Hay eventos que requieren un protocolo estricto y sobrio, y otros en los que la realeza puede permitirse soñar un poco más con sus estilismos. Esto último es lo que hizo la reina Mary de Dinamarca este pasado 25 de septiembre en la localidad de Hillerod, con motivo del 150º aniversario de la Fundación Carlsberg. Acompañada por su marido, el rey Federico X, acudió al castillo de Frederiksborg y posó de lo más sonriente en el emblemático Salón de los Caballeros, justo frente al nuevo retrato oficial del monarca, pero lo que más resaltó para nosotras, expertas en moda real, no fue aquella bonita estampa del matrimonio ni la ceremonia en sí: el vestido que eligió la reina danesa para la ocasión data de sus años como princesa y, por si fuera poco, ¡lo descubrió durante una sesión de fotos! Te contamos la historia.
"Siempre será parte de lo que soy": la historia del vestido que Mary de Dinamarca recupera tras 13 años
Mary apostó por el talento del diseñador Toni Maticevski, aunque no se trataba de un modelo nuevo, como decíamos. Por el contrario: la mujer de Federico X rescató del armario de su época como princesa un vestido blanco de largo midi y cuello halter, sin mangas, con capa superpuesta y realizado en un tejido traslúcido y fluido que se fruncía estratégicamente en la zona de la cintura, cayendo en románticos pliegues asimétricos. Su ligera organza estaba adornada con espectaculares destellos dorados que simulaban pinceladas o motivos abstractos a lo largo de toda la falda.
La evidente belleza de esta prenda justifica que quisiera volver a usarla después de tanto tiempo, pero también su historia. Lo lució por primera vez durante una producción por el 80 aniversario de la revista Australian Women's Weekly, fotografiada por Michelle Holden, en la que vistió únicamente diseños de modistos australianos. Uno de ellos, evidentemente, era el modelo blanco con destellos dorados firmado por Toni Maticevski. "No me olvido de dónde vengo. Siempre será parte de lo que soy", explicaba a la publicación en una reveladora entrevista que, visto con los ojos de hoy, podría dar un nuevo sentido al hecho de recuperar esta pieza de costura.
Tal fue el flechazo que Mary no quiso quedarse sin este vestido y decidió que formaría parte de su colección personal, por lo que pudimos volver a verlo unos meses más tarde, en las celebraciones por el 80 cumpleaños de su suegro, el príncipe Enrique. ¿Coincidencia o intención?
Una nueva interpretación de este tesoro, con joyas históricas y accesorios potentes
Lo cierto es que, ya sea porque no hubo más octogésimos a los cuales llevar este vestido o porque simplemente quiso hacer espacio en su armario para nuevos diseños, desapareció sin dejar rastro durante más de una década. Hasta este viernes, 25 de septiembre, se desconocía el paradero de aquella invención de Toni Maticevski con la que la por entonces princesa Mary había causado sensación en su país natal y en el de adopción.
Para este gran regreso, lo combinó con el zapato destalonado Nikki, de Gianvito Rossi, confeccionado con rejilla de piel dorada y ribetes a tono; un clutch de Judith Leiber, confeccionado en exótica piel de serpiente, y una serie de joyas doradas que sintonizaban con el brillo de los detalles del vestido.
En ambas oportunidades anteriores, enmarcaban su rostro unos pendientes de aro en forma de gota y colgantes, de Dulong Fine Jewerly, realizados en oro amarillo y pequeños diamantes, pero esta vez los ha sustituido por unos fabulosos pendientes de Olelynggaard Copenhagen con forma de copo de nieve elaborados en oro amarillo de 18 quilates y diamantes.
En la mano izquierda mostró una joya con un gran peso histórico para la Casa Real: la pulsera de boda de la reina Luisa de Suecia (esposa del rey Federico VIII de Dinamarca), mientras que en la mano derecha se puso la icónica pulsera Love de Cartier en oro y una clásica pulsera fina de diamantes.








