Sara Carbonero y su aplaudida frase sobre la aceptación: "Qué alivio cuando dejamos de ser solo lo que nos pasó"
De la mano del psicólogo José Martín del Pliego, analizamos el significado de esta frase que la periodista ha publicado en sus redes, una cita que nos invita a reflexionar sobre cómo gestionamos los traumas y nuestra identidad
La mayoría de nosotras hemos vivido una situación que nos ha absorbido por completo. Que lo ha ocupado todo. Una enfermedad, una pérdida, una ruptura o cualquier situación que nos haya colocado frente a nuestra propia vulnerabilidad. Estos momentos, que pueden durar días, semanas, meses o, incluso, años, pueden hacer que, durante un tiempo, dejemos de vernos como éramos antes y empecemos a definirnos únicamente por aquello que nos ha ocurrido. Y es que, cuando algo nos golpea de verdad, cuesta pensar en cualquier otra cosa.
Por eso la reflexión que ha compartido Sara Carbonero, "Qué alivio cuando dejamos de ser solo lo que nos pasó", nos resulta tan fácil de entender y nos identificamos con ella. Habla de ese momento en el que esa experiencia traumática deja de ocupar todo el espacio. Seguimos recordándola, claro, pero ya no sentimos que nuestra identidad dependa únicamente de ella. Lo que nos ocurre forma parte de nuestra historia, pero no tiene por qué convertirse en toda nuestra historia. Aunque aún duela.
Para comprender por qué sucede esto y qué ocurre cuando conseguimos integrar una experiencia difícil, hemos hablado con el psicólogo segoviano José Martín del Pliego, que explica cómo responde nuestro sistema nervioso ante situaciones de gran impacto y por qué, después de atravesarlas, podemos llegar a sentir incluso una mayor sensación de fortaleza.
La imagen que ha compartido Sara Carbonero, en la que muestra como nunca sus cicatrices
Por qué podemos llegar a convertirnos en "lo que nos pasó"
Cuando atravesamos una situación que amenaza nuestra seguridad, resulta muy difícil pensar en otra cosa. Esto se entiende especialmente bien en el caso de una enfermedad. Como explica José Martín del Pliego, una experiencia de este tipo "genera altísimas respuestas de vulnerabilidad" y nuestro sistema nervioso concentra buena parte de sus recursos en aquello que considera prioritario: sobrevivir.
"Para el sistema nervioso lo más importante del mundo es la supervivencia", explica el psicólogo. Y cuanto más grave es lo que estamos viviendo o mayor es la sensación de que no podemos controlarlo, más atención dedicamos a esa amenaza. No es que queramos pensar todo el tiempo en ello, es que nuestro organismo interpreta que debe hacerlo.
De ahí que resulte tan complicado desconectar. Pensamos en lo que nos pasa (o le ha pasado a alguien querido) al despertarnos, mientras hacemos otras cosas y muchas veces también cuando intentamos dormir. "Como estoy metiendo tanta energía ahí, me termino fusionando con aquello que me pasa. No hay un solo rato en el que esto no esté presente porque está la supervivencia en juego", señala Del Pliego.
Y es que, cuando una experiencia absorbe durante tanto tiempo nuestra atención, puede acabar ocurriendo algo muy humano: dejamos de pensar "me está pasando esto" y empezamos a sentir "yo soy esto".
El alivio de comprobar que somos mucho más que aquello que vivimos
Pero llega un momento en el que algo puede cambiar. La amenaza desaparece, el tratamiento termina o la situación empieza a quedar atrás. O, simplemente, la hemos comprendido y aceptado. Y entonces podemos empezar a recuperar espacios de nuestra vida que durante meses o años habían quedado en segundo plano.
José Martín del Pliego habla de una sensación de "amplitud" y de "libertad" que puede aparecer cuando el cuerpo y el sistema nervioso comprueban que han sido capaces de superar algo que ha generado un gran impacto físico y emocional. "Si mi cuerpo y mi sistema nervioso han sido capaces de superar una enfermedad, lo que ocurre es que hay una percepción de amplitud, de libertad, como sentirme de otra manera".
Haber sostenido una experiencia así también puede dejarnos un aprendizaje importante: descubrir que somos capaces de atravesar momentos que, cuando llegaron, pensamos que quizá no podríamos soportar.
El psicólogo lo resume con una expresión muy gráfica: "Me doblo pero no me rompo". Y, según explica, esa sensación puede trasladarse posteriormente a otras áreas de nuestra vida.
