscando no solo lugares bonitos —de esos Granada anda sobrada—, sino espacios capaces de devolver a la pantalla la ciudad que conoció Lorca. El resultado permite ahora hacer una ruta que mezcla cine, literatura y algunos de los rincones más agradables de la ciudad.
GRANADA, AÑOS 30
La primera parada es la Plaza Nueva, donde el rodaje hizo algo bastante difícil en Granada: conseguir que una de sus plazas más transitadas pareciera otra ciudad y, al mismo tiempo, la misma de siempre.
Para recrear la Granada de 1932 aparecieron coches de época, banderas republicanas, puestos y decenas de figurantes vestidos como en los años treinta. Durante unas horas, el paisaje habitual de terrazas, autobuses y turistas quedó sustituido por una ciudad que parecía haber retrocedido casi un siglo.
La escena recreaba un estallido revolucionario y obligó a transformar buena parte del entorno. Hoy, sin embargo, no hace falta imaginar demasiado; basta con mirar hacia la iglesia de San Gil y Santa Ana y seguir el curso del Darro. La Granada que se ve aquí es la que sirve de puente entre la película y la ciudad real.
SANTA ANA Y LA CARRERA DEL DARRO
El templo está en la plaza de Santa Ana, uno de los escenarios más reconocibles del rodaje. Alrededor de la monumental fuente de piedra conocida como el Pilar del Toro llegaron a reunirse cientos de personas entre equipo y figuración. Con la iglesia mudéjar, las fachadas antiguas, el río pasando a sus pies y la silueta de la Alhambra al fondo, no hace falta levantar decorados cuando la ciudad lleva siglos haciendo de decorado ella sola.
De aquí arranca la Carrera del Darro, uno de los paseos más bonitos de Granada, con el río encajado entre edificios históricos, puentes de piedra y pequeñas calles que suben hacia el Albaicín. Recorrerla es también seguir algunos de los paisajes que Los Javis llevaron a la pantalla, aunque aquí no hace falta buscar las localizaciones una por una, basta con ponerse a caminar y dejar que aparezcan.
EL ALBAICÍN, CUESTA ARRIBA
El Albaicín fue otra de las zonas elegidas para el rodaje. Aquí no hay una localización concreta que buscar, sino un barrio entero por el que conviene callejear sin demasiadas instrucciones. Una tapia blanca, una buganvilla que se descuelga por encima de una pared, una pequeña plaza y, al doblar cualquier esquina, la Alhambra apareciendo al fondo.
Es una de esas partes de Granada que se entienden mejor andando. Las calles suben, bajan, se estrechan y vuelven a abrirse sobre la ciudad. Y entre casas encaladas, patios y fachadas que parecen llevar ahí toda la vida, resulta fácil imaginar por qué Los Javis encontraron aquí la Granada que necesitaban para La bola negra.
CARMEN DE LOS MÁRTIRES, AL OTRO LADO DE LA ALHAMBRA
En la colina de la Alhambra, la ruta cambia de ritmo. El Carmen de los Mártires es una finca de jardines, fuentes y árboles centenarios que queda algo apartada del bullicio y que Los Javis eligieron también como escenario de la película. Está a un paso de la Alhambra, pero parece otro mundo.
Aquí aparecen caminos entre árboles, estanques, pequeñas fuentes y jardines con vistas sobre Granada. El recinto permaneció cerrado durante la jornada de rodaje, pero hoy se puede visitar y recorrer con calma.
LA HUERTA DE SAN VICENTE
La última parada tiene que ser la Huerta de San Vicente, en los límites entre La Vega y la capital, un lugar sencillo, lejos de la solemnidad de otros grandes monumentos granadinos, que permite acercarse al escritor desde una escala doméstica. Aquella gran casa donde la familia García Lorca pasaba todos los veranos, fresca y sombreada por altos árboles, regada por acequias y perfumada por el jazmín y el galán de noche, es uno de los lugares icónicos de la ruta lorquiana.
En esta vivienda, Federico escribió algunas de sus obras más importantes. Ahora es un parque, un museo, un centro de actividades culturales entre la autovía que desciende hasta Motril y el ensanche urbano. En su interior conserva el mobiliario original, además del piano que el escritor tocaba algunas noches (huertadesanvicente.com).
Después de recorrer sus calles, sus jardines y la casa-museo de Lorca, se entiende mejor por qué Granada tenía que estar en La bola negra. La película devuelve a la pantalla una ciudad que merece recorrerse de nuevo, ahora siguiendo las huellas del cine.











