Lara Ferreiro, psicóloga, sobre la reflexión de Paddy Noarbe acerca de la maternidad: "Una mujer no deja de ser madre por cuidar de sí misma"


La 'influencer' ha querido compartir con sus seguidoras cómo vive la maternidad


Paddy Noarbe© paddy.8
31 de julio de 2026 a las 15:04 CEST

En pleno descanso estival junto a Marcos Llorente tras la victoria de la Selección, Paddy Noarbe ha abierto su álbum de vacaciones para lanzar una contundente defensa de la libertad personal, el "vivir y dejar vivir" y una maternidad sin culpas ni pérdida de la identidad femenina. No ha dudado en compartir una serie de pensamientos que van mucho más allá del típico posado veraniego. Respaldada por un sonado "Amén" de su marido, la influencer reivindica una maternidad donde la entrega a un hijo no anule los proyectos, la libertad ni el autocuidado de la mujer:  "Normalicemos no perdernos a nosotras mismas cuando nos convertimos en madres": 

Partiendo de su mensaje, hemos reflexionado, con la ayuda de la psicóloga Lara Ferreiro, sobre la importancia de construir una maternidad consciente, plena y libre de remordimientos.

El futbolista ha reaccionado a su publicación con un: "Amén"© paddy.8
El futbolista ha reaccionado a su publicación con un: "Amén"

Cuando llegan los bebés, ¿por qué es tan común que la mujer sienta que se “desdibuja” como persona y pasa a ser únicamente “la madre de”?

La ciencia tiene un nombre para este proceso: matrescencia, un término acuñado por la antropóloga Dana Raphael para describir la profunda transición psicológica, biológica y social que vive una mujer al convertirse en madre. Igual que la adolescencia transforma la identidad, la maternidad también reorganiza la forma en la que una mujer se percibe a sí misma. Las investigaciones en neurociencia han demostrado que durante el embarazo y el posparto se producen cambios estructurales en distintas áreas cerebrales relacionadas con la empatía, el vínculo afectivo, la percepción del peligro y la atención al bebé. No es que la mujer “desaparezca”; es que su cerebro se reorganiza para priorizar la supervivencia de su hijo.

A nivel psicológico, muchas mujeres experimentan una auténtica “crisis de identidad”. De repente, todas sus conversaciones, horarios, prioridades e incluso la forma en la que los demás se dirigen a ellas giran alrededor del bebé. En consulta vemos con frecuencia frases como: “Hace meses que nadie me pregunta cómo estoy a mí”. Esa sensación no es anecdótica, sino esperable dentro del proceso de adaptación.

Además, la carga mental aumenta de forma exponencial. Diversos estudios muestran que aproximadamente 1 de cada 5 mujeres desarrollará depresión posparto durante el primer año, y muchas más experimentarán ansiedad o sensación de pérdida de identidad sin llegar a cumplir criterios clínicos.

Conservar parcelas propias como las amistades, trabajo, deporte, ocio o tiempo individual ayuda a mantener una identidad más integrada

Lara Ferreiro, psicóloga

¿Por qué es importante que la mujer que se convierte en madre no se pierda a sí misma?

Porque una madre emocionalmente cuidada también protege el bienestar de su hijo. La evidencia demuestra que la salud mental materna influye directamente en la calidad del vínculo, la sensibilidad parental y el desarrollo emocional infantil. No hablamos de ser una madre perfecta, sino una madre suficientemente bien.

Cuando una mujer abandona completamente sus necesidades, aumenta el riesgo de agotamiento emocional, ansiedad, resentimiento e incluso depresión. El autocuidado no es un lujo; es un factor protector. Diversas investigaciones muestran que el estrés psicológico mantenido reduce la sensibilidad materna y dificulta responder de forma calmada a las necesidades del bebé.

Conservar parcelas propias como las amistades, trabajo, deporte, ocio o tiempo individual ayuda a mantener una identidad más integrada. Una mujer no deja de ser madre por cuidar de sí misma, simplemente recuerda que antes de ser madre ya era una persona con proyectos, deseos y necesidades.

Hay madres que reivindican una maternidad sin culpa. ¿De dónde nace exactamente la culpa cuando una madre reclama tiempo para sí misma o para sus proyectos personales?

La culpa materna nace principalmente del choque entre la madre real y la madre idealizada. La psicología lo explica mediante la teoría de la discrepancia del yo: cuanto mayor es la distancia entre cómo creo que debería ser una madre y cómo realmente soy, mayor culpa experimento.

Una revisión sistemática concluyó que el denominado “mito de la maternidad perfecta o el síndrome de la mala madre” aparece en prácticamente todos los estudios sobre culpa materna. Ese ideal social transmite el mensaje de que una buena madre debe estar siempre disponible, feliz, paciente y completamente entregada. Cuando una mujer necesita descansar, trabajar o simplemente estar sola, interpreta que está fallando como madre, aunque objetivamente no sea cierto.

Las redes sociales han amplificado este fenómeno porque exponen versiones muy editadas de la maternidad. La comparación constante incrementa la autoexigencia y favorece sentimientos de insuficiencia. Curiosamente, las investigaciones muestran que el apoyo social es uno de los factores que más reduce esa culpa.

Lara Ferreiro, psicóloga, nos habla de las consecuencias psicologicas del apagon
Lara Ferreiro, psicóloga

¿Por qué nos cuesta tanto como sociedad validar que se puede amar profundamente a un hijo y, al mismo tiempo, echar de menos la vida anterior?

Porque seguimos entendiendo la maternidad desde una visión muy dicotómica: si eres una buena madre, deberías sentirte feliz el 100 % del tiempo. Sin embargo, desde la psicología sabemos que dos emociones aparentemente contradictorias pueden coexistir perfectamente.

Una mujer puede experimentar un amor inmenso hacia su bebé y, al mismo tiempo, sentir duelo por la libertad, la espontaneidad, la carrera profesional o la relación de pareja que tenía antes. Eso no es rechazo hacia el hijo; es un proceso normal de adaptación a una transformación vital enorme.

La matrescencia implica precisamente integrar esas dos identidades: la mujer que existía antes y la nueva madre. Cuando normalizamos esta ambivalencia emocional disminuyen la culpa y el aislamiento, mejorando significativamente el bienestar psicológico.

¿Qué pequeños pasos o límites puede poner una madre reciente en el día a día para no descuidar su faceta profesional, de pareja o personal?

Los cambios más eficaces suelen ser los más pequeños y sostenibles. Reservar diariamente entre 20 y 30 minutos exclusivamente para una misma, aunque sea para caminar, leer o hacer ejercicio, ya produce beneficios sobre el estrés y la regulación emocional. Del mismo modo, mantener una cita semanal con la pareja, aunque sea en casa cuando el bebé duerme, protege la relación y disminuye el desgaste.

También es fundamental aprender a pedir ayuda sin sentir que se está fracasando. Delegar cuidados, aceptar apoyo familiar o profesional y repartir la carga mental favorecen una maternidad mucho más saludable. La evidencia muestra que las madres con mayor apoyo social presentan menores niveles de ansiedad, culpa y depresión posparto.

Por último, recomiendo conservar pequeños rituales que recuerden a la mujer quién era antes de ser madre: mantener una afición, seguir formándose, cuidar amistades o reservar tiempo para proyectos personales. La identidad no se divide entre mujer y madre, se enriquece cuando ambas partes pueden convivir.