Pablo Ramos, psicólogo: "Los alumnos más pequeños de la clase pueden tener peores resultados al principio, pero eso no implica problemas de aprendizaje"


Las diferencias de edad dentro del aula entre los alumnos pueden ser de casi un año. ¿Cómo impacta esto en el desempeño escolar y en el comportamiento?


Pablo Ramos, psicólogo© Sanitas
11 de septiembre de 2026 a las 18:00 CEST

Un niño que ha nacido el 31 de diciembre convive en el aula con otro del 1 de enero del siguiente año. Son 12 meses de diferencia que, a edades tempranas, puede significar mucho y que es relevante desde el punto de vista madurativo. Esta diferencia no solo se limita a lo que aprenden y cómo lo aprenden de rápido, sino que puede afectar a otras muchas áreas, como la capacidad de estar sentado más tiempo, la tolerancia a la frustración, la autorregulación, la capacidad para usar el material, el cansancio o la manera de pedir ayuda.

Niños que pueden parecer desobedientes o sin interés quizá solo son inmaduros para ciertas tareas por la edad. Del mismo modo, a la hora de establecer si hay un retraso en el desarrollo o problemas de aprendizaje, hay que hacer una valoración específica teniendo en cuenta las exigencias que tiene en el aula, su edad con respecto a los compañeros y si esa dificultad es persistente y se traslada a varios escenarios de la vida cotidiana. 

Hablamos con Pablo Ramos Fernández, psicólogo de Blua de Sanitas, para saber hasta qué punto impacta el mes de nacimiento en el rendimiento escolar.

Dentro de una misma clase puede haber diferencias en la forma de regular las emociones, afrontar un conflicto o desenvolverse socialmente que estén parcialmente relacionadas con el momento madurativo

Pablo Ramos, psicólogo
Niño pequeño manchado de pintura© Getty Images

¿Hasta qué edad es relevante la edad del alumno y la diferencia de casi un año que puede haber dentro de la misma clase en el aprendizaje?

La diferencia de edad dentro de una misma clase suele tener mayor importancia durante los primeros años de escolarización, cuando unos meses pueden representar diferencias apreciables en el desarrollo del lenguaje, la capacidad de atención o la autonomía para afrontar determinadas tareas. Por este motivo, los alumnos más jóvenes del curso pueden obtener inicialmente resultados algo inferiores a compañeros que les llevan casi un año sin que eso implique una menor capacidad para aprender.

A medida que los niños crecen, estas diferencias suelen reducirse en algunas áreas porque el peso relativo de esos meses es menor y adquieren más importancia la experiencia escolar y las características individuales. Sin embargo, no existe una edad concreta a partir de la cual el efecto desaparezca. Por eso, conviene valorar la trayectoria de cada alumno y no interpretar una diferencia puntual de rendimiento fuera de su momento madurativo.

Niño pequeño en clase en el colegio mirando a cámara© Getty Images

Dentro de la misma clase, ¿sería aconsejable adaptar el trabajo de los alumnos según esa fecha de nacimiento?

La fecha de nacimiento debería ser un elemento que el docente conozca y tenga en cuenta, pero no parece adecuado establecer actividades o niveles diferentes únicamente en función del mes en el que haya nacido cada alumno. Dos niños nacidos con pocos días de diferencia pueden tener perfiles de desarrollo y necesidades educativas muy distintas.

Lo recomendable es adaptar la enseñanza a lo que cada alumno muestra en el aula: cuánto apoyo necesita, qué contenidos domina o qué ritmo le permite progresar. En el caso de los niños más jóvenes, conocer su edad relativa puede ayudar a evitar que una conducta propia de un menor grado de maduración se interprete precipitadamente como una dificultad de aprendizaje. También evita el problema contrario, que sería bajar las expectativas o limitar oportunidades solo porque el niño sea de los pequeños de la clase.

Niños escribiendo en clase© Getty Images

En niños que han nacido en los últimos meses del año, pero que no tienen problemas para avanzar y aprender al mismo ritmo de otros compañeros de principios de año, ¿puede sobreentenderse que hay una capacidad alta?

Puede ser un dato interesante que merezca observación, pero por sí solo no permite concluir que exista una alta capacidad. Un niño de los últimos meses del año que mantiene el ritmo de compañeros casi un año mayores está respondiendo bien a las exigencias del curso, pese a contar con una menor edad cronológica, pero detrás de ese rendimiento pueden intervenir numerosos factores.

Para hablar de altas capacidades habría que encontrar un patrón más amplio y consistente que no dependa únicamente de las calificaciones o de la comparación con los compañeros de clase. La valoración debe tener en cuenta el funcionamiento cognitivo del niño respecto a otros de su misma edad y analizar su desempeño en diferentes contextos.

Niñas jugando en el recreo del colegio© Getty Images

Desde el punto de vista de la relación que se establece entre los alumnos, ¿esa diferencia de meses puede influir también en las dinámicas que se establecen entre ellos?

Sí, sobre todo durante la infancia, aunque tampoco determina cómo va a relacionarse un niño con sus compañeros. Dentro de una misma clase puede haber diferencias en la forma de regular las emociones, afrontar un conflicto o desenvolverse socialmente que estén parcialmente relacionadas con el momento madurativo.

Esto puede influir, por ejemplo, en quién toma la iniciativa durante una actividad o en la facilidad para incorporarse a determinados juegos y conversaciones. La investigación ha encontrado que los alumnos relativamente más jóvenes pueden presentar, de media, algunas dificultades adicionales en el ámbito de las relaciones entre iguales, aunque los efectos son pequeños y existe una enorme variabilidad entre niños.

Además, estas dinámicas pueden retroalimentarse. Si un alumno se percibe de forma continuada como menos competente o tiene más dificultades para seguir ciertas interacciones, puede participar menos y perder oportunidades para desarrollar esas habilidades. La edad relativa puede ser una variable a considerar, pero nunca debería sustituir la observación individual, el contexto familiar, el clima del aula y la historia concreta del alumno.