Hay abuelos que van a los cumpleaños, te recogen del colegio y siempre están ahí en las fechas importantes. Son abuelos presentes. Pero hay otros que van un paso más allá y se convierten en algo mucho más poderoso: un "abuelo refugio". Ese lugar seguro donde un niño o un adolescente puede confesar un error, llorar una frustración o mostrarse tal y como es sin miedo a la bronca, la crítica o el juicio inmediato.
En una etapa tan intensa como la adolescencia, donde la mirada de los padres a veces se siente cargada de normas y expectativas, esta figura se vuelve un salvavidas emocional. Hablamos con Silvia Mérida Expósito, psicóloga de Blua de Sanitas, sobre el tremendo impacto que tiene este vínculo, cómo aprender a escuchar sin juzgar y dónde está el límite para no sobrecargar a los abuelos ni entrar en guerra con los padres.
¿Qué diferencia a un abuelo “presente” de un abuelo que se convierte en un verdadero espacio seguro, en lo que podríamos llamar un “abuelo refugio”?
Un abuelo presente participa en la vida del nieto, comparte tiempo con él y está disponible en momentos importantes. Por su parte, un “abuelo refugio” va un paso más allá: se convierte en una figura ante la que el niño o adolescente siente que puede mostrarse tal y como está, sin miedo a una reacción desproporcionada, a una crítica inmediata o a que sus emociones sean minimizadas.
La diferencia está en la calidad del vínculo. No se trata solo de estar, sino de transmitir una sensación de protección emocional.
¿Por qué algunos nietos encuentran en sus abuelos una confianza que no siempre expresan con sus padres?
En muchas familias, los padres ocupan también el lugar de la norma, la exigencia y la toma de decisiones cotidianas. Eso hace que algunos niños o adolescentes teman decepcionarles, preocuparles o recibir una consecuencia inmediata. El abuelo, en cambio, suele estar algo más alejado de esa presión diaria y ofrece una escucha menos reactiva.
De hecho, esa distancia permite que el nieto perciba más margen para hablar de dudas, miedos o errores sin sentirse juzgado desde el primer momento.
¿Qué papel juega el abuelo refugio en la regulación emocional de los niños y adolescentes?
Puede tener un papel muy importante en la corregulación emocional. Cuando un niño se desborda, necesita a un adulto que le ayude a ordenar lo que siente, a poner palabras y a recuperar la calma. Un abuelo que responde con serenidad y que ayuda a mirar la situación con perspectiva enseña, sin grandes discursos, una forma de gestionar el malestar.
En adolescentes, este papel es especialmente valioso porque les permite bajar la intensidad emocional antes de tomar decisiones impulsivas o encerrarse en sí mismos.
¿Qué aporta un abuelo que escucha sin juzgar en el desarrollo de la autoestima y la seguridad interna del nieto?
Escuchar sin juzgar no significa dar la razón en todo. Significa que el nieto siente que su valor personal no depende de hacerlo siempre bien. Cuando un abuelo escucha con interés, pregunta sin invadir y corrige sin humillar, transmite una idea muy potente: “Puedes equivocarte y seguir siendo querido”.
Esa experiencia ayuda a construir una autoestima más estable, menos basada en la aprobación externa. No obstante, también favorece que el niño o adolescente aprenda a revisar sus actos sin sentirse destruido por la culpa o la vergüenza.
Cuando un niño se desborda, necesita a un adulto que le ayude a ordenar lo que siente, a poner palabras y a recuperar la calma
¿Puede un abuelo convertirse en una figura de apego tan relevante como los padres?
Sí, un abuelo es capaz de convertirse en una figura de apego muy significativa, especialmente cuando existe una relación frecuente, estable y emocionalmente sensible. En algunos casos se convierte en una figura complementaria; en otros, cuando ha participado de forma intensa en los cuidados, ocupa un lugar central en la seguridad afectiva del niño.
Al fin y al cabo, lo importante es entender que el apego no depende solo del parentesco, sino de la disponibilidad, la continuidad y la forma en la que ese adulto responde a las necesidades emocionales del menor.
¿Cómo puede un abuelo acompañar sin colocarse en medio ni generar tensiones familiares?
La clave está en escuchar al nieto sin desacreditar a los padres. Un abuelo puede validar lo que el niño siente y, al mismo tiempo, ayudarle a hablar con sus padres de una manera más clara. Por otro lado, conviene evitar mensajes como “no se lo digas a tu madre” o “tu padre no te entiende”, porque colocan al menor en una lealtad dividida.
En definitiva, un buen acompañamiento protege el vínculo familiar: acoge la emoción del nieto, pero no se convierte en juez de los padres ni en sustituto de las responsabilidades parentales.
¿Qué señales indican que el rol del abuelo está siendo demasiado cargado o que está asumiendo funciones que no le corresponden?
Hay que prestar atención cuando el abuelo se convierte en el único adulto al que el menor acude, cuando empieza a ocultar información importante a los padres o cuando toma decisiones educativas que no le corresponden.
También puede ocurrir que, debido a los horarios o las exigencias laborales de los padres, los abuelos asuman de manera frecuente un rol de cuidado que no les corresponde, lo que favorece una implicación excesiva en la vida cotidiana del menor.
Asimismo, una señal de sobrecarga es que el abuelo se sienta culpable si no está disponible, que aparezcan conflictos frecuentes con los padres o que su propio descanso y bienestar se vean afectados.
Bajo esta perspectiva, el apoyo de los abuelos es muy valioso, pero necesita límites claros para no transformarse en una responsabilidad excesiva.
Una señal de sobrecarga es que el abuelo se sienta culpable si no está disponible, que aparezcan conflictos frecuentes con los padres o que su propio descanso y bienestar se vean afectados.
¿Por qué en la adolescencia se intensifica la búsqueda de figuras que no juzguen? ¿Qué encuentra un adolescente en su abuelo que a veces no encuentra en sus padres?
La adolescencia es una etapa en la que se construye identidad y se busca autonomía. El adolescente necesita diferenciarse de sus padres, pero a la vez sigue necesitando adultos disponibles. En ese proceso, se suele vivir la mirada de los padres como más exigente o más cargada de expectativas.
En un abuelo es posible encontrar una escucha con menos urgencia por corregir y una forma de afecto que no se percibe tan vinculada al rendimiento académico, las normas o las decisiones del día a día. Al mismo tiempo, conviene tener en cuenta que, aunque esa relación se viva como más comprensiva, los abuelos también pueden emitir opiniones o comentarios desde el cariño que no siempre están libres de juicio.
Esto puede generar cierta ambivalencia en el adolescente, que busca aceptación, pero sigue sintiendo la influencia de las miradas adultas en su proceso de construcción personal.
¿Qué huella deja en la vida adulta haber tenido un abuelo refugio?
Haber contado con un abuelo refugio deja una huella emocional muy profunda. Muchas personas adultas recuerdan a ese abuelo como alguien que les hizo sentirse importantes, comprendidos o protegidos en momentos difíciles. Esa experiencia favorece una mayor capacidad para confiar, pedir ayuda y construir relaciones afectivas más seguras.
Por último, también funciona como una referencia interna: ante una etapa complicada, la persona conserva la memoria emocional de haber sido escuchada con calma y tratada con ternura. Esa sensación de haber tenido un lugar seguro puede acompañar toda la vida.







