Una de cada cinco mujeres sufrirán un trastorno de salud mental, como la depresión posparto, durante la etapa perinatal, la que va desde el embarazo a los primeros dos años posparto. Es un porcentaje alto, que esconde mucho sufrimiento y, a veces, acontecimientos trágicos (el suicidio es la primera causa de muerte en mujeres en el primer año posparto), pero que, a pesar de eso, no recibe la atención que merece.
La primera celebrity que habló públicamente de la depresión posparto fue la actriz Brooke Shields, que en 2005 relató en un libro su dura experiencia, por lo que recibió críticas, como si una madre no pudiera quejarse por sentirse mal. Después, y un poco a cuentagotas, otras mujeres famosas, como Penélope Cruz o Kylie Jenner, han compartido que también pasaron por esta enfermedad, que está considerada como depresión mayor en el DSM-5, el manual de diagnóstico psiquiátrico de referencia en el mundo. Otras mujeres, como Cristina Pedroche, también han hecho públicas las dificultades emocionales por las que han pasado en esta etapa y la ambivalencia psicológica del periodo perinatal.
La periodista y escritora Diana Oliver ha escrito Deberías alegrarte (Ed. Altamarea), un magnífico ensayo donde bucea históricamente en la salud mental de las madres en este periodo crítico emocional, y donde comparte testimonios de mujeres e investigaciones de expertas para sensibilizar sobre un problema que parece pertenecer a la esfera individual, pero que va mucho más allá. Hemos charlado con ella.
La soledad y la incomprensión son dos elementos comunes en las mujeres que pasan por una depresión posparto
Has investigado sobre la depresión posparto a través de la historia y la cultura, ¿cuál es la principal diferencia de cómo vivían las mujeres esta enfermedad en el pasado y cómo la viven ahora?
Creo que es difícil comparar porque apenas tenemos testimonios antiguos. Sí sabemos de algunos, como, por ejemplo, el caso de Margery Kempe en el siglo XV, cuyo relato hoy podría encajar con una depresión o psicosis posparto. O noticias en la prensa del siglo XIX que nos dibujan situaciones que podríamos entender como problemas de salud mental materna. Pero son excepciones. Quizás la diferencia principal es que antes el malestar se interpretaba como algo moral, espiritual o como un “defecto” femenino, y hoy, aunque aún hay estigma, se reconoce como un problema de salud mental real.
El título de tu obra es muy elocuente. ¿Qué has querido expresar con él?
“Deberías alegrarte” es una de las frases que más se repite a una madre que muestra malestar después de haber tenido a su bebé. Tiene muchas variantes en realidad: “Estáis los dos bien, no estés mal…”; “Todo ha salido bien”; “Mujer, mira qué bebé tan bonito tienes”; etc. Con el título he querido hacer visible esa presión que se impone a las mujeres de tener que vivir la maternidad desde la felicidad constante, sin ver más allá y por qué esa mujer está mal. Muchas veces son frases bienintencionadas, pero suelen ser muy negativas.
En el libro compartes testimonios de mujeres que han sufrido una depresión posparto, ¿hay algún elemento común entre sus experiencias?
Diría que todas comparten la sensación de soledad y de incomprensión. No ha habido ni uno solo de los testimonios que he recogido en el libro que no haya mencionado ambas emociones. Ellas perciben sobre todo que su entorno no entiende lo que les ocurre y eso hace que muchas veces no hayan recibido ayuda, o no la hayan recibido a tiempo.
Se cree que hay un infradiagnóstico del 75% en la depresión posparto, ¿crees que se debe al estigma asociado a ella o pueden influir también otras situaciones como la escasez de unidades de salud mental perinatal?
Creo que el estigma tiene mucho que ver. Existe un mandato social muy fuerte que empuja a vivir la maternidad como un momento de felicidad plena, y cuando la realidad no encaja con esa expectativa aparece una gran desorientación. Muchas mujeres se sienten culpables, pero no lo cuentan porque creen que no deberían sentirse así. Esa tensión entre lo que se espera de una madre y lo que realmente está viviendo dificulta muchísimo que se detecten y traten trastornos como la depresión posparto. De hecho, si atendemos a los datos de la Maternal Mental Health Alliance, se habla de ese infradiagnóstico de hasta el 75% de los casos que mencionas. Por supuesto, también influyen factores estructurales, pero si no se rompe el silencio –y si las mujeres no son escuchadas cuando lo hacen– es muy difícil que la ayuda llegue a las madres que lo necesitan.
Con tu libro das visibilidad y nombras una realidad que muchas mujeres esconden incluso a sus propias parejas, ¿por qué sucede esto?
Algunas de las mujeres contaban que no se sentían escuchadas por sus parejas… Cuando les explicaban que se sentían mal, que estaban tristes, agotadas, que sus emociones no eran las que esperaban, a menudo recibían respuestas del tipo: “es normal”, “ya se te pasará”, “son las hormonas”, “no entiendo por qué estás así”. Si cada vez que intentas explicar a tu pareja cómo te sientes percibes esa minimización, terminas por dejar de hacerlo.
La maternidad actual está llena de exigencias, expectativas irrealizables, culpa y elevada carga mental. ¿Favorece esto, según lo que has investigado, la aparición de la depresión posparto?
Sí, desde luego. La depresión posparto no tiene una única causa, sino que, como me explicaba la neurocientífica Susana Carmona, es el conjunto de factores biológicos, psicológicos y sociales lo que determina el riesgo. No se trata de un solo elemento aislado sino de la interacción de múltiples factores: si la mujer tiene historia previa de depresión, si puede haber una parte genética, si se tiene una mayor sensibilidad hormonal, el estilo de vida de la mujer, si cuenta con apoyo social, si en el parto ha sufrido violencia obstétrica, cuáles son sus condiciones económicas... Desde el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal insisten mucho en la necesidad de una visión ecosistémica y esto es que no se puede tener en cuenta solo “la madre”, sino la madre y su contexto.
La depresión posparto se vive como un problema individual y, sin embargo, tiene repercusiones sobre todo el entorno y sobre toda la sociedad. ¿Por qué, a pesar de las cifras tan alarmantes, no se le presta la atención debida como una cuestión de salud pública?
Es muy buena pregunta. Creo que tiene mucho que ver con cómo la sociedad valora la maternidad. Todo lo relacionado con las madres, especialmente su salud y bienestar, ha recibido históricamente poca atención y se ha visto como algo “privado” o personal, en lugar de un asunto de salud pública.
Después de lo que has investigado en tu libro, ¿qué medidas preventivas podrían tomarse para reducir la prevalencia y el impacto de la depresión posparto?
Las expertas a las que he entrevistado insisten en la prevención como un pilar esencial. La psiquiatra Llüisa García Esteve considera que con hacer simplemente un cribado de forma rutinaria ya estaríamos haciendo una labor importante de prevención. Pero esto por sí solo no basta: debemos nombrar y hacer visible la depresión posparto, que las mujeres puedan sentirse libres de contarlo; se debe formar a los profesionales en salud mental perinatal; se debe plantear un plan a nivel nacional que trace un mapa de recursos para esta etapa de la vida; y, sobre todo, tenemos que dejar de ver la depresión posparto, y la maternidad, como un asunto de otras y convertir esto en una cuestión colectiva.











