María Pombo y Pablo Castellano, que dieron la bienvenida a su tercer bebé, Mariana, el pasado mes de enero, ya saben que no tendrán más hijos. Tras haber formado una bonita familia numerosa con Martín (de 5 años) y Vega (de 2), han tomado la decisión de no ampliarla más. Así lo ha transmitido la propia María a sus seguidores a través de sus redes sociales, donde ha subido una story en la que señalaba su 'top 5 de películas de terror', haciendo referencia a situaciones personales que ella ha vivido:
- "No te lo he contado porque sabía que te ibas a poner así"
- Sentir desconocidos a personas que una vez lo fueron todo
- El colegio
- Cerrar una empresa
- Cortar la pulsera del hospital sabiendo que es tu último bebé
Así, casi de pasada, daba a conocer que no tendrá más hijos, algo que, por mucho que sea una decisión propia, tomada junto a su marido, es evidente que la remueve por dentro. "Independientemente de las causas por las que una mujer no tendrá más hijos, es importante entender que cada embarazo es una experiencia única e irrepetible, no solo a nivel biológico, sino también emocional y relacional", nos dice al respecto en Hola.com la Dra. Eva Miranda, psiquiatra experta en salud mental perinatal en Recoletas Salud Burgos.
Es habitual que aparezca tristeza incluso cuando la decisión de no tener más hijos es consciente y voluntaria.
La doctora explica que la conexión con el bebé se va formando progresivamente a lo largo del embarazo y que, mientras se va formando esa conexión, va apareciendo una amplia gama de emociones que pueden, incluso, llegar a ser contradictorias (desde la ilusión y la ternura pasando por el miedo o la ambivalencia). Esta combinación de emociones es única en cada mujer y en cada gestación, y contribuye a construir un vínculo singular con ese hijo en concreto. "Por ello, desde la psiquiatría perinatal, un embarazo no se entiende simplemente como 'otro hijo más', sino como una experiencia irrepetible de transformación psíquica y relacional".
"En este sentido" -continúa la psiquiatra perinatal-, "cuando una mujer sabe que no tendrá más hijos, no solo se hace referencia a la finalización de la capacidad reproductiva, sino también a no volver a atravesar ese proceso único de vivencia emocional y vincular que implica cada embarazo".
Es decir, que esa experiencia, tan intensa, tan única (por mucho que se hayan tenido más hijos) es tal que saber que no se va a repetir (aunque sea por decisión propia) afecta emocionalmente, más aún en el posparto, con los sentimientos y las hormonas a flor de piel.
"Es habitual que aparezca tristeza incluso cuando la decisión de no tener más hijos es consciente y voluntaria. Esto ocurre porque decidir algo no elimina el deseo ni el valor emocional de lo que se deja atrás", -detalla la Dra. Miranda-. "Por un lado, está la decisión racional, basada en motivos como la estabilidad personal, el equilibrio familiar o la situación económica. Por otro, está el plano emocional, donde pueden seguir presentes el deseo de otro hijo o el significado profundo de la maternidad".
Por eso aunque la decisión sea coherente, pueden aparecer tristeza o nostalgia, nos dice. Y, aunque pueda parecerlo, "no es una contradicción, sino una respuesta emocional a una renuncia significativa: no solo a un posible hijo, sino a una etapa vital".
Desde la psiquiatría perinatal, un embarazo no se entiende simplemente como 'otro hijo más', sino como una experiencia irrepetible de transformación psíquica y relacional.
Lógicamente, en caso de que el hecho de saber que no se van a tener más hijos no se deba a una elección personal, sino que sea producto de diversas causas extrísecas (como infertilidad, por ejemplo) puede entenderse casi como una pérdida. "Implica la renuncia a algo significativo que se deseaba, lo que puede tener un impacto emocional profundo".
De hecho, se podría comparar a un duelo: "desde la psiquiatría perinatal esa comparación no solo es válida, sino que ayuda mucho a entender lo que se siente", señala la Dra. Miranda. "Sin embargo, es importante matizar que no es un duelo clásico, como la pérdida de una persona, sino un duelo por lo no vivido".
La crianza del último hijo
El apego a este último bebé puede ser diferente a la de los demás hijos, en caso de que, como María Pombo, se tengan más. Y el motivo no sería porque se le quiera más, sino porque este bebé tiene un significado especial. "Muchas madres sienten más intensamente cada momento, con la idea de que esto no volverá a pasar".
Esta situación puede traducirse, en algunos casos, en dar una mayor atención a este bebé o en la necesidad de estar más pendiente de él con el objetivo de no perderse momentos importantes. En otros casos, sin embargo, puede ocurrir lo contrario y que la experiencia con los hijos mayores ayude a que la madre se sienta más segura y relajada en la crianza.
"Respecto a los hermanos, pueden aparecer diferencias en la forma de criar, aunque esto no tiene por qué ser problemático", puntualiza la Dra. Eva Miranda. "En general, que el último hijo se viva de forma diferente no es negativo en sí mismo. Solo puede convertirse en un aspecto a cuidar cuando esa mayor carga emocional dificulta favorecer la autonomía del niño o genera un aumento significativo de la ansiedad materna".






