Laura Cuesta, divulgadora y experta en educación digital: "El objetivo no es 'proteger' a los niños del mundo digital, sino prepararlos para vivir en él"


Un reciente estudio apunta que casi el 70% de los padres y madres confiesa sentir dudas o falta de formación para gestionar el momento de dar el primer móvil a sus hijos


Niños tumbados en el suelo mirando sus teléfonos móviles© Adobe Stock
30 de julio de 2026 a las 7:29 CEST

Decidir cuándo es el momento adecuado para entregar el primer móvil a los niños se ha convertido en una de las decisiones más complejas para las familias. Un auténtico quebradero de cabeza, influenciado, en la mayoría de los casos, por la presión de grupo, y es que "todos lo tienen ya". Frente a la búsqueda constante de una "edad mágica", la realidad es que el acceso a la tecnología plantea un profundo dilema donde entran en juego la madurez del menor, la presión social del entorno y la propia preparación de los adultos para acompañarlos en este proceso.

Un reciente estudio de la firma tecnológica SPC pone cifras a esta incertidumbre: casi el 70% de los padres y madres confiesa sentir dudas o falta de formación para gestionar este momento, mientras que más del 56% admite haber cedido impulsado por el miedo a que sus hijos queden excluidos del grupo de clase.

Para abordar cómo gestionar esta transición sin caer en la hipervigilancia ni en la desprotección, hablamos con Laura Cuesta Cano, divulgadora y experta en educación digital. Coautora del Compromiso Digital Familiar por Edades —una iniciativa desarrollada junto a SPC—, nos ofrece las claves para sustituir el rígido esquema de "permitir o prohibir" por acuerdos consensuados, progresivos y adaptados al nivel de desarrollo de cada niño o adolescente.

Laura Cuesta Cano, divulgadora y experta en educación digital, durante la prersentación del estudio realizado por la firma SPC© Cedida
Laura Cuesta Cano, divulgadora y experta en educación digital, durante la prersentación del estudio realizado por la firma SPC

El estudio de SPC refleja que casi el 70% de los padres siente inseguridad o falta de preparación al dar el primer móvil. ¿Por qué nos cuesta tanto a los adultos gestionar este momento? ¿Falta formación o nos supera la velocidad de la tecnología?

Que casi 7 de cada 10 padres y madres reconozcan sentirse inseguros ante el primer móvil de sus hijos e hijas representa una realidad en la que las familias no son ignorantes, sino que quieren ser responsables y nadie les ha enseñado cómo.

Aun habiendo pasado más de 25 años desde que Marc Prensky acuñara el término, aún seguimos sin “desmitificar” el concepto. ¿Nuestros hijos son nativos digitales? “No hay que confundir la destreza digital con tener criterio", aseguraba el experto en tecnología Juan Luis García Rambla; al igual que Susana Lluna y Javier Pedreira "Wicho" confirmaron en el título de su libro: Los nativos digitales no existen. Y es que sí, aunque nuestros hijos sepan manejar el iPad con 2 años o consigan configurar la Smart TV antes que nosotros, eso no significa que puedan manejar las tecnologías con absoluto raciocinio asumiendo los pros y contras y sabiendo, por ello, prevenir los riesgos asociados a ellas. Por tanto, el papel de la familia en su educación digital parece más que obligado.

En lo que creo que todos los padres y madres estamos de acuerdo es en que queremos protegerles, especialmente en edades más tempranas, de todos aquellos contenidos inapropiados o riesgos que puedan encontrar en la red y que por su edad y, obviamente, falta de madurez y experiencia no sepan gestionar. No obstante, no tenemos modelos previos en los que apoyarnos, porque nuestros propios padres no vivieron esto y eso genera lo que el estudio de la marca europea de tecnología refleja: duda, presión y sensación de ir improvisando.

Los padres debemos equilibrar cuidadosamente la supervisión y la confianza, proporcionando a los menores el conocimiento necesario para navegar por el entorno digital de manera segura. Lo que necesitan las familias no son normas impuestas desde fuera en cuanto a límites claros, la edad apropiada para tener un teléfono móvil o crear cuentas en redes sociales, sino herramientas para construir sus propios acuerdos.

Por eso, el trabajo que desarrollé con la marca española de tecnología para la familia SPC, parte de la premisa de no decirle a los padres y madres lo que tienen que hacer, sino de acompañarles para que puedan hablar con sus hijos e hijas, acordar juntos y comprometerse con el uso de un dispositivo que evoluciona al ritmo y las necesidades de cada familia. Y así creamos el Compromiso Digital Familiar por Edades, una guía práctica por etapas con la que padres y niños pueden establecer hábitos digitales adaptados a la madurez de cada niño, niña y adolescente.

