Frase del día

La frase de Epicteto, filósofo griego, sobre conocerse y respetarse a uno mismo: "Ningún hombre es libre si no es dueño de sí mismo"


Una psicóloga analiza la frase del estoico, y por qué plantea preguntas fundamentales sobre nuestra necesidad de validación externa


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Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
23 de agosto de 2026 a las 13:01 CEST

Elegir una carrera por tradición o preferencia familiar, mantener una relación porque después de tantos años parece que dejarla ya no es una opción, aceptar un plan al que en realidad no nos apetece ir o publicar algo en redes esperando una reacción concreta. Son decisiones aparentemente cotidianas, que, en el fondo, buscan satisfacer nuestro deseo de validación externa ante la toma de decisiones. Una reflexión que conecta directamente con una de las frases más conocidas de Epicteto, filósofo estoico griego de la escuela estoica que vivió parte de su vida como esclavo en Roma: "Ningún hombre es libre si no es dueño de sí mismo". 

La idea de Epicteto puede recuperarse muchos siglos después y estar de plena actualidad al plantear preguntas muy actuales sobre la libertad, la autenticidad y nuestra relación con la mirada ajena. Su pensamiento partía de una idea fundamental, la llamada dicotomía de control: distinguir entre aquello que depende de nosotros —nuestros pensamientos, deseos y acciones— y aquello que no podemos controlar, como la fama, el dinero, el cuerpo o los acontecimientos externos. Para Epicteto, la libertad interior no consistía en conseguir que el mundo se comportara como queremos, sino en aprender a gobernarnos a nosotros mismos frente a aquello que sucede. Y es precisamente ahí donde su filosofía conecta con una pregunta muy actual: ¿cuánto de lo que hacemos responde realmente a nuestras propias elecciones y cuánto está condicionado por las expectativas de los demás? 

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Qué significa la frase de Epicteto según la psicología

Ser dueño de uno mismo, como dijo él, no significa controlar absolutamente todo lo que sucede a nuestro alrededor, sino conservar la capacidad de decidir cómo queremos vivir. La psicóloga y autora del libro La familia que habitamos (2026), Violeta Acedo Herrera (@violetaacedo.psicologia) explica cómo podemos saber si nuestras decisiones nacen realmente de nosotros o están demasiado condicionadas por las expectativas de los demás: "No creo que el filósofo estuviera hablando de tener control absoluto sobre nuestra vida, porque hay muchas cosas que no dependen de nosotros". Para la experta, la verdadera cuestión tiene más que ver con la capacidad de tomar decisiones propias sin quedar permanentemente sometidos a la opinión ajena.

"Ser dueño de uno mismo tiene más que ver con poder decidir cómo queremos vivir y actuar sin que nuestra conducta esté constantemente dirigida por lo que los demás esperan, opinan o consideran correcto y esto aparece en decisiones mucho más cotidianas de lo que pensamos como en estudiar una carrera porque era 'lo que tocaba', aceptar planes que realmente no nos apetecen, o vestir de una determinada manera para encajar", señala Violeta Acedo Herrera.

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El problema es que muchas veces resulta difícil distinguir entre una elección propia y una decisión condicionada por la necesidad de agradar. Como señala la especialista, "a veces creemos que estamos eligiendo libremente cuando, en realidad, estamos intentando evitar decepcionar a alguien o conseguir su aprobación. Aquí aparece un concepto psicológico que me parece especialmente interesante que es la 'autonomía psicológica', que viene desde la Teoría de la Autodeterminación, desarrollada por Edward Deci y Richard Ryan. Según ellos, la autonomía es una de nuestras necesidades psicológicas básicas y tiene que ver con sentir que nuestras acciones son realmente nuestras, que no significa hacer siempre lo que nos apetece ni ignorar a los demás, sino sentir que existe una elección propia detrás de lo que hacemos, aunque tengamos en cuenta las opiniones de otras personas importante para nosotros".

Es una distinción importante: tener autonomía no significa ignorar a quienes nos rodean ni rechazar todos sus consejos. Podemos escuchar a nuestra pareja, nuestra familia o nuestros amigos y, aun así, sentir que la decisión final nos pertenece. Para detectar esa diferencia, Violeta Acedo Herrera propone una pregunta especialmente útil: "Si nadie pudiera opinar sobre mi decisión, ¿elegiría lo mismo? No es un test ni significa que tengamos que dejar de escuchar a los demás, pero puede ayudarnos a distinguir entre algo que realmente queremos y algo que hacemos principalmente porque queremos ser aceptados", comenta la experta.

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¿Por qué necesitamos tanto la aprobación de los demás?

Que nos importe lo que los demás piensan no es necesariamente una señal de inseguridad. Somos seres sociales y desde pequeños aprendemos a interpretar las reacciones de nuestro entorno.  "Necesitar la aprobación de los demás forma parte de nuestra naturaleza social, ya que desde pequeños aprendemos observando cómo reaccionan otras personas ante lo que hacemos y, de alguna manera, vamos construyendo una idea de qué comportamientos son aceptados y cuáles pueden generar rechazo, pero aquí el problema aparece cuando dejamos de utilizar la opinión de los demás como una información y empezamos a utilizarla como una especie de veredicto sobre nuestras propias decisiones", explica Violeta Acedo Herrera.

