Maternidad

Así afecta la salud mental de la madre en el desarrollo emocional de los hijos, según una psiquiatra


La Semana de la Salud Mental Materna, del 4 al 10 de mayo, se visibiliza la necesidad de garantizar el bienestar de la madre para garantizar el de niños y adolescentes


Madre e hija© Getty Images
8 de mayo de 2026 a las 15:02 CEST

La madre es un pilar básico en la vida de todo individuo desde el instante mismo en el que nacemos. Lo es, en realidad, ya durante la gestación, período en el que no solo son necesarios los cuidados físicos (que ella se alimente bien y lleve una vida saludable para que también se desarrolle de manera adecuada en su vientre), sino que ya en el embarazo se va formando el vínculo materno-filial (lo que se conoce como microquimerismo fetal). Después, en los primeros días de vida, el contacto con la figura materna es esencial para el recién nacido; de ahí que se fomente en todos los centros hospitalarios el piel con piel.

Ese contacto sigue siendo fundamental en los primeros meses del bebé y durante toda la infancia. La presencia, la capacidad de poner límites con firmeza, pero con cariño, son aspectos claves para el correcto desarrollo emocional de todo niño. Si su madre no es capaz de proporcionárselos, repercutirá negativamente en el pequeño. Por eso, con motivo de la Semana Mundial de la Salud Mental Materna (del 4 al 10 de mayo), ponemos el foco en algo fundamental en la educación de los hijos que a menudo pasa desapercibido: la salud mental de la madre.

La estabilidad emocional en casa es una condición básica para que el menor pueda desarrollarse de forma saludable.

Dra. Ana Isabel Sanz, psiquiatra

"El menor crece en un entorno que no solo le cuida físicamente, sino que también le transmite una forma de estar en el mundo. Cuando ese entorno está marcado por el malestar emocional o la dificultad para gestionar determinadas situaciones, eso acaba teniendo consecuencias en el desarrollo del niño", nos indica la Dra. Ana Isabel Sanz, psiquiatra y directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias.

Consecuencias en el desarrollo del niño de los problemas de salud mental de su madre-hijo

La psiquiatra nos informa de que las consecuencias pueden ser muy variadas y manifestarse de formas diferentes según la etapa de la vida. Por un lado, puede haber problemas en el desarrollo emocional ya desde la infancia y luego dificultades de vinculación que se mantienen más adelante, incluso en la adolescencia o en la vida adulta a la hora de relacionarse o elegir pareja.

"A veces hablamos de vínculos desorganizados, que suelen caracterizarse por respuestas emocionales y conductuales poco estables ante determinadas situaciones", añade. "Puede aparecer más irritabilidad, mal manejo de la frustración, dificultad para establecer relaciones sanas o para confiar emocionalmente en los demás". Y otro aspecto que puede verse afectado es el rendimiento cognitivo y académico. "No porque exista un problema intelectual en sí, sino porque el menor vive en un entorno emocional que dificulta la concentración, la estabilidad o la capacidad de aprendizaje", aclara. "Y en algunos casos pueden aparecer conductas disociales o problemas importantes de comportamiento". 

“Todo esto no ocurre igual en todos los niños ni depende únicamente de un factor concreto, pero sí vemos que los primeros vínculos emocionales tienen un peso importante en cómo se desarrolla posteriormente la vida emocional del menor”. Esto es así porque la salud mental infantil no puede entenderse de forma aislada y porque el bienestar emocional de los progenitores (especialmente de la madre en los primeros años de vida) tiene un impacto directo en la calidad del desarrollo psicológico de los hijos. "No es una cuestión secundaria. La estabilidad emocional en casa es una condición básica para que el menor pueda desarrollarse de forma saludable", subraya.

Y, cuando la madre tiene problemas de mayor o menor envergadura relacionados con la salud mental, como pueden ser ansiedad, depresión, estrés sostenido o dificultad para regular sus propias emociones, es más probable que le resulte mucho más complicado generar un entorno predecible y seguro para el menor. "No se trata de culpabilizar, sino de entender que el bienestar del adulto es también una forma de cuidado hacia el hijo", puntualiza la Dra. Sanz.

Madre en terapia© Getty Images

El impacto de la salud mental materna en la adolescencia de los hijos

La salud mental de la madre no solo impacta en el desarrollo emocional de los hijos cuando son niños de corta edad, sino que lo hace también en otra etapa tan sensible como es la adolescencia. "En consulta observamos con frecuencia que el malestar en la adolescencia responde a dinámicas que se han ido estableciendo con el tiempo", cuenta la psiquiatra. "Por eso es importante intervenir antes y no esperar a que el problema sea evidente".

Es decir, en muchos casos, el malestar emocional de muchos adolescentes se ha ido fraguando lentamente y se ha sembrado la semilla en la más tierna infancia. Cuando estos niños llegan a la adolescencia, se hacen más palpables problemas como el aislamiento, la ansiedad o dificultades de regulación emocional. Abordarlos en esta etapa suele ser más complejo que hacerlo en la infancia.

Si queremos mejorar la salud mental de niños y adolescentes, debemos empezar por cuidar la salud emocional de quienes les acompañan desde el principio.

Dra. Ana Isabel Sanz, psiquiatra

Cuando el vínculo madre-hijo no es todo lo fuerte que debería, cuando la madre no ofrece la disponibilidad emocional necesaria y cuando la coherencia en sus respuestas no existe, se tambalean los pilares de la salud mental del hijo. "El menor necesita un entorno que le ayude a comprender lo que siente y a encontrar una forma de gestionarlo", según pone de manifiesto la Dra. Ana Isabel Sanz. "Si ese entorno no puede ofrecer esa contención, el desarrollo emocional se ve afectado".

Madre e hija© Getty Images/Maskot

Cómo cuidar la salud mental de las madres

Teniendo en cuenta todo lo anterior y en el marco de la Semana Mundial de la Salud Mental Materna, la Dra. Sanz manda un mensaje muy claro: cuidar la salud mental de las madres no es solo una cuestión individual, sino que compete a toda la sociedad, puesto que se trata de una medida preventiva fundamental para proteger el bienestar de la infancia. 

"Si queremos mejorar la salud mental de niños y adolescentes, debemos empezar por cuidar la salud emocional de quienes les acompañan desde el principio", asegura, al tiempo que pone de manifiesto que la prevención empieza mucho antes de que aparezcan los problemas visibles. "Y en ese proceso, el equilibrio emocional de la madre ocupa un lugar central".

Para ayudar a sanar esas heridas, muchas veces se trabaja con la madre y con el vínculo con el hijo desde un abordaje psicoterapéutico. "No siempre es fácil, pero sí es posible intervenir y mejorar muchas de estas situaciones”, tranquiliza la doctora. “Existen recursos psicoterapéuticos, sociales y educativos que pueden ayudar tanto al menor como a la familia".

Ana Isabel Sanz hace hincapié en que también pueden tener un papel muy importante en esa recuperación otros familiares, profesores u otras figuras emocionalmente significativas. Asegura que a veces incluso un adulto cercano que escucha, comprende y aporta estabilidad puede ayudar a corregir parcialmente algunos desequilibrios emocionales, cognitivos o conductuales derivados de una mala vinculación temprana. "Lo importante es entender que cuanto antes se detecten las dificultades y antes se intervenga, más posibilidades hay de reconducir la situación y evitar que ese malestar se cronifique en etapas posteriores".

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