Días después de finalizar sus vacaciones de verano y retomar su agenda, los Reyes Federico y Mary han asistido a la boda más esperada en Dinamarca: la de Gregers Carl Preben Ahlefeldt-Laurvig-Bille con Cecilie Juhl. Considerado como el "sí, quiero" del año, ha reunido a la aristocracia danesa en un escenario único, la isla de Fionia, la tercera más grande del país.
La presencia de los Reyes en la lista de invitados —que se dio a conocer en julio— se debe a la estrecha conexión de la familia del novio con la realeza. Gregers Carl, que es ahijado de Federico X, es el hijo mayor de Michael Preben, conde de Ahlefeldt-Laurvig-Bille, destacado terrateniente y empresario agrícola, además de mecenas cultural y administrador del castillo de Egeskov, su residencia familiar. Aparte, el conde se casó en 2019 con Alexandra de Sayn-Wittgenstein-Berleburg, hija de la princesa Benedikte y prima hermana del Rey Federico.
El novio, ahijado del monarca, es hijo del conde Michael Ahlefeldt-Laurvig-Bille, y la celebración tuvo lugar en el castillo familiar de Egeskov, uno de los más importantes del país
La ceremonia tuvo lugar en la iglesia de Kværndrup y estuvo oficiada por el obispo Mads Davidsen, quien tiene una relación cercana con Federico.
Los Reyes acapararon todas las miradas a su llegada. Para la ocasión, Mary rescató de su armario un vestido que ya había llevado en anteriores ocasiones, en rosa empolvado con estampado floral. Se trata de un diseño de la firma neoyorquina Mikael Aghal, que estrenó en Australia en 2024 y repitió en junio de 2025, durante la cena de Estado celebrada con motivo de su visita a Nigeria. Completó el look con una de las piezas más significativas de su joyero: una tiara de rubíes, diamantes y espinelas, que adquirió en una subasta en 2016.
Un significativo paso
Entre los invitados también estaba un sobrino de los Reyes, el conde Nicolás de Monpezat, que es un gran amigo del novio. El hijo mayor de Joaquín de Dinamarca y la condesa Alexandra de Frederiksborg, de 26 años, acudió a la cita acompañado por su pareja, la modelo Benedikte Thoustrup.
La Reina apostó por un vestido rosa de estampado floral, que llevó en dos ocasiones anteriores, y una tiara de rubíes, diamantes y espinelas de su joyero personal
Es la primera vez que Nicolás, que al igual que su novia se dedica a la moda, asiste a una cita con la aristocracia y destacados miembros de la realeza, ya que, además de los Reyes, estaban la princesa Benedicta, hermana de la Reina Margarita, y dos de sus nietos, la condesa Ingrid y el conde Richard.
Esto es, sin duda, un importante paso en la relación de Nicolás y Benedikte, que comenzó en 2017, cuando eran tan solo unos adolescentes. Desde entonces han ido consolidando su relación e incluso abriéndose caminos profesionales similares.
Nicolás de Dinamarca asistía por primera vez a una cita con la realeza y la aristocracia con su novia, la modelo Benedikte Thoustrup, lo que es un significativo paso en su relación
Un castillo de cuento
Poco después de que los invitados llegaran al templo, hacía su entrada la novia, que para su gran día apostó por un vestido palabra de honor con una delicada capa de encaje de manga larga y botones en la parte frontal. Como peinado, optó por un semirrecogido con ondas y llevó una tiara de la familia de su ya marido: la misma que llevó, en 2019, la princesa Alexandra de Sayn-Wittgenstein-Berleburg para su boda con el conde Michael.
Tras el 'sí, quiero', los recién casados y sus invitados se trasladaron al castillo de Egeskov, perteneciente a la familia del novio y una de las joyas renacentistas de Dinamarca, donde tuvo lugar la celebración. Al día siguiente, en el mismo escenario, los novios ofrecieron un brunch para despedirse de los invitados que se hospedaron allí.
















