Dra. Bianca Granados, psiquiatra: "La atención a la salud mental de las madres es urgente, porque cuando la mamá no está bien el impacto también es familiar y social"


El periodo perinatal se extiende desde el embarazo hasta los dos primeros años de vida del bebé. Es el momento de mayor vulnerabilidad emocional de la mujer y, sin embargo, sobre él pesa una sombra de silencio y atención. ¿Cómo vive la madre estos cambios tan extremos ligados a tener un hijo?


Dra. Bianca Granados© Dra. Bianca Granados
27 de febrero de 2026 a las 15:00 CET

La Dra. Bianca Granados es psiquiatra especializada en salud mental reproductiva y perinatal y en terapia familiar y de pareja. Atiende a pacientes que pasan por situaciones difíciles en estas etapas en el Centro Médico Psiquiatra de Zaragoza. Acaba de publicar Matrescencia  (Ed. Vergara), un libro muy completo que se acerca con empatía a la mujer donde aborda cómo cuidar de ese bienestar emocional que tantas veces está comprometido o directamente ausente durante la maternidad. Hemos hablado con ella para que nos cuente cómo entender la base de los cambios que sobrevienen al tener un hijo y de qué manera sobrellevarlos lo mejor posible. 

La ausencia de red de apoyo es uno de los factores que más claramente favorece el malestar emocional en la maternidad. La crianza nunca ha sido una tarea individual

Dra. Bianca Granados, psiquiatra

Una de cada cinco mujeres sufrirá un trastorno mental entre el embarazo y los dos primeros años de vida de su hijo. ¿No son cifras demasiado relevantes para que se preste a esta realidad tan poca atención médica en el sistema público?

Sí, y por eso es absolutamente sorprendente. Estamos hablando de que el periodo perinatal —el tiempo que transcurre desde el embarazo y los dos primeros años de vida de nuestro hijo— es el momento de mayor vulnerabilidad en salud mental en la vida de una mujer. Es decir, es la etapa en la que tiene más probabilidades de desarrollar algún tipo de trastorno mental y, aun así, sigue siendo un ámbito claramente desatendido.

Por eso resulta escalofriante que, con cifras tan relevantes, no exista una integración real de la atención de la salud mental materna durante el seguimiento del embarazo y del posparto dentro del sistema público. Desafortunadamente, la salud mental en general sigue siendo la gran olvidada dentro del sistema sanitario. En los últimos años esto ha empezado a cambiar, pero muy lentamente. El problema es que, en el caso de la maternidad, la atención a la salud mental de las madres es urgente, porque cuando la mamá no está bien el impacto no es solo individual, también es familiar y social.

Libro Matrescencia© Ed. Vergara

¿Qué ocurre si a estos trastornos como la depresión o la ansiedad no se les presta atención médica? ¿Puede haber problemas para el embarazo y para el bebé en formación?

Sí, existe evidencia científica sólida que demuestra que los trastornos como la depresión o la ansiedad durante el embarazo pueden asociarse a un mayor riesgo de complicaciones obstétricas y neonatales. El malestar emocional mantenido no es solo algo psicológico; tiene un impacto biológico real que puede influir en la evolución del embarazo.

Además, en el posparto, la salud mental de la madre influye directamente en el vínculo con el bebé. Sabemos que la calidad de ese vínculo temprano tiene repercusiones en el desarrollo psíquico y también físico del niño. Esto no significa que una madre que esté sufriendo vaya a dañar a su hijo, pero sí que, si no se detecta y se trata, el malestar puede interferir en esa relación temprana tan determinante.

Por eso es tan importante que integremos que la salud mental perinatal no es un tema secundario, sino una cuestión clave de prevención y de salud pública.

Madre con su bebé recién nacido en brazos© Getty Images

En el libro se habla de un dato muy preocupante, y es que la muerte por suicidio es la primera causa de fallecimiento materno en el primer año tras el parto en países como España. ¿Qué se puede hacer para evitarlo?

Es un dato muy duro, pero real. En países como España, el suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte materna en el primer año tras el parto, y eso nos obliga a replantear cómo estamos abordando la salud mental en esta etapa.

Desde un punto de vista técnico, la clave está en la prevención y la detección precoz. Sabemos que la mayoría de los casos de suicidio en el posparto están asociados a trastornos mentales no diagnosticados ni tratados. Por eso es fundamental identificar factores de riesgo durante el embarazo, realizar cribados sistemáticos y garantizar un seguimiento estrecho en el posparto.

