A todos nos ha pasado que, al conseguir hacer realidad un sueño, miramos atrás, observamos con perspectiva lo que nos ha costado y recordamos cuándo era únicamente una idea. Antes de los primeros pasos, de las decisiones y de las dudas, hubo algo que imaginamos sin saber muy bien cómo hacerlo posible. Comprobar que ahora existe puede despertar satisfacción, pero también agradecimiento y ganas de seguir adelante.
Georgina Rodríguez ha compartido esa sensación con sus seguidores. Junto a una fotografía frente al espejo, con un ordenador en la mano y el encabezamiento "Bussines mami", ha escrito: "Lo que un día solo existía en mi mente, hoy es una realidad. Y no puedo sentirme más agradecida, orgullosa e ilusionada por todo lo que está por venir".
Su mensaje, que se refiere a Mimoa es la nueva marca de ropa de estilo loungewear y activewea, reúne tres momentos: lo que imaginaba antes, lo que celebra ahora y lo que espera del futuro. Y permite plantear una pregunta que va más allá de su experiencia: ¿qué necesitamos para convertir un deseo en algo concreto?
¿Qué significa la frase de Georgina Rodríguez?
La primera parte de su reflexión expresa la satisfacción de reconocer un camino recorrido. Algo que antes solo podía imaginarse ha adquirido una forma real. Aunque la publicación no detalla en qué consiste ese proyecto ni cómo lo ha desarrollado, sus palabras transmiten la emoción de comprobar que una posibilidad ha dejado de serlo.
La frase completa es muy significativa. Georgina se declara agradecida y orgullosa, pero también ilusionada por lo que viene. El logro aparece como un punto desde el que seguir construyendo, con espacio para disfrutar de lo conseguido y para pensar en nuevas posibilidades.
Es una experiencia que podemos reconocer en situaciones muy distintas: terminar una formación, poner en marcha un negocio, cambiar de trabajo o recuperar una actividad que habíamos abandonado. No todos los objetivos tienen la misma dimensión, pero pueden compartir esa satisfacción de ver materializado algo que deseábamos.
¿Cómo saber si un sueño puede convertirse en realidad?
La psicóloga sanitaria Carmen Dolores Núñez distingue entre fantasear con un resultado y valorar las posibilidades de conseguirlo. La fantasía nos sitúa directamente en la escena final: nos vemos haciendo el trabajo que deseamos o disfrutando del proyecto terminado. La expectativa, en cambio, incorpora lo que sabemos, nuestra experiencia y las condiciones que necesitamos. Disfrutar imaginando un logro no equivale a prepararnos para alcanzarlo.
Para empezar a distinguirlos, la experta propone preguntarnos: "¿Puedo decir qué tengo que hacer esta semana?". Si únicamente podemos describir cómo será nuestra vida cuando lo consigamos, todavía falta concretar el recorrido. Como explica, "eso no significa que sea irrealizable, significa que está sin empezar".
La siguiente pregunta es de qué depende el resultado. Hay acciones sobre las que tenemos capacidad de decisión, pero conseguir un empleo, publicar un libro o sacar adelante un negocio también exige que intervengan otras personas y circunstancias. "Puedes hacerlo todo bien y que no ocurra", recuerda Núñez. Eso no vuelve inútil el esfuerzo: "El resultado no está garantizado nunca, pero lo que haces cambia las opciones que tienes".
Esta distinción ayuda a evitar que una decepción se convierta en un juicio sobre nuestro valor. Presentarnos a una selección con una buena preparación depende en buena medida de nosotros; ser elegidos también depende de quienes contratan y de otros candidatos. Núñez aconseja medir las propuestas enviadas, la preparación o la constancia, en lugar de calificarnos exclusivamente por el resultado.
También recomienda comprobar los requisitos reales del objetivo: una titulación, una licencia o unas condiciones específicas. Consultarlos en las fuentes oficiales permite saber qué nos falta y si podemos conseguirlo. Una meta difícil necesita preparación; una meta inaccesible exige revisar el rumbo.
¿Qué podemos hacer hoy para acercarnos a un sueño?
La experta nos propone empezar por un objetivo concreto, con una fecha y acciones que podamos realizar. No basta con decir que queremos mejorar nuestro inglés: necesitamos decidir qué nivel buscamos, cómo vamos a prepararnos y cuánto tiempo podemos dedicarle. Después toca dividir ese plan en tareas próximas, calcular los plazos con margen y reconocer cada avance.
También aconseja prever las dificultades. Si sabemos que algunos días estaremos cansados, podemos decidir de antemano reducir la sesión en lugar de abandonarla. Así, cuando llegue ese momento, tendremos una alternativa preparada y no dependeremos únicamente de las ganas.
¿Y si nunca hemos hecho nada parecido? No necesitamos tener la certeza de que saldrá bien para empezar a explorar sus posibilidades. Núñez recomienda "coger la versión más pequeña de la cosa, ponerle plan y fecha, y trabajarla de verdad durante un tiempo acotado". Puede ser un primer cliente, una asignatura o una prueba de un mes. La finalidad es obtener información: comprobar qué funciona, qué falta y qué conviene cambiar.
La psicóloga compara este proceso con hacer un collar de perlas: algunas jornadas añadimos una, otras avanzamos más y en otras tenemos que recoger las que se han caído. "Ninguna perla suelta se parece al collar. Y el collar no se hace de ninguna otra manera".
Por último, el plan necesita una fecha de revisión. Continuar puede ser lo adecuado, pero también cambiar la estrategia o dedicar el esfuerzo a otro objetivo si el primero ha dejado de estar a nuestro alcance. Hacer realidad una idea implica trabajar sobre ella y observar lo que ocurre. Y, cuando llegan los avances, concedernos tiempo para reconocerlos, como hace Georgina al expresar su orgullo y su agradecimiento.










