Frase del día

Julio Cortázar, escritor argentino, sobre aceptar los finales: "Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo"


Aceptar que una etapa ha llegado a su fin puede ser doloroso, pero también el primer paso para construir algo diferente


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Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
28 de septiembre de 2026 a las 6:57 CEST

A veces sabemos que algo ya no funciona y, aun así, seguimos intentando mantenerlo. Una relación, un trabajo, una ciudad o incluso una versión de nosotros mismos pueden convertirse en lugares conocidos a los que nos aferramos por miedo a lo que vendrá después. Igual lo has sentido: la incertidumbre puede resultar más amenazante que una realidad conocida, incluso cuando esa realidad ya no nos hace bien.

"Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo", escribió Julio Cortázar. La frase encierra una paradoja que se presenta a menudo en nuestro día a día. En ocasiones, reconocer que algo se ha terminado puede ser precisamente lo que permite dejar de permanecer atrapados en ello y abrir la puerta a una etapa diferente.

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¿Quién fue Julio Cortázar?

Julio Cortázar fue uno de los grandes escritores de la literatura latinoamericana del siglo XX. Nacido en Bruselas en 1914 en el seno de una familia argentina y fallecido en París en 1984, desarrolló buena parte de su obra entre el cuento, la novela y la experimentación literaria. Su nombre quedó especialmente ligado a Rayuela (1963), una de las novelas fundamentales del llamado "boom latinoamericano" y en cuyo capítulo 71 encontramos la frase que hoy analizamos.

También destacó con libros de relatos como Las armas secretas (1959), Final del juego (1956) o Bestiario (1951). Su literatura exploró con frecuencia los límites entre lo cotidiano y lo extraordinario, y convirtió la mirada sobre la realidad en una de sus principales herramientas narrativas.

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Aceptar que algo se ha perdido también es avanzar

Reconocer una pérdida no suele ser nuestra primera opción. Cuando una situación deja de funcionar, es frecuente que intentemos repararla, retrasar la decisión o encontrar una manera de conservarla tal y como era. La incertidumbre puede resultar más amenazante que una realidad conocida, incluso cuando esa realidad ya no nos hace bien. "Esta frase habla de una de las cosas que más nos cuesta como seres humanos: aceptar que algo se ha perdido. Necesitamos estabilidad, referencias, lugares conocidos. Incluso cuando algo ya no nos hace bien, muchas veces preferimos lo conocido a la incertidumbre. Por eso no solo nos duele lo que termina, también nos asusta tener que enfrentarnos a algo nuevo", explica Esther Boada, psicóloga y directora de Centre Sukha (www.centresukha.com).

Ese miedo puede hacer que confundamos mantener algo con cuidarlo. Sin embargo, no son necesariamente lo mismo. Hay situaciones en las que insistir significa seguir invirtiendo energía en una realidad que ya ha cambiado. Aceptar ese cambio permite dejar de luchar contra lo que está sucediendo y empezar a preguntarnos qué necesitamos a partir de ahora.

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El duelo no significa que haya que volver atrás

Decir adiós tampoco implica que la pérdida deje de doler de inmediato. Cuando termina algo importante, aparecen emociones que necesitan su propio espacio y que no tienen por qué seguir un orden concreto. Para la experta, "la valentía de la frase de Julio Cortázar no está en decir 'todo está perdido' desde la desesperanza, sino en ser capaces de reconocer una realidad que quizá llevábamos tiempo evitando. A veces aceptar que algo ha terminado requiere más valentía que seguir intentando sostenerlo".

La especialista recuerda además que "toda pérdida implica un duelo, y ese duelo necesita espacio. Hay que permitirse sentir tristeza, rabia, miedo, frustración o incluso sensación de fracaso. Pero sentir ese dolor no significa que tengamos que mantener a toda costa algo que ya ha cumplido su ciclo".

Por eso, pasar página no debería entenderse como una obligación para dejar atrás rápidamente aquello que nos ha afectado. El duelo necesita tiempo y cada persona lo atraviesa de una manera diferente. Sentir dolor por algo que termina no contradice la posibilidad de saber que ha llegado el momento de dejarlo ir.

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La vida también funciona por ciclos

Una de las dificultades de las pérdidas tiene que ver con nuestra tendencia a imaginar que determinadas circunstancias deberían permanecer. Nos acostumbramos a una rutina, a una persona, a un lugar o a una determinada identidad y podemos llegar a confundir esa familiaridad con permanencia. Esther Boada se encuentra con estas situaciones con frecuencia: "En terapia suelo hablar mucho de la naturaleza. El día empieza y termina, una flor nace, crece y se marchita, las estaciones cambian. Nosotros también vivimos por ciclos, aunque a veces pretendamos que determinadas relaciones, trabajos, etapas o versiones de nosotros mismos duren para siempre".

Pensar en términos de ciclos no hace que una despedida resulte menos dolorosa, pero sí puede cambiar la manera de interpretarla. Que algo termine no significa necesariamente que haya sido un error ni que todo lo vivido haya perdido su valor. Algunas experiencias cumplen una función durante un periodo determinado y después dejan paso a otras necesidades.

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Cuidar algo o tener miedo a perderlo

Cuando algo nos importa, es normal querer conservarlo. La cuestión aparece cuando el miedo a perderlo empieza a pesar más que el sentido que tiene mantenerlo. En ese punto, hacerse algunas preguntas puede ayudar a distinguir entre el compromiso y el miedo. "Y para llevar esta idea al día a día, creo que hay que preguntarse si estamos cuidando esto porque todavía tiene sentido o lo estamos sosteniendo porque nos da miedo perderlo", propone Esther Boada.

No siempre existe una respuesta inmediata. A veces necesitamos tiempo para descubrir si estamos atravesando una dificultad puntual o si, por el contrario, llevamos demasiado tiempo intentando prolongar algo que ya ha cambiado. La pregunta, en cualquier caso, desplaza el foco del miedo hacia nuestras propias necesidades y circunstancias actuales.

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Empezar de nuevo vs. empezar desde cero

Quizá la parte más esperanzadora de la frase de Julio Cortázar esté precisamente en sus últimas palabras: "hay que empezar de nuevo". No habla de quedarse instalado en la pérdida, sino de reconocerla para poder mirar hacia delante. Así lo explica la psicóloga: "Porque no siempre lo valiente es aguantar. A veces lo verdaderamente valiente es aceptar el final y comprender que empezar de nuevo no es volver a cero, sino empezar desde todo lo que ya hemos vivido, que aunque parezca nuevo es un punto de partida diferente", concluye Esther Boada.

Empezar de nuevo puede dar miedo porque obliga a abandonar referencias conocidas. Pero también significa hacerlo con una experiencia que antes no teníamos. Lo que hemos vivido, incluso aquello que no salió como esperábamos, forma parte del equipaje con el que afrontamos la siguiente etapa. Aceptar que algo se ha perdido no siempre debe ser el final de una historia, sino el momento en el que dejamos de intentar recuperar lo que ya no existe para empezar a construir lo que sí puede venir.