Psicología

El 'trauma' infantil de Jennifer Aniston, analizado por una psicóloga: "Puede traducirse en dificultad para decir que no, miedo a decepcionar o mucha vergüenza"


Está originado en una petición simple y muy habitual en muchas familias también hoy en día


Jennifer Aniston© Getty Images
24 de agosto de 2026 a las 18:05 CEST

Es conocido el trauma infantil de Jennifer Aniston con su familia, que la hacía bailar la danza del vientre cada vez que se reunía con el ‘clan’ paterno. Más que por el tipo de baile en sí, lo pasaba mal por el mero hecho de actuar delante de tíos, abuelos, primos…, algo que era muy común en esa parte de la familia, de origen griego. "A los griegos les encanta cualquier tipo de cena familiar. Preguntarán y te dirán 'levantémonos y miremos'", palabras que se han viralizado ahora, aunque ella se lo comentó al presentador Jimmy Kimmel hace ya un par de años. "Es como cuando le dices a tu hijo 'toca el piano para todos', 'canta para todos'; me entra tanta ansiedad cuando mis amigos le hacen eso a sus hijos…", confesaba con cierto tono irónico. "Siento que tengo un trauma interno por tener que actuar y bailar la danza del vientre frente a mi gran familia".

Aunque probablemente nosea un trauma infantil lo que le ocurre a Aniston, sino que más bien ella haya exagerado su vivencia de niña al comentarla en un contexto distendido como es el del programa Jimmy Kimmel Live!, sí es posible que impactara en ella mucho más de lo que los adultos de su familia pensaban en ese momento. Por eso hemos hablado con una psicóloga, Maria Jesús Andrés, fundadora de Psicomaster, para aclarar si este tipo de peticiones son adecuadas o no para los niños. 

Una situación aparentemente pequeña para un adulto puede dejar una huella emocional importante si el niño siente que sus límites no importan.

Maria Jesús Andrés, psicóloga y fundadora de Psicomaster

¿Puede llegar a causar realmente un trauma que se le pida a un niño o a una niña actuar, tocar un instrumento o demostrar otro tipo de habilidades ante un grupo de personas que no forman parte del núcleo familiar más cercano?

Pedirle a un niño que cante, baile o toque un instrumento delante de otras personas no es, por sí mismo, una situación traumática. La diferencia está en cómo lo vive el niño y en cómo reaccionan los adultos cuando expresa que no quiere hacerlo. Si se convierte en algo repetitivo, se le obliga, se ridiculiza su negativa o siente que tiene que acceder para no decepcionar a su familia, puede generar una experiencia de mucha vergüenza, indefensión o exposición.

Hablar de trauma requiere prudencia, porque no toda experiencia desagradable o incómoda lo es. Pero una situación aparentemente pequeña para un adulto puede dejar una huella emocional importante si el niño siente que sus límites no importan o que no tiene posibilidad de escapar de ella.

Aunque no llegue a desembocar en un trauma como tal, ¿qué impacto puede tener en los niños este tipo de solicitudes por parte de su familia?

Puede afectar especialmente a la relación que el niño establece con la exposición, la aprobación de los demás y sus propios límites. Algunos niños empiezan a anticipar con ansiedad las reuniones familiares porque saben que volverán a pedirles que hagan algo delante de todos.

También pueden aprender una idea peligrosa: "aunque algo me incomode, tengo que hacerlo para que los demás estén contentos". A largo plazo esto puede traducirse en dificultad para decir que no, miedo a decepcionar, excesiva necesidad de aprobación o mucha vergüenza cuando sienten que están siendo observados o evaluados.

¿Qué patrones familiares suelen estar detrás de estas situaciones donde el niño es usado para entretener o agradar a otros?

Muchas veces no existe una mala intención. Puede haber familias muy expresivas en las que enseñar las habilidades de los niños forma parte de la convivencia y se vive como una muestra de orgullo. El problema aparece cuando el deseo del adulto pesa más que lo que está sintiendo el niño.

También encontramos dinámicas donde existe mucha importancia de la imagen familiar, de "quedar bien" delante de los demás o de demostrar lo talentoso, simpático o especial que es un hijo. En esos casos existe el riesgo de que el niño sienta que recibe más atención o reconocimiento cuando cumple determinadas expectativas.

Jennifer Aniston, de niña, junto a sus padres, Nancy Dow y John Aniston en una imagen de 1975© Getty Images
Jennifer Aniston, de niña, junto a sus padres, Nancy Dow y John Aniston en una imagen de 1975

¿Por qué muchos niños, como Jennifer, sienten que no pueden decir que "no" incluso cuando están incómodos?

Porque los adultos son sus principales figuras de referencia y de seguridad. Un niño todavía no tiene la misma capacidad que un adulto para enfrentarse a la presión social o cuestionar una petición de sus padres, abuelos o familiares.

Además, captan enseguida mensajes como "venga, no seas vergonzoso", "hazlo por la abuela" o "solo un momento". Aunque parezcan frases inocentes, pueden transmitir que decir que no significa decepcionar a alguien. Por eso es tan importante enseñarles desde pequeños que pueden expresar incomodidad y que un “no quiero” también merece ser escuchado.

Jennifer Aniston ha comentado que ahora le produce ansiedad cada vez que es testigo de ese tipo de situaciones cuando algún amigo o familiar le pide eso a sus hijos. ¿Cómo frenarlas con educación si se ve que el niño está incómodo?

No hace falta generar un conflicto. Se puede intervenir con naturalidad y quitar presión al niño: "No pasa nada si hoy no le apetece", "que lo haga cuando quiera" o "no hace falta que nos lo enseñe ahora". Lo más importante es no convertir la negativa del menor en otro espectáculo.

Tampoