Frase del día

La frase de Simone de Beauvoir, filósofa, sobre el miedo al cambio: "No apuestes por el futuro, actúa ahora, sin demora"


Aplazamos para sentirnos más seguros. El problema es que lo que hoy evitamos acaba convirtiéndose en la tarea pendiente de mañana.


Mujer joven rubia en el campo© Getty Images
8 de septiembre de 2026 a las 13:02 CEST

"Cuando tenga más tiempo". "Cuando esté preparada". "Cuando las cosas se calmen". "El lunes empiezo". Es fácil reconocer alguna de estas frases porque todos, en algún momento, hemos dejado para mañana algo que sabíamos que queríamos cambiar o empezar a hacer. A la que suscribe le ha pasado hoy mismo. Se ha propuesto ir al trabajo en bicicleta pero no se ha atrevido hasta tenerlo todo bien controlado. Es un ejemplo poco trascendente, pero demasiadas veces dejamos para mañana lo que podríamos empezar hoy. 

A veces es una decisión importante, como dejar un trabajo o terminar una relación. Otras, algo mucho más pequeño: empezar a hacer ejercicio, apuntarnos a un curso, ordenar nuestras finanzas o recuperar una afición. Sabemos lo que queremos hacer, pero encontramos una buena razón para no empezar todavía.

La frase atribuida a Simone de Beauvoir, "Cambia tu vida hoy. No apuestes por el futuro, actúa ahora, sin demora", habla precisamente de esa tendencia tan humana a confiar en que nuestro yo de mañana estará más preparado que el de hoy. Pero ¿por qué nos cuesta tanto dar el primer paso?

Simone de Beauvoir© Getty Images

¿Quién fue Simone de Beauvoir?

Simone de Beauvoir (1908-1986) fue una filósofa, escritora y ensayista francesa, una de las grandes figuras intelectuales del siglo XX. Su pensamiento estuvo estrechamente relacionado con el existencialismo y con cuestiones como la libertad, la responsabilidad individual y la capacidad de construir nuestra propia vida a través de nuestras decisiones. 

Mantuvo durante más de 50 años una relación sentimental e intelectual con el filósofo Jean-Paul Sartre, aunque nunca se casaron ni convivieron siguiendo el modelo tradicional de pareja.

Su obra más influyente, El segundo sexo, publicada en 1949, se convirtió en un texto fundamental del pensamiento feminista contemporáneo. También escribió novelas, ensayos, memorias y obras autobiográficas en las que reflexionó sobre la libertad, las relaciones personales, el paso del tiempo y las elecciones que hacemos a lo largo de la vida.

Mujer rubia pensativa© Getty Images

Aplazar decisiones ayuda a regular las emociones desagradables 

Una de las razones es que solemos imaginar el futuro como un lugar en el que tendremos más tiempo, menos miedo y las cosas estarán mucho más claras. De hecho, como explica la psicóloga Violeta Acedo, posponer una decisión también nos permite mantener abierta la posibilidad de cambiar sin enfrentarnos todavía a todo lo que implica hacerlo.

Por eso, procrastinar no siempre tiene que ver con la pereza o con que seamos incapaces de organizarnos. La psicóloga recuerda las investigaciones de Fuschia Sirois y Timothy Pychyl, que han estudiado la procrastinación como una forma de regular a corto plazo emociones desagradables.

"Si una decisión nos genera miedo, inseguridad, aburrimiento o incomodidad, aplazarla nos proporciona cierto alivio inmediato, aunque el problema siga esperando a nuestro yo futuro", señala Acedo.

Es decir, aplazar funciona durante un rato. El problema es que lo que hoy evitamos acaba convirtiéndose en la tarea pendiente de mañana.

Mujer pensativa al lado de una ventana © the_upside

"Cuando esté preparada": la trampa de esperar a sentirnos seguros

Hay ocasiones en las que esperar es necesario. Podemos necesitar ahorrar dinero antes de cambiar de trabajo, disponer de determinada información o solucionar primero otro problema. Pero también podemos estar esperando algo mucho más difícil de conseguir: sentirnos completamente seguros.

"Podemos confundir estar preparados con dejar de sentir miedo, y no son exactamente lo mismo", explica Violeta Acedo. Podemos saber que queremos cambiar de trabajo y sentir incertidumbre, terminar una relación y seguir teniendo dudas o iniciar un proyecto sin estar seguros de que vaya a funcionar.