También es imprescindible formar a los profesionales sanitarios para que sepan detectar señales de alarma y crear circuitos de atención rápida cuando sea necesario. El suicidio es evitable, con una atención adecuada, recursos accesibles y una cultura que no estigmatice el sufrimiento emocional. 

Madre con depresión posparto con su hijo en brazos© Getty Images

El hecho de ser psiquiatra, como cuentas en el libro, no te libró de esconder tus emociones al dar a luz y de pasar por una depresión posparto. Al margen de la vulnerabilidad hormonal que impone el proceso de convertirse en madre, ¿qué otros factores hacen que esta primera etapa con un recién nacido sea tan dura a nivel emocional?

Es verdad que el componente hormonal existe y es importante, especialmente por la brusca caída hormonal que se produce tras el parto. Pero la depresión posparto no se explica solo por eso. Es el resultado de la interacción de varios factores:

En primer lugar, la privación y fragmentación del sueño, que es uno de los mayores desestabilizadores de la salud mental. En segundo lugar, la enorme crisis de identidad que implica la maternidad: cambia tu rol, tu autonomía, tu relación con el tiempo, con tu cuerpo y con tu pareja. También influye mucho el choque entre la maternidad idealizada y la experiencia real, que genera culpa e inseguridad.

A esto se suman factores previos, como antecedentes personales o familiares de trastornos mentales, experiencias traumáticas, dificultades en la relación de pareja o falta de red de apoyo. Y, por último, el aislamiento y la sobrecarga: muchas mujeres sostienen una responsabilidad constante sin sentirse realmente sostenidas.

La depresión posparto no aparece por una sola causa, sino cuando varios de estos factores coinciden en un momento de especial vulnerabilidad.

Madre con su bebé en brazo son síntomas de agotamiento© Adobe Stock

En la maternidad hay muchas incertidumbres y no todas las personalidades son flexibles para enfrentarse a ellas, ¿qué mujeres lo van a tener más difícil y cómo protegerlas?

Es cierto que la maternidad implica un alto grado de incertidumbre, y no todas las personalidades la manejan igual. En mi libro Matrescencia explico que las mujeres con rasgos de personalidad perfeccionistas, autoexigentes o con una gran necesidad de control pueden vivir esta etapa con mayor dificultad, porque la maternidad rompe muchos esquemas y obliga a convivir con lo imprevisible.

También influye nuestro estilo de apego. Las mujeres con un apego más inseguro, ya sea por experiencias tempranas de carencia de cuidados o falta de seguridad en sus vínculos, pueden sentir más miedo, más inseguridad o mayor necesidad de validación externa en esta etapa. 

Afortunadamente, tanto los rasgos de personalidad como los estilos de apego son aspectos que pueden trabajarse en terapia. 

Madre e hijo abrazados© Getty Images

Ahora se sabe que "emociones como el miedo, el cansancio, el deseo de huida e incluso el rechazo al bebé son normales" y que la mujer se moverá en esa ambivalencia emocional de querer estar con su bebé y a la vez desear estar sola. Aunque todo ello se racionalice, lo más habitual es que aparezca la culpa. ¿Hay alguna forma de librarse de ella?

La culpa aparece, en gran medida, porque seguimos sosteniendo una imagen muy idealizada de la maternidad. Si desmitificamos la idea de que una buena madre debe sentirse feliz, entregada y segura el cien por cien del tiempo, automáticamente reduciremos gran parte de esa culpa. Entender que la ambivalencia —querer estar con tu bebé y, a la vez, necesitar espacio— es normal y esperable en esta etapa, es profundamente liberador.

Además, es cierto que en la aparición de la culpa materna existe un componente biológico importante. Los cambios hormonales y cerebrales que se producen en el embarazo y el posparto intensifican la vivencia del vínculo con su bebé y la sensibilidad emocional de las mamás, lo que hace que muchas vivan cualquier duda o pensamiento de forma mucho más intensa. 

La buena noticia es que esta parte más biológica también puede trabajarse en terapia. Comprender lo que está ocurriendo, flexibilizar la autoexigencia y aprender a integrar la ambivalencia como parte natural de la maternidad ayuda a que la culpa pierda fuerza y deje de ocupar tanto espacio interno.

