Hay personas que aseguran que no les importa lo que los demás piensen de ellas. Pero ¿realmente podemos vivir al margen de la mirada ajena? Que nuestro jefe valore un trabajo que nos ha costado semanas, que nuestra pareja reconozca nuestros esfuerzos o que alguien importante para nosotros nos diga simplemente "estoy orgulloso de ti" nos gusta. No lo podemos negar. Pero, además, tiene un impacto muy positivo en nuestro bienestar. Y Albert Camus lo dejó reflejado en esta frase:
"Todo hombre, y con mayor razón todo artista, quiere ser reconocido". El escritor y filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1957, señalaba así una necesidad profundamente humana y que la psicología corrobora. Así nos lo hace saber la psicóloga Sara Navarrete, que nos ayuda a entender por qué necesitamos ese reconocimiento y, sobre todo, dónde está el límite entre disfrutar de la valoración de los demás y necesitarla para sentir que nosotros mismos tenemos valor.
¿Quién fue Albert Camus?
Albert Camus fue un escritor, filósofo y periodista francés, nacido en Argelia en 1913. Es una de las grandes figuras intelectuales del siglo XX y su obra estuvo marcada por cuestiones como el sentido de la existencia, la libertad, la responsabilidad individual y el absurdo. Entre sus libros más conocidos se encuentran El extranjero, La peste, El mito de Sísifo y El hombre rebelde.
En 1957 recibió el Premio Nobel de Literatura, cuando tenía solo 44 años, por una obra que abordaba los grandes dilemas de la conciencia humana de su época. Aunque suele relacionarse con el existencialismo, Camus rechazó esa etiqueta y desarrolló su propio pensamiento en torno al absurdo y la necesidad de vivir con lucidez. Murió en 1960, a los 46 años, en un accidente de tráfico.
¿Por qué necesitamos sentirnos reconocidos por los demás?
Tal como nos explica la experta en psicología "necesitamos sentir que nuestra existencia, nuestro esfuerzo y aquello que hacemos tiene algún valor para los demás", explica Sara Navarrete.
Y reconocimiento no significa necesariamente recibir grandes elogios. "Muchas veces es algo mucho más sencillo: sentirnos vistos".
Según la psicóloga, desde pequeños vamos construyendo parte de nuestra identidad a través de la mirada de los demás. Necesitamos que alguien nos transmita: "Te veo, lo que haces importa, eres importante para mí". Ese reconocimiento contribuye al desarrollo de la autoestima y del sentimiento de pertenencia.
En el caso del artista al que hacía referencia Camus, esta necesidad puede hacerse todavía más evidente porque expone una parte de sí mismo a través de su obra. Sin embargo, todos buscamos de alguna manera esa mirada externa. "El problema no está en querer ser reconocidos, sino en necesitar ese reconocimiento para sentir que tenemos valor", advierte Navarrete.
Por qué algunas personas necesitan más reconocimiento
No todos reaccionamos igual cuando el reconocimiento no llega. Nuestra historia emocional puede explicar parte de esas diferencias.
Una persona que durante la infancia sintió que tenía que destacar, comportarse perfectamente, obtener buenas notas o satisfacer determinadas expectativas para recibir atención o afecto puede aprender que su valor depende de sus logros y de cómo la perciben los demás, explica Navarrete.
También puede influir haber crecido entre críticas y comparaciones o con poco reconocimiento emocional. "En esos casos, de adultos podemos seguir buscando fuera esa validación que no hemos aprendido a proporcionarnos internamente".
A ello se suma un fenómeno relativamente nuevo. Las redes sociales han conseguido convertir el reconocimiento en algo cuantificable: seguidores, "likes" y comentarios ofrecen constantemente información sobre la reacción de los demás.
"Es muy fácil confundir visibilidad con valor personal", advierte la psicóloga. De ahí que algunas personas puedan conseguir grandes logros y continuar sintiendo que nunca son suficientes. "Cuando el reconocimiento externo intenta llenar una carencia interna, nunca termina de ser suficiente".