Con ello queremos ayudarlos a asegurarse de que comprenden las responsabilidades que estas decisiones conllevan, que tenemos que supervisar la actividad digital (los dispositivos que utilizan, los espacios que visitan, las redes sociales en las que tienen un perfil) es decir, mostrar interés por sus gustos y aficiones digitales así́ como mantenernos actualizados.

padre con su hijo mirando el teléfono móvil© Getty Images/Westend61

Más de la mitad de las familias (56,3%) confiesa haber cedido por presión social (miedo a la exclusión del menor, grupos de WhatsApp de clase...). Como experta, ¿cómo se gestiona ese "miedo a que mi hijo sea el bicho raro" sin desprotegerlo?

Muchas veces ponemos el foco en el dispositivo digital viendo toda la problemática en las características adictivas, por ejemplo, del smartphone o la consola, pero estas pantallas son meros transmisores. Lo que importa es el contenido que consume el menor y las características propias de la plataforma donde lo hace, tal y como reconocían en su estudio expertos de la Asociación Americana de Psicología (APA). Por tanto, más que en “el tiempo de pantalla” debemos pensar en para qué se usan, distinguiendo entre usos meramente pasivos y recreativos o activos y creativos.

De este modo, el uso apropiado de un móvil, una consola o las redes sociales debe basarse en el nivel de madurez de cada adolescente. Depende de las habilidades de autorregulación, desarrollo intelectual, comprensión de los riesgos y esto no se produce en todos los niños a la misma edad. Por tanto, además de cumplir con las políticas de acceso propias de cada plataforma y la legislación vigente, cada familia mejor que nadie puede saber cuándo es el momento en el que su hijo o hija está preparado para comenzar a utilizar la tecnología.

Y debemos pensar que, muchas veces, el temido “aislamiento social” que creemos que puede producir el móvil nos lleva a retrasar al máximo su entrega y lo que propiciamos, por el contrario, es que nuestro hijo o hija se quede incomunicado de todos los planes de ocio saludable de sus amigos y compañeros que sabemos que hoy día se hacen a través de la red. 

Existe la falsa creencia de que hay una "edad mágica" (los 12, los 14...) para dar el primer teléfono. Sin embargo, es más una cuestión de madurez. ¿En qué comportamientos o actitudes debemos fijarnos los padres para saber si un niño está realmente maduro para su primer dispositivo?

Los riesgos digitales no aparecen exclusivamente por la tecnología, sino por la ausencia de acompañamiento familiar, y la falta de criterio y autocontrol. Y es que, efectivamente, no existe una edad mágica, pero si hay señales concretas que podemos observar en el día a día.

Cuando las horas de pantalla sustituyen actividades esenciales del día a día como jugar, realizar actividad física, horas de sueño… o no existen normas ni límites ajustados en el uso de dispositivos es muy difícil que los menores aprendan autocontrol y autorregulación.

Por ello, el bienestar digital debe entenderse desde un enfoque preventivo, no reactivo. Se trata de anticiparse, crear hábitos digitales saludables, construir seguridad y fortalecer habilidades emocionales. Pero incluso con estas señales, cada familia es un mundo. Lo que funciona en una casa no funciona en otra, y dentro de una misma familia dos hijos pueden necesitar ritmos completamente distintos. Por eso el criterio siempre tiene que ser el tuyo, no el del grupo de clase.

La educación —desde la escuela, la familia y la comunidad— tiene el desafío de preparar a niños, niñas y adolescentes para un mundo conectado donde la tecnología puede ser una fuente de oportunidades inmensas, pero también de riesgos evitables. El objetivo no es “protegerlos” del mundo digital, sino prepararlos para vivir en él. Educar en bienestar digital es, en definitiva, educar para el siglo XXI.

Y si llegase a darse una situación compleja, ante la duda o dificultad para hacer frente a esta problemática, deberemos siempre consultar con profesionales para recibir un asesoramiento adecuado.

Muchas veces ponemos el foco en el dispositivo digital viendo toda la problemática en las características adictivas, por ejemplo, del smartphone o la consola, pero estas pantallas son meros transmisores. Lo que importa es el contenido que consume el menor

Laura Cuesta Cano, divulgadora y experta en educación digital

Desde el punto de vista educativo, ¿cómo ayuda a la psicología del niño el hecho de que el móvil "crezca" con él en lugar de dárselo todo desbloqueado desde el primer día?

Lo ideal es, sin duda alguna, un dispositivo evolutivo que permita dar el control a los padres para que, no solo guiados por la edad de su hijo o hija, sino por el grado de madurez que va desarrollando y, también muy importante, por la implicación que van a poder tener ellos en la supervisión y acompañamiento, vayan configurándolo y abriendo de manera progresiva las funcionalidades al menor.

¿Nos falta autocrítica con nuestro propio uso del móvil delante de ellos?