Además, la exposición constante a las redes sociales ha hecho que esa aprobación sea mucho más visible. Ya no tenemos que esperar a encontrarnos con alguien para saber qué piensa de lo que hacemos: un comentario, un "me gusta", una respuesta o incluso un silencio pueden convertirse en señales que interpretamos casi inmediatamente.

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Aprender a confiar en nuestro criterio tampoco requiere empezar a tomar grandes decisiones de manera radical. De hecho, puede entrenarse en situaciones mucho más pequeñas. Desde decidir qué queremos hacer un fin de semana, pasando por expresar una opinión diferente o rechazar un plan que no nos apetece sin sentir que tenemos que elaborar una explicación interminable.

También, cuenta la psicóloga, puede ser útil observar qué sentimos después de tomar una decisión. Porque quizá aquello que interpretamos como arrepentimiento no tenga tanto que ver con nuestra elección como con la reacción que ha generado: "También podemos hacernos una pregunta después de tomar una decisión '¿me arrepiento porque realmente no era lo que quería o porque alguien se ha decepcionado conmigo?', son cosas completamente diferentes y a veces no nos pesa tanto nuestra decisión como la reacción que ha provocado en los demás", explica la especialista.

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Autoconocerse para saber qué queremos de verdad

Para poder elegir de acuerdo con nuestros propios deseos necesitamos, primero, saber cuáles son esos deseos.  La especialista lo explica así: "Solemos pensar que conocernos consiste en saber qué nos gusta, pero el autoconocimiento también implica saber qué valores tenemos, qué límites necesitamos, qué cosas son importantes para nosotros y, sobre todo, distinguir cuáles de nuestras decisiones responden realmente a nuestros deseos y cuáles hemos ido incorporando para encajar, aquí existe otro concepto interesante en psicología, la 'claridad del autoconcepto', que hace referencia a lo claro, coherente y estable que tenemos nuestra propia idea de quiénes somos".

A veces, basta con pararse y reflexionar sobre nuestros comportamientos y sus orígenes. Podemos llevar años desempeñando un papel sin habernos preguntado si queremos continuar haciéndolo. Ser "la responsable", "la que siempre está para todo el mundo" o "la que nunca falla" puede convertirse en una identidad tan asentada que terminemos confundiéndola con lo que realmente somos. "Esto es importante porque podemos tener muchas etiquetas sobre nosotros y, sin embargo, no habernos preguntado si queremos seguir ocupando ese papel", comenta la psicóloga.

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Para empezar a cuestionar esas etiquetas y detectar hasta qué punto nuestras elecciones están condicionadas por ellas, la experta plantea varias preguntas que no siempre resultan cómodas, pero que pueden ayudarnos a mirar nuestra vida desde otro lugar: "Podemos empezar por preguntas bastante incómodas como '¿qué cosas elegiría si no tuviera que demostrar nada a nadie?', '¿qué parte de mi vida mantengo porque realmente la quiero y cuál mantengo porque me da miedo cambiarla?', '¿qué hago por deseo y qué hago principalmente para evitar decepcionar a alguien?', '¿en qué situaciones siento que estoy actuando para encajar, incluso una pregunta todavía más profunda, si dejara de intentar cumplir la imagen que los demás tienen de mí ¿qué cambiaría?'", señala la psicóloga.

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Ser auténtico no significa hacer siempre lo que nos apetece

Cuando hablamos de vivir de acuerdo con nosotros mismos, la palabra autenticidad cobra relevancia. Pero, ac contrario de lo que muchos piensan, ser auténtico no significa decir absolutamente todo lo que pensamos, actuar impulsivamente o hacer siempre aquello que nos apetece.  La autenticidad tendría más que ver con la coherencia entre aquello que pensamos, aquello que valoramos y la manera en que finalmente actuamos. Violeta Acedo lo aclara: "Ser auténtico tiene más que ver con cierta coherencia entre lo que pensamos, lo que valoramos y cómo actuamos porque además, no es algo que tengamos o no tengamos para siempre, podemos sentirnos más o menos auténticos dependiendo del contexto y de cuánto espacio tenemos para actuar de acuerdo con nuestras propias elecciones".

Eso significa que una persona puede sentirse muy autónoma en un ámbito y, sin embargo, descubrir que necesita mucha más aprobación en otro. Podemos tener claro qué queremos profesionalmente y, al mismo tiempo, ser incapaces de decir que no a determinados familiares; saber poner límites a los amigos, pero tener dificultades para hacerlo en pareja. Ser dueño de uno mismo no tiene por qué ser una condición absoluta.

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"Por eso, quizá la frase de Epicteto puede leerse hoy de una manera muy actual. Ser dueño de uno mismo no significa no dejarse influir por nadie, sino poder distinguir entre lo que realmente elegimos y aquello que hacemos únicamente porque necesitamos ser aceptados", concluye Violeta Acedo Herrera. Puede que esa sea la pregunta que mejor resume toda la reflexión. No tanto quiénes somos —una cuestión que puede cambiar y evolucionar a lo largo de la vida—, sino cuánto de aquello que hacemos nace realmente de nosotros. "Quizá una de las preguntas más interesantes que podemos hacernos no sea '¿quién soy?' sino '¿cuánto de lo que hago lo he elegido realmente yo?”', concluye la psicóloga.