Qué ocurre cuando no nos sentimos valorados
Por otro lado, la falta de reconocimiento también puede hacernos daño, especialmente si procede de las personas que son importantes para nosotros y se mantiene en el tiempo.
En el ámbito laboral puede provocar frustración, desmotivación y dudas sobre nuestras propias capacidades. En pareja, "sentir que nuestros esfuerzos pasan desapercibidos puede generar distancia emocional, resentimiento y una sensación muy dolorosa de soledad". Y en la familia puede afectarnos especialmente porque entra en juego nuestra necesidad de pertenencia y afecto.
En estas ocasiones, nos cuenta la psicóloga, podemos aprender a no depender de la aprobación ajena. Pero esto no nos debería llevar a aceptar relaciones en las que nunca nos sentimos valorados.
Y nos vuelve a hablar de cómo nos relacionamos con nosotros mismos recordando que "tener una buena autoestima no significa que deje de importarnos cómo nos tratan los demás", señala. Significa reconocer nuestro valor y, precisamente por ello, elegir también relaciones en las que exista "reciprocidad, respeto y reconocimiento".
Cuándo buscar aprobación puede convertirse en un problema
Que nos guste sentirnos valorados es completamente normal. Como decíamos al inicio del artículo, "a todos nos gusta que nuestra pareja reconozca lo que hacemos, que nuestro jefe valore nuestro trabajo o que nuestra familia se sienta orgullosa de nosotros", señala la psicóloga.
Sin embargo, tenemos que estar atentos cuando nuestra autoestima depende de esas respuestas. Si necesitamos que los demás aprueben continuamente nuestras decisiones para considerar que son correctas o si una crítica, un silencio o la ausencia de felicitaciones nos llevan inmediatamente a cuestionar nuestro valor, Navarrete habla de dependencia de la aprobación externa.
"Una autoestima sana permite disfrutar del reconocimiento sin convertirlo en una necesidad", explica. Que nos valoren puede hacernos sentir bien, "pero nuestra propia valoración no puede quedar en sus manos".
Cómo dejar de necesitar constantemente la aprobación de los demás
Sara Navarrete propone tratar de cambiar cómo percibimos (y valoramos) las cosas que hacemos. Y es que estamos acostumbrados a preguntarnos "¿qué pensarán de mí?", "¿les habrá gustado?" o "¿lo estaré haciendo suficientemente bien?". Esta experta nos anima a sustituir estas preguntas por otras: "¿Estoy orgulloso de lo que he hecho?", "¿esto representa quién quiero ser?" o "¿qué esfuerzo me ha supuesto llegar hasta aquí?".
También recomienda aprender a valorar no solo los grandes resultados, sino aquello que normalmente pasa desapercibido: la constancia, las decisiones difíciles, los límites que hemos conseguido poner, las veces que hemos vuelto a empezar o aquello que hemos sido capaces de superar.
Asimismo, nos señala que a veces el reconocimiento no llega, y eso es también un aprendizaje "Podemos hacer algo extraordinariamente bien y que nadie nos felicite. Podemos tomar una buena decisión y que alguien no la entienda. Podemos incluso evolucionar y que determinadas personas prefieran nuestra versión anterior", detalla.
Por eso, la reflexión de Camus no implica que debamos dejar de buscar reconocimiento, porque, como adelantábamos, necesitar sentirnos vistos forma parte de nuestra naturaleza social. La diferencia está en qué hacemos cuando los aplausos no llegan.
Como concluye Navarrete, "la verdadera autonomía emocional es aquella en la que dejamos de utilizar la reacción de los demás como medida de nuestro propio valor". El reconocimiento externo puede ser un regalo, pero no debería convertirse en el alimento principal de nuestra autoestima. Cuando aprendemos a reconocernos nosotros mismos, los aplausos dejan de ser una necesidad y empiezan a ser simplemente algo bonito que recibir. Eso sí, como recalcaba, tenemos la libertad de elegir las relaciones.










