Puede que las últimas semanas de agosto supongan una pausa para las bodas en nuestro país, siendo junto a enero y febrero, temporada baja. Pero no es el caso de Dinamarca, donde el pasado fin de semana se celebró uno de los enlaces más esperados del año, que contó incluso con la presencia de los reyes Federico y Mary. Los monarcas daneses no quisieron perderse el 'sí, quiero' de Gregers Carl Preben Ahlefeldt-Laurvig-Bille con Cecilie Juhl, que tuvo lugar en la isla de Fiona, la tercera más grande del país.
Los soberanos mantienen una estrecha relación con el novio, quien es ahijado del rey Federico, y no fueron los únicos miembros de la realeza que se dejaron ver por allí, pues también acudió el conde Nicolás de Monpezat (26), hijo mayor de Joaquín de Dinamarca y la condesa Alexandra de Frederiksborg, junto a su novia, la modelo Benedikte Thoustrup. Aunque los ojos no solo estaban puestos sobre la lista de invitados de renombre, sino también sobre el vestido que lució la novia, el mejor secreto guardado del día.
Un vestido de novia con cuerpo de encaje floral como los de las grandes princesas europeas
La novia apareció radiante en su llegada a la iglesia de Kværndrup, un bonito templo rural de paredes blancas, luciendo un diseño de corte princesa con voluminosa falda. Una creación que destacaba por su cuerpo, de manga larga —la lluvia hizo acto de presencia en este enclave a dos horas de Copenhague caracterizado por sus temperaturas suaves— y confeccionado en un delicado encaje con motivos florales que formaban un escote en forma de corazón.
Una silueta que recuerda irremediablemente al que es considerado el vestido de novia más influyente de la era moderna. Hablamos de aquel que Grace Kelly lució en 1956 durante su boda con el príncipe Rainiero III. Fue un regalo de los estudios MGM para la actriz, diseñado por Helen Rose y confeccionado en tafetán de seda, tul, encaje de Bruselas y cientos de perlas bordadas a mano.
Estaba formado por un corpiño ajustado con cuello alto y mangas largas en encaje, un fajín plisado a la cintura y una voluminosa falda tipo globo. Un modelo que continúa inspirando a las novias siete décadas después y que ha servido de inspiración a princesas como Marie-Chantal de Grecia, Kate Middleton, Sassa de Osma, y ahora, también a Cecilie Juhl, quien incluso incorporó como lo hizo entonces Grace Kelly los botones al cuerpo.
La protagonista del día acompañó su sofisticado semirrecogido con ondas con una tiara de la familia de su ya marido: la misma que llevó en 2019 la princesa Alexandra de Sayn-Wittgenstein-Berleburg para su boda con el conde Michael.
Tras la ceremonia nupcial, los recién casados y sus asistentes festejaron el enlace en el castillo de Egeskov, una emblemática construcción renacentista danesa propiedad de la familia del cónyuge. La misma fortaleza albergó a la mañana siguiente un almuerzo tipo brunch de despedida destinado a los asistentes que pernoctaron en la propiedad.