Efectivamente hasta ahora siempre nos hemos centrado en analizar cómo afecta el uso abusivo y compulsivo de la tecnología a niños y adolescentes, viendo cómo durante los últimos años el tiempo medio de uso de pantalla para actividades meramente de ocio o recreativas ha ido ascendiendo hasta llegar hasta las casi cinco horas al día de media.

Pero, un reciente estudio publicado por el Centro de Investigación e Innovación de Newport Healthcare, nos indica cómo el uso de dispositivos por parte de los adultos delante de ellos puede afectar a su autoestima, y a la forma que tienen de relacionarse unos con otros. Entre las conclusiones nos hablan de una mayor ansiedad ante las relaciones y derivar en problemas de autovalidación, o fomentar comportamientos que busquen el aislamiento para evitar el daño emocional generado por interacciones pasadas insatisfactorias.

Por tanto, como siempre explico a las familias, los adultos debemos ser referentes tanto con tecnología como sin tecnología, y esto significa que debemos educar en un uso saludable, consciente y crítico de las plataformas digitales como en la imprescindible desconexión digital. El Bienestar Digital debe ser siempre familiar.

dos niñas usando el teléfono móvil, tumbadas en la cama© Getty Images

Tradicionalmente las normas tecnológicas en casa se basan en el "permitir o prohibir". ¿Cómo cambia la dinámica familiar cuando sustituimos el control parental estricto por una conversación y un pacto mutuo?

La diferencia se nota antes de que enciendan la pantalla porque cuando la norma se impone, el menor busca la manera de saltársela. En cambio, cuando se ha acordado juntos, el compromiso prevalece y la conversación deja de ser vigilancia y empieza a ser confianza.

Alejar a los menores de las pantallas no evitará que se enfrenten a los riesgos; únicamente la prevención y la educación pueden hacer que estos disminuyan o se atenúen al proporcionarles las herramientas necesarias para afrontarlos.

Como sociedad, nuestro compromiso debe ser proporcionar a las nuevas generaciones tanto las competencias técnicas como las habilidades socioemocionales que necesitan para navegar por el complejo ecosistema digital. Por ello, debemos comenzar la alfabetización digital de nuestros hijos desde edades tempranas con conversación y diálogo sobre tecnología, antes incluso de darles el primer dispositivo, y, cuando llegue, pactar de forma consensuada, las normas de uso que este dispositivo debe tener, como el tiempo de pantalla, los espacios libres de tecnología, las aplicaciones permitidas, etc. Este pacto tiene que ser realmente bidireccional y que tanto hijos, como padres asuman los compromisos.

En definitiva, la tecnología es una herramienta poderosa cuyo impacto depende fundamentalmente del uso que hagamos de ella. Eduquemos a nuestros hijos e hijas para que no sean meros consumidores pasivos, sino ciudadanos y ciudadanas digitales responsables, críticos y éticos. Solo así podremos asegurar que la revolución tecnológica que estamos viviendo contribuya a construir una sociedad más informada, conectada y, sobre todo, más humana.

Alejar a los menores de las pantallas no evitará que se enfrenten a los riesgos; únicamente la prevención y la educación pueden hacer que estos disminuyan o se atenúen al proporcionarles las herramientas necesarias para afrontarlos.

Laura Cuesta Cano, divulgadora y experta en educación digital

Si una familia está ahora mismo en ese momento de tensión, con el niño pidiendo el móvil y los padres preocupados, ¿cuál sería el primer paso que deberían dar esta misma tarde, antes de comprar nada?

Antes de dar el primer móvil a nuestros hijos e hijas debemos normalizar las conversaciones sobre tecnología en casa. Hablando de oportunidades, pero también de riesgos. Sin alarmismos ni demonizar su uso. Establecer un clima de confianza en casa para que, cuando llegue la adolescencia, puedan contarnos sin miedo todo aquello que les asusta, les molesta o les preocupa, ya sea en el ámbito digital o en el analógico.

Y cuando ya llegue el momento de darles el primer móvil, es imprescindible acordar una serie de normas y límites sobre el uso de este. Claras y sencillas, pero que se puedan flexibilizar e ir ajustando según vayan creciendo. Configurar las opciones de seguridad y privacidad del dispositivo y todas las aplicaciones que utilice, así como los controles parentales.

Por último, debemos orientarlos y educarlos en el buen uso de las aplicaciones y plataformas que usen; mantener conversaciones y una escucha activa continua para detectar precozmente posibles riesgos y minimizar al máximo cualquier posible daño. Ser modelos de referencia para ellos en el buen uso de la tecnología.

Para ese primer momento de conversación, el Compromiso Digital Familiar por edades que hemos desarrollado con SPC puede ser un buen punto de partida. Está disponible en la web de SPC y cualquier familia puede usarlo como guía para ese primer diálogo. A veces lo más útil es tener un marco desde el que hablar, no una lista de respuestas.