Lo que una experiencia difícil puede enseñarnos sobre nosotros mismos
Superar un momento complicado no significa que dejemos de sufrir ante futuras dificultades. Tampoco que todo se vuelva sencillo. Pero sí puede cambiar la percepción que tenemos sobre nuestros propios recursos.
Del Pliego pone como ejemplo a personas que han vivido infancias especialmente difíciles o han atravesado enfermedades y que, posteriormente, desarrollan más herramientas para tolerar la frustración y el malestar. Haber pasado por determinadas situaciones puede dejarnos esa sensación interna de "ya he podido antes".
"Este aprendizaje de 'me doblo pero no me rompo' se amplifica a todos los aspectos de la vida a partir de ese momento", explica. Y es que, cuando comprobamos que hemos sido capaces de sostener algo que nos hizo sentir tremendamente vulnerables, también podemos empezar a confiar un poco más en nuestra capacidad para afrontar lo que venga después.
Eso sí, para llegar hasta ahí hay un paso fundamental: no intentar saltarnos el dolor.
A veces confundimos aceptar con resignarnos o, peor todavía, con obligarnos a pensar en positivo. Nos decimos "estoy bien", "no pasa nada" o "hay que seguir adelante" cuando, en realidad, por dentro sentimos miedo, tristeza o enfado.
Para José Martín del Pliego, la aceptación pasa precisamente por reconocer esas emociones, no por esconderlas. "La clave de los procesos de aceptación, los procesos adaptativos, es vivir aquellas emociones que me hacen estar mal", explica.
Ante una enfermedad pueden aparecer vulnerabilidad, tristeza o rabia. Y hacer como si no existieran no facilita necesariamente el proceso.
Ser honestos con lo que sentimos permite que el propio sistema nervioso vaya haciendo su trabajo de adaptación. Es decir, aceptar no consiste en minimizar lo que nos pasa, sino en darle un lugar para poder procesarlo.
Cuando podemos mirar la cicatriz sin volver a vivir el dolor
José Martín del Pliego utiliza una imagen muy sencilla para explicar cuándo una experiencia empieza a estar integrada: cuando podemos enseñar la cicatriz.
La cicatriz sigue ahí. Forma parte de nuestra historia y probablemente siempre lo hará. Pero ya no duele igual, ya no ocupa el mismo espacio y podemos hablar de ella sin volver inmediatamente al lugar emocional en el que estuvimos.
"Eso es lo que me permite poder enseñar una cicatriz o poder enseñar algo que tiene que ver con lo que ha ocurrido porque mi sistema ha procesado ya toda la respuesta emocional negativa y la ha convertido en algo mucho más neutro y puedo hablar de ello", explica.
Salir del modo supervivencia para volver a disfrutar
"Yo creo que lo básico es, poco a poco, salir del modo supervivencia", explica José Martín del Pliego. En el caso de una enfermedad, por ejemplo, cuando permanecemos en ese estado, estamos en alerta constante y nuestra atención continúa dirigiéndose hacia aquellos síntomas que estuvieron relacionados con la enfermedad. O cuando ha pasado algo grave en nuestro entorno, vivimos con la sensación permanente de que va a ocurrir algo más grave. El problema es que esa vigilancia puede mantenerse incluso cuando ya no resulta necesaria.
¿Cómo conseguimos entonces que nuestra vida vuelva a ampliarse? Para el psicólogo, el camino pasa por ir cambiando progresivamente el modo supervivencia por un "modo crecimiento" y recuperar espacios relacionados con el disfrute. "Hay que comenzar poco a poco a hacer las cosas que uno hacía antes", aconseja.
Y que ya no podamos hacer las mismas cosas no significa que no podamos encontrar otras formas de disfrutar. Del Pliego recomienda buscar nuevos estímulos, actividades diferentes o experiencias que despierten nuestro interés. En definitiva, ofrecer al cerebro otros estímulos hacia los que dirigir su atención, más allá de lo que nos pasó y de los síntomas que durante tanto tiempo ocuparon nuestra vida.
Quizá entonces podamos entender todavía mejor la frase de Sara Carbonero. Dejar de ser solo lo que nos pasó no significa olvidar, sino recuperar poco a poco todo lo demás: lo que hacemos, lo que disfrutamos, lo que nos interesa, las personas que queremos y también aquello que todavía nos queda por descubrir.