Ser madre de una familia numerosa ya es, por sí solo, un desafío de dimensiones considerables. Pero iniciar una carrera universitaria mientras se cría a niños pequeños roza lo imposible. Aun así, hay quien convierte esa quimera en un camino real. Es el caso de Blanca Vera Máximo, madre de siete hijos, que decidió estudiar Psicología después de dar a luz al cuarto. Mientras estudiaba, se quedó embarazada en tres ocasiones más, con todo lo que eso implica: posparto, bebés recién nacidos que reclaman brazos y alimento mucho más a menudo, noches sin dormir… Aun así, Blanca Vera no solo consiguió graduarse, sino que después se sacó un máster y ha abierto una consulta propia (@blancaverapsicologa). Hemos hablado con ella para entender cómo se organiza una mujer que ha conseguido tanto mientras cría a siete hijos, el mayor, Pedro (como su marido), de 12 años, y el pequeño, Gonzalo, de tan solo nueve meses. Esto es lo que nos ha contado.
Blanca, eres madre de siete hijos y psicóloga, pero es que, además, empezaste a estudiar la carrera después de tu cuarta hija. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo te organizabas para sacar tiempo de estudio?
Sinceramente con mucha ayuda. No tengo súper poderes ni altas capacidades, soy una persona como cualquier otra que se levanta cada mañana y hace lo que puede con el tiempo que tiene.
Cuando era más joven no quise estudiar, pero lo tenía pendiente porque siempre me gustó y quería dedicarme a la psicología. Hace unos años se dieron las circunstancias para que pudiera hacerlo, contamos con algunos apoyos que hicieron asumible la parte económica, y en casa vimos que podíamos afrontar el tiempo y el esfuerzo que suponía y me lancé. Sacaba minutos de donde podía: cuando los niños dormían, durante las siestas, mientras ellos hacían los deberes… y en época de exámenes tiraba de familia y amigos. Y desde que empecé nunca me ha costado estudiar, no me he planteado nunca si me apetecía o no.
Muchas veces ha sido caótico, ha habido días en los que ha sido imposible abrir un libro, pero las rutinas son fantásticas. Lo más importante para mí ha sido asumir que hay días en los que no se llega a todo.
La organización y las rutinas me han ayudado muchísimo, pero también he tenido que aprender que ni siquiera organizándolo todo puedes controlarlo todo.
¿Cuál ha sido lo más difícil de esa época en la que estudiabas una carrera universitaria al tiempo que criabas una familia numerosa?
La carga mental, todos esos "tengo que" en la cabeza. Tuve un profesor que decía que aceptar que uno puede ser mediocre ayuda muchísimo a no frustrarse. Cuando acepto que no tengo que ser la mejor madre, ni la mejor estudiante, ni la mejor cocinera, ni vivir buscando 'mi mejor versión', llego a muchas más cosas. Tenemos acceso a tanta información que sabemos cuál es la mejor alimentación, lo perjudiciales que pueden ser las pantallas o las redes sociales, cómo educar sin gritar, cómo conciliar, cómo cuidarnos…
En mi caso, a todo eso se sumaba gestionar una casa con tanta gente, tener presentes las necesidades de cada hijo, embarazos, la carrera… La situación me ha desbordado muchas veces. La organización y las rutinas me han ayudado muchísimo, pero también he tenido que aprender que ni siquiera organizándolo todo puedes controlarlo todo.
La carga mental es algo muy presente en muchas madres. ¿Cómo se vive esa carga cuando se tienen siete hijos? ¿Qué parte de esa carga mental es más difícil de gestionar y cómo la reparte dentro de la familia?
Lo más agotador de la carga mental no es ejecutar la tarea, sino ser el "disco duro" que tiene que recordarlo todo. No es llevar al niño al médico, es acordarte de pedir la cita; no es comprar la cartulina para el colegio, es saber quién la necesita, para cuándo y dónde conseguirla. Es vivir continuamente con muchísimas pestañas abiertas en la cabeza a la vez.
Para que esto funcione, en casa nos organizamos como una pequeña empresa. Mi marido, cuando está fuera trabajando, se encarga de la parte económica, y al llegar a casa asume sus tareas. Yo tengo las mías en el día a día y los niños tienen las suyas según su edad. Somos un engranaje: si no cooperamos todos, la balanza se descompensa y la casa se cae.