Una manera de distinguir ambas situaciones es preguntarnos qué tendría que ocurrir exactamente para considerar que ha llegado el momento. "Necesito ahorrar determinada cantidad" es una condición concreta. "Cuando me sienta preparada", en cambio, puede convertirse en una espera sin final. Y es que esa seguridad que estamos esperando no siempre ocurre 

Mujer serena con sombrero sentada en el suelo© elllsahansen

Sesgo del 'statu quo': una tendencia a preferir las cosas como están

Acedo recurre a las investigaciones de William Samuelson y Richard Zeckhauser para explicar por qué podemos pasar años quejándonos de un trabajo, una relación o determinada manera de vivir y, aun así, experimentar una enorme resistencia cuando aparece la posibilidad real de cambiarla. Es lo que en psicología se conoce como sesgo del statu quo nuestra tendencia a preferir que las cosas permanezcan como están frente a la posibilidad de modificarlas. En sus experimentos, Samuelson y Zeckhauser observaron que las personas escogían de manera desproporcionada la opción que se les presentaba como la situación ya establecida.

Esto ayuda a entender una contradicción bastante habitual: podemos no estar bien y, sin embargo, sentirnos más seguros quedándonos donde estamos. Un trabajo puede no gustarnos, una relación puede haberse deteriorado o podemos llevar mucho tiempo deseando vivir de otra manera, pero todo eso tiene algo a su favor: es conocido. Sabemos cómo funciona, qué dificultades presenta y, hasta cierto punto, qué podemos esperar mañana. Cambiar introduce una variable mucho más incómoda: la incertidumbre.

Además, cuando valoramos un cambio solemos fijarnos especialmente en lo que podría salir mal: "¿Y si dejo el trabajo y el siguiente es peor?", "¿y si termino la relación y me arrepiento?", "¿y si comienzo ese proyecto y fracaso?". Lo que no siempre ponemos en la balanza con la misma claridad es el coste de no hacer nada. Permanecer un año más en un trabajo que nos hace infelices o seguir en una situación que nos desgasta también tiene consecuencias, aunque nos cueste más percibirlas porque forman parte de nuestra rutina.

Por eso, Acedo propone cambiar la pregunta. Además de plantearnos "¿y si cambio y me equivoco?", podemos preguntarnos "¿qué ocurre si dentro de un año sigo exactamente aquí?". No significa que cambiar sea siempre la mejor opción, sino recordar algo que a menudo olvidamos: quedarnos como estamos también es una decisión y también puede tener un coste.

No se trata de empujarnos a cambiar siempre. Quedarse puede ser una buena decisión. Pero también es una decisión.

Mujer joven en la playa pensando © Getty Images

Lo mismo ocurre con el clásico "cuando tenga tiempo". Probablemente cuando llegue ese momento nuestra vida vuelva a llenarse de obligaciones. Eso no significa que debamos actuar impulsivamente. Actuar ahora no es tomar hoy todas las grandes decisiones. También puede significar dejar de utilizar el futuro como un lugar indefinido al que enviamos aquello que nos da miedo afrontar.

Para saber si realmente necesitamos esperar, Acedo propone observar qué estamos haciendo mientras tanto. Si estamos buscando información, valorando alternativas, pidiendo asesoramiento o intentando entender qué queremos, la espera tiene una función. Si pasan los meses y seguimos haciéndonos exactamente las mismas preguntas, quizá "el tiempo ya no esté ayudándonos a decidir, sino ayudándonos a no decidir".

Mujer pelirroja con un pañuelo al aire en un campo de flores © Getty Images

Estrategias de implementación: el primer paso no tiene que cambiar toda tu vida

Quizá esta sea la parte más interesante de la frase atribuida a Simone de Beauvoir. "Actúa ahora" puede sonar a dejar el trabajo mañana, terminar hoy una relación o emprender de golpe ese proyecto que llevamos años imaginando. Pero empezar no significa necesariamente hacerlo todo. "Yo no le diría que cambie su vida hoy, sino que haga hoy la primera acción que pertenezca a esa vida que dice querer", explica Violeta Acedo.

Si queremos cambiar de trabajo, podemos mirar tres ofertas o actualizar el currículum. Si queremos empezar un proyecto, dedicarle veinte minutos. Y si queremos hacer ejercicio, cambiar "tengo que empezar a hacer deporte" por algo tan concreto como "el martes a las siete voy a caminar treinta minutos".

La psicóloga relaciona esta estrategia con las llamadas intenciones de implementación, desarrolladas por Peter Gollwitzer: convertir un deseo general en un plan que determine cuándo, dónde y cómo vamos a actuar. Una revisión de 94 estudios realizada por Gollwitzer y Paschal Sheeran encontró un efecto positivo de magnitud media-alta de este tipo de planes sobre la consecución de objetivos. "Algún día" no nos dice cuándo empezar. "Mañana después de comer dedicaré veinte minutos a actualizar mi currículum", sí.

Y, precisamente, hay algo de todo ello en la frase que se le atribuye. El futuro puede parecer el lugar perfecto para depositar nuestros cambios porque todavía no exige nada de nosotros. El presente, en cambio, obliga a hacer algo.

Pero ese algo no tiene por qué ser enorme. Como resume Violeta Acedo, "no siempre necesitamos tomar hoy la gran decisión, a veces basta con dejar de entregársela continuamente a nuestro yo de mañana". Y empezar con pequeñas estrategias que sí podamos hacer hoy