El Castillo de Egeskov se ha convertido en el escenario de una de las citas más destacadas de los últimos tiempos. Ellas, ataviadas con elegantes vestidos, y ellos, impecables de chaqué, han sabido cumplir a la perfección con la estricta etiqueta de los enlaces de la alta sociedad. Frente a este despliegue de alta costura se encontraba el conde Nicolás de Dinamarca, luciendo cruzada sobre el pecho la prestigiosa orden que le otorgó el rey Federico X tras su ascenso al trono; un reconocimiento que llegó tiempo después de que Margarita II lo despojara de su título de príncipe. Y aunque el propio Nicolás habló abiertamente de esta situación en su momento, todo ha quedado atrás para situarse hoy como uno de los invitados estrella de la que ya se perfila como la boda del año.
Este sábado, Dinamarca se consolidó como uno de los enclaves de referencia, pues la elegancia cobró vida en el Castillo de Egeskov, donde la reina Mary logró hacerse con el protagonismo absoluto de la jornada. La soberana deslumbró con un atuendo en tonos claros que combinó con la tiara más discreta del joyero real: una pieza adquirida en 2016 en subasta por un coste de 4.000 euros. Aunque la presencia de Federico X y la reina danesa estaba más que confirmada, no ocurría lo mismo con la del conde de Monpezat, quien acudió de la mano de su novia, Benedikte Thoustrup, convirtiendo su llegada en una grata sorpresa. El enlace entre Gregers Carl Preben Ahlefeldt-Laurvig-Bille, ahijado del monarca, y Cecilie Juhl ha supuesto un auténtico despliegue de elegancia, sofisticación y tradición, en el que la vestimenta del hijo del príncipe Joaquín logró acaparar todas las miradas por su gran significado dinástico.
Al ritmo de All You Need Is Love —Todo lo que necesitas es amor— de los Beatles, el conde de Dinamarca ha compartido su álbum más destacado de la jornada. Ataviado con un frac de gala, el hijo del príncipe Joaquín ha acaparado todo el protagonismo, no solo por la elegancia del conjunto compuesto por chaqueta, camisa, pantalón y un distinguido chaleco, sino por las valiosas insignias que lucía. El nieto de Margarita II ha exhibido una de las distinciones más importantes del país, cruzando sobre su torso la emblemática banda roja y blanca Danneborg de la que pende la Gran Cruz de la Orden de Dannebrog. Fue el pasado mes de mayo cuando su tío, el rey Federico X, lo condecoró junto a su hermano el conde Félix en una ceremonia privada en el Palacio de Amalienborg, reconociendo así el papel de los dos hermanos tras haber sido despojados de sus títulos de príncipes por decisión de su abuela. Y es que, el nieto de la reina Margarita II ha orientado su vida hacia el ámbito empresarial gracias a su formación académica. Hace dos años finalizó sus estudios de Máster en Ciencias en Economía y Administración de Empresas, con especialización en Gestión de Ventas, una preparación que le ha permitido compaginar su vida profesional con el modelaje.
Fue precisamente esta vida, orientada a un entorno ajeno al protocolo real, lo que derivó en la decisión de Margarita II de convertir en condes a los hijos del príncipe Joaquín, despojándolos de sus títulos de príncipes. Una medida enfocada a que pudieran vivir sin ataduras ni responsabilidades que frenasen su desarrollo profesional, aunque el proceso no resultara sencillo. "Tanto mi vida como el papel que antes desempeñaba han cambiado. Se tomó una decisión en mi nombre, y eso nunca es agradable, por supuesto", afirma el nieto de la reina en su serie documental, donde calificó como un "destierro" la medida adoptada por la madre del rey Federico X. "Como todo en la vida, intento sacar provecho de las cosas y verlas desde una perspectiva positiva. Ahora estoy en proceso de encontrar mi propio camino en la vida, con el rol y las circunstancias que tengo", declaró el joven, quien ahora ha vuelto a pasear por el castillo haciendo gala de la elegancia que acostumbra a reflejar en los desfiles más destacados de la moda.







