Nunca se es de verdad consciente de lo difícil que resulta educar a los hijos hasta que no se es madre o padre. Cuando alguien se imagina su futura maternidad o paternidad, lo normal es que crea firmemente que, con las normas adecuadas, con una buena disciplina y con todo el amor del mundo, todo será coser y cantar. La realidad, en el mejor de los casos, casi siempre es diferente. Por muy bien que se haga todo, por muy informado que se esté acerca de las recomendaciones que psicólogos y educadores dan sobre crianza, lo habitual es que surjan las dudas en diferentes aspectos de la educación y la vida de los hijos. Por ejemplo, Alejandra Gere, madre de tres hijos (Albert, Alexander y James, de 14, 7 y 6 años, respectivamente), acaba de compartir en sus redes sociales una reflexión que a buen seguro comparte con muchos otros padres: "¿Cómo les damos raíces sin quitarles la libertad?".
Al preguntarle sobre ello Mercedes Bermejo, psicóloga sanitaria experta en infancia, adolescencia y familia y directora de la editorial Sentir (especializada en libros de crianza), nos comenta que le gusta mucho esa metáfora de las raíces. Nos asegura que son muy importantes porque suponen esa base segura que necesita todo niño, pero que "también son importantes las ramas, y que esas ramas den frutos y puedan crecer y prosperar", apostilla. "Las raíces no son cadenas; son la base segura, el vínculo afectivo, los valores, los límites y la certeza de que existe un lugar seguro al que regresar".
Crecer implica tomar decisiones propias y, por supuesto, equivocarse.
¿Cómo educar a los hijos?
En realidad, cuando hay afecto y vínculo, suele ser fácil dar raíces a los hijos. Lo difícil es precisamente cómo encontrar el equilibrio que busca Alejandra Gere y proporcionarles esa base segura, ese lugar al que poder volver siempre, sin quitarles la libertad. Sin embargo, "la libertad no significa una ausencia de normas, sino poder explorar, conocer el mundo a través de sus ojos y que puedan decidir", siempre en función de la edad y la madurez de cada hijo, según nos aclara Mercedes Bermejo. "La clave está en ese péndulo entre la pertenencia y la diferenciación", señala. Es decir, "dar raíces es ofrecer pertenencia y seguridad, y dar libertad es observar esas ramas y confiar en que puedan crecer, que puedan prosperar y que puedan dar frutos, tolerando como adultos cierta incertidumbre y aceptando que crecer implica tomar decisiones propias y, por supuesto, equivocarse".
En definitiva, se trata de "estar disponibles sin invadir, respetando la intimidad de los hijos, orientando sin controlar, protegiendo sin sobreproteger, sin impedirles que ellos puedan vivir por sus propios medios".
En este sentido, Alejandra Gere hace una reflexión que va muy en la línea de lo que propone la psicología infantil: "Para mí, educar no es marcarles cada paso, sino acompañarles para que aprendan a pensar, elegir y caminar con seguridad por sí mismos".
¿Qué opinas de esta visión de Gere acerca de la crianza?, preguntamos a Mercedes Bermejo. "Es una visión muy acertada", nos responde. "Es decir, los hijos no pertenecen a los padres, no son de los padres". La especialista hace hincapié en que educar no consiste en dirigir permanentemente la vida de nuestros hijos ni en evitarles ciertos obstáculos. "Los aprendizajes se incorporan en base a las experiencias propias".
Sin embargo, es fácil pasar de la protección -indudablemente necesaria- a la tan conocida sobreprotección, que puede afectar muy negativamente al niño y cuyos efectos, según nos indica Bermejo, los psicólogos cada vez ven más en consulta. "Nuestra labor como cuidadores primarios es ofrecerles una base segura desde la que ellos puedan desarrollar su pensamiento crítico; es decir, desde su córtex prefrontal, el aprender a pensar, a tomar decisiones y también poder ir asumiendo las consecuencias de la vida".
El proceso de diferenciación
Sin duda, Alejandra Gere ha dado en el clavo con su reflexión. La cuestión es ¿cómo acompañar a los hijos de manera adecuada para fomentar que vayan creciendo esas ramas?, ¿para que vayan ganando autonomía en función de su edad? "Acompañar implica estar disponibles, escuchar, orientar, dar afecto, pero también el saber retirarnos poco a poco para irles dejando que puedan ir haciendo por sí solos, que puedan enfrentarse al mundo", aclara la psicóloga infantil. Es lo que en psicología se llama el proceso de diferenciación.
Las raíces no son cadenas; son la base segura, el vínculo afectivo, los valores, los límites y la certeza de que existe un lugar seguro al que regresar.
"La autonomía no aparece de manera repentina en la adolescencia, sino que es algo que se va construyendo desde la infancia a través de las diferentes etapas del ciclo vital". Y, para fomentar esa autonomía desde que son pequeños, es necesario tener en cuenta que "el objetivo no es tanto que nuestros hijos no se equivoquen, sino que sean personas que sigan aprendiendo, que sepan pedir ayuda, que reparen sus errores, que vayan cogiendo confianza en sus propios recursos, que sepan que hay una figura de referencia con la que pueden contar, como es una figura adulta".
La educación de los hijos según su edad
El hijo mayor de Alejandra Gere, Albert, fruto de su relación con Govind Friedland, tiene 14 años, una edad que poco tiene que ver con la de sus hermanos pequeños, Alexander (7) y James (6), nacidos de su matrimonio con el actor Richard Gere. ¿Qué tener en cuenta sobre la educación a los hijos de diferentes edades?
Lo primero que hemos de saber es que cada etapa evolutiva tiene unas necesidades diferentes a las que el adulto se debe ir adaptando, pero no solo eso; "cada personita tiene unas cualidades, competencias y características diferentes y que tienen que ser valorados y validados también en sus diferencias", subraya Mercedes Bermejo. Por ejemplo, un adolescente de 14 años necesita una mayor intimidad, necesita poder participar en las decisiones familiares, tener sus propios espacios de autonomía… pero sigue necesitando disponibilidad emocional y los famosos límites. "Es un problema hoy en día que a los papás y mamás nos cuesta mucho poner límites", según pone de manifiesto la psicóloga.
"En cambio, niños de 6 ó 7 años requieren unas normas mucho más concretas, unas rutinas, una anticipación de lo que va a pasar, una presencia adulta mucho más cercana y, en nuestro país, con las dificultades que tenemos a nivel de conciliación, esto es un problema". Bermejo pone de manifiesto que la falta de disponibilidad y de responsividad, de capacidad de respuesta, de los adultos de referencia hacen mella en los hijos. Y expone que, en educación, se puede sustituir la parte más pedagógica o académica en el colegio con un profesor particular, que podemos delegar tareas domésticas en una persona externa… "pero, cuando hablamos de la educación y del vínculo paterno filial, no se puede buscar un sustituto", recalca. "Somos papás, mamás y cuidadores primarios los responsables de poder dar esa respuesta".
Por otro lado, cada etapa evolutiva tiene unas necesidades y características diferentes, pero tan importante es que los padres adapten el lenguaje, las responsabilidades, las expectativas a la edad como a las capacidades particulares de cada hijo. "No se trata de tratar a todos exactamente igual, sino de actuar con equidad, es decir, ofrecer a cada uno lo que necesita en ese momento".