Pero para que esa maquinaria funcione, he tenido que aprender a delegar de verdad y aceptar que el otro quizá no haga las cosas exactamente como las haría yo. Porque si delegas la cena o una mochila pero te quedas supervisando detrás, la carga mental sigue siendo tuya.
¿Cómo es vuestro día a día en casa?
Es la vida de casi cualquier familia pero multiplicado por 7. Mucho ruido, muchas risas, montañas de ropa, compras de comida interminables, deberes, duchas, muchas peleas y muchos perdones. Es un caos muy bonito, pero dentro de él hay estructura. Cada uno tiene sus obligaciones. Las rutinas son claras y cada uno tiene claro lo que tiene que hacer, aunque haya que repetir todos los días lo mismo. Hay que estar constantemente detrás de ellos para que hagan las cosas. Los mayores ordenan sus cuartos y su ropa, los pequeños recogen sus juguetes, y entre todos ayudan en las comidas.
¿Cómo se organiza el día a día en una familia tan grande y qué rutinas son imprescindibles para que todo funcione?
Con mucha agenda y muchas rutinas. En una familia grande improvisar constantemente es agotador. Hay determinadas cosas que tienen que tener un orden: las horas de levantarse, preparar las cosas del colegio, comidas, baños, deberes, acostarse… Cuantas más cosas están automatizadas, menos decisiones tienes que tomar durante el día.
También intentamos que todos colaboren según su edad. Vivir en familia implica entender que todos formamos parte de la casa y que, poco a poco, cada uno puede contribuir a que funcione.
Las peleas entre hermanos es algo muy habitual en la mayoría de las familias. ¿Cómo son en una familia tan numerosa?
Pues hay peleas todos los días. Tener siete hijos multiplica las alegrías y las peleas. En casa cualquier motivo es suficientemente bueno para que peleen. Intentamos no dramatizar demasiado el conflicto. Discutir forma parte de convivir. Y nos parece importante que discutan y resuelvan conflictos, enseñarles poco a poco qué hacer cuando se pelean: poner límites, pedir perdón y reparar el daño. Al final aprendemos a convivir con personas que no siempre van a hacer lo que nosotros queremos.
Dicen que si tienes cinco hijos y educas a los cinco de la misma manera, te has equivocado por lo menos cuatro veces. Aunque las normas de casa sean las mismas para todos, es imposible educarlos exactamente igual porque no todos tienen las mismas necesidades.
¿Cómo fomentáis en casa la armonía entre ellos?
Intentamos no compararles y favorecer que hagan cosas juntos. Pasan muchísimo tiempo entre ellos. Vivimos en un piso pequeño y eso obliga a compartir espacios, juguetes, televisión, tiempo… No hay una pantalla para cada uno ni pueden vivir cada uno en su mundo. A veces compartir genera conflictos, claro, pero también crea muchísima complicidad. Y creo que una de las cosas bonitas de tener hermanos es aprender desde muy pequeños que no todo gira alrededor de uno.
¿Qué es lo más bonito, para ti, de la relación entre ellos y de haber formado una familia numerosa?
Nunca diría que un hijo 'compensa' el esfuerzo, porque ponerlo en una balanza sería injusto, no hay nada en el otro lado que pueda medirse igual. Los hijos dan muchísimo trabajo, preocupaciones y noches sin dormir. Pero ver cómo se buscan cada vez que hay una novedad o para jugar, cómo se cuidan y se protegen unos a los otros, cómo se ayudan, cómo se defienden ante los demás... Eso no se paga con nada.
Aunque todos tus hijos hayan recibido la misma educación, ¿observas personalidades muy diferentes en ellos?
Totalmente. Es sorprendente porque han crecido en la misma casa, con los mismos padres y unas normas muy parecidas y, sin embargo, cada uno interpreta el mundo de una manera distinta. Hay hijos mucho más sensibles, otros más impulsivos, algunos necesitan hablar de todo y otros necesitan primero su espacio.
Como madre y psicóloga, ¿adaptas la manera de criarlos en función de la personalidad y el temperamento de cada uno? Es decir, aunque los límites y las normas sean los mismos para todos, ¿funciona para todos la misma manera de plantearlos?
Sí, dicen que si tienes cinco hijos y educas a los cinco de la misma manera, te has equivocado por lo menos cuatro veces. Aunque las normas de casa sean las mismas para todos, es imposible educarlos exactamente igual porque no todos tienen las mismas necesidades. Intentamos ser lo más justos posible: hay unos básicos comunes, pero cada hijo es una persona completamente diferente. Somos padres de siete hijos únicos.