Madre dando un beso a su recién nacido © Adobe Stock

Nos han contado que el posparto dura 40 días, pero, en realidad, ¿cuánto se extiende ese periodo en que la mujer está en pleno reprocesamiento de la que era y ya no es?

La llamada “cuarentena” se ha establecido tradicionalmente porque se consideraba que, a los 40 días del parto, el cuerpo de la mujer volvía a la normalidad. Sin embargo, hoy sabemos que incluso desde el punto de vista físico esto no es cierto: la recuperación física es mucho más prolongada y compleja.

Y si hablamos del plano emocional y psicológico, el proceso es todavía más amplio. La maternidad implica una reorganización profunda de la identidad, del rol, de la pareja y de la manera de estar en el mundo, y eso no ocurre en 40 días. Desde la perspectiva de la salud mental perinatal, consideramos que este periodo de transformación y aceptación se extiende, al menos, durante los dos primeros años de vida del bebé. Se trata de un tiempo de auténtico reprocesamiento interno, en el que la mujer deja de ser quien era para convertirse en alguien diferente.

Madre con su recién nacido en brazos en su casa© Getty Images

Muchas mujeres viven su maternidad en solitario, sin el apoyo de familia cerca ni de una "tribu" que las sostenga. ¿Qué dificultades acarrea esto en la experiencia de tener un hijo desde el punto de vista emocional?

La ausencia de red de apoyo es uno de los factores que más claramente favorece el malestar emocional en la maternidad. De hecho, es un elemento clave en la aparición de patología mental en esta etapa. Históricamente, hemos criado en grupo: en los pueblos se vivía en el mismo corral o finca que padres y abuelos; en las ciudades, las vecinas compartían cuidados y se sostenían unas a otras. La crianza nunca ha sido una tarea individual.

Sin embargo, en las últimas décadas nuestra sociedad se ha vuelto profundamente individualista, algo llamativo si tenemos en cuenta que el ser humano es un ser social por naturaleza y necesita vivir en comunidad. Pretender que una mujer —o incluso una pareja— sostenga sola la crianza de un bebé es exigirle algo que biológicamente y socialmente no es posible.

Yo suelo decir en consulta que dos manos, incluso cuatro (las de la mamá y el papá), son muy pocas para cuidar a un bebé; cuantas más haya alrededor, mejor. 

Madres reunidas con sus bebés pequeños© Getty Images/Tetra images RF

Se habla de la necesidad de autocuidado y de reequilibrar la faceta personal con la maternal. Cuando no hay apoyos externos, ¿cómo lograrlo?

Cuando no existen apoyos externos reales, plantear el autocuidado es imposible. La maternidad, especialmente en los primeros meses, es demasiado demandante como para sostenerla en solitario. Sin red, el equilibrio entre la faceta personal y la maternal es imposible.

Por eso no podemos seguir planteando el autocuidado como una responsabilidad individual de la mujer. Necesitamos políticas de cuidado reales y ambiciosas: permisos de maternidad y paternidad más largos, medidas de conciliación efectivas, redes públicas de apoyo a la crianza, servicios accesibles y gratuitos que sostengan a las familias. El cuidado no puede depender únicamente de los recursos económicos de cada hogar.

Si como sociedad entendemos que criar es una cuestión de salud pública y de futuro colectivo, entonces debemos crear estructuras que protejan a las madres. Porque sin políticas de cuidado, el autocuidado se convierte en un privilegio.

Hombre abrazando a su mujer, que tiene en brazos a un bebé© Adobe Stock

¿Cuáles son los anclajes necesarios para que la pareja no sufra una crisis insalvable con la llegada de un hijo?

La llegada de un hijo es uno de los mayores factores de estrés para una relación de pareja porque un hijo cambia radicalmente la dinámica, el reparto de roles, el tiempo disponible y la energía emocional.

Para que la crisis no sea insalvable, hay algunos anclajes fundamentales: 

El primero es la comunicación previa y continua: hablar antes y durante el embarazo sobre expectativas, miedos, reparto de responsabilidades y cuestiones relacionadas con la crianza. 

El segundo es la corresponsabilidad real en el cuidado, no solo en lo práctico, sino también en la carga mental. 

El tercero es entender que el vínculo de pareja y la intimidad cambian, al menos durante un tiempo. 

Y quizá el más importante: recordar que no somos enemigos, sino equipo. Si la pareja logra colocarse frente al problema y no uno frente al otro, la llegada de un hijo puede convertirse en un proceso de crecimiento compartido, no de ruptura.