Dolly Parton es, de manera indiscutible, una de las figuras más grandes de la historia de la música country, pero su legado traspasa sus inolvidables baladas, su inmenso talento como compositora -escribió I will always love you en una sola noche- y su carisma arrollador. Tras su triste fallecimiento a los 80 años, anunciado este martes 25 de agosto, nos hemos propuesto rememorar otro aspecto en el que también fue pionera e icono. A lo largo de las varias décadas, su inconfundible predilección por las lentejuelas, la pedrería y todo aquello que destellase bajo los focos se convirtió en su gran seña de identidad y cambió por completo los vestuarios de las grandes divas de la canción.
El legado de Dolly Parton en la moda de alfombra roja: brillo desmesurado para el uniforme de una diva
Al igual que su desparpajo y su afilado ingenio quedaron plasmados en las letras de sus canciones, sus elecciones de vestuario siempre fueron igual de audaces y valientes. Cubierta de pedrería de pies a cabeza, esta leyenda musical comenzó a bañarse en diamantes de imitación en la década de los 70 y, hasta sus últimos días, siguió deslumbrando con esa estética única que fusiona la opulencia de Hollywood y su glamour con el universo country.
En el vocabulario de Parton, no existía la palabra "sutil". En marzo de 1988, durante la 14º edición de los People's Choice Awards, una velada triunfal en la que se llevó a casa dos codiciados galardones, la artista hizo su entrada triunfal enfundada en un extravagante vestido blanco que ha pasado a la historia de la moda y nos parece especialmente relevante hoy, a solo horas de conocer la causa de su muerte.
Un look icónico de pedrería, abalorios y perlas en 1988
El diseño, confeccionado íntegramente con intrincados abalorios, presentaba espectaculares cascadas de flecos de cuentas que adornaban tanto el corpiño como el dobladillo inferior asimétrico, y de su cuello rígido caían joyas sobre un panel de tejido transparente, creando un efecto de pedrería fundida sobre la piel. ¿Te resulta familiar?
A nosotras, inevitablemente, se nos vino a la mente la ostentación característica de Bob Mackie, uno de sus diseñadores de cabecera y el mismo genio que construyó la icónica imagen de Cher en los años 70 y 80. Fue el artífice de los looks más memorables de la intérprete de Believe en aquella época, utilizando transparencias extremas, pedrería bordada a mano y voluminosas plumas. Su capacidad para transformar a las mujeres (ya de por sí arrolladoras y carismáticas) en auténticas diosas encajaba como un guante con la estética que Dolly estaba curando por su cuenta desde sus inicios en Nashville y que, en 2026, podríamos identificar con ella al momento.
Fiel a su máxima de "más es más", la cantante no escatimó esa noche de 1988 en los accesorios, apostando a lo grande por una lujosa estola larga de pelo blanco con la que prácticamente rozaba la alfombra roja a su paso, un bolso de mano tipo clutch completamente cubierto de cristales, zapatos de tacón peep toe a juego y unos pendientes colgantes de perlas en forma de lágrima que iluminaban aún más su rostro maquillado sin disimulo -el clean look ni se concebía- en tonos de rosa, morado, metalizados y champán.
El look de belleza, como se esperaba, fue el reflejo exacto de la opulencia de su vestido. Parton remató el estilismo con ese voluminoso peinado rubio platino y cardado por el que fue mundialmente conocida; una melena que, literalmente, parecía desafiar la gravedad y no abandonó en sus ocho décadas de vida.
Una predilección clara por la moda nupcial (a su manera)
Cuando Dolly Parton se casó con Carl Dean el 30 de mayo de 1966 en Ringgold, Georgia, lo hizo en una ceremonia sumamente íntima. En lugar de organizar un evento por todo lo alto, la joven pareja decidió darse el "sí, quiero" con la única compañía de tres personas: la madre de la cantante, el predicador y la esposa de este. Para aquella ocasión tan privada, lejos de los voluminosos vestidos de princesa, las lentejuelas o los flecos que definirían su carrera, la artista lució un sencillo vestido blanco hasta la rodilla que le había cosido su propia madre, acompañado de un modesto velo corto de tul.
Al no haber tenido nunca la oportunidad de vestirse formalmente de novia con la opulencia que tanto la caracteriza, y eso que su amor junto a Carl Dean prevaleció hasta la muerte de este en 2025, Dolly aprovechaba cada aparición pública, alfombra roja o entrega de premios para resarcirse, enfundándose en extravagantes y diseños de inspiración nupcial que la hacían sentir como la gran protagonista de su propio cuento de hadas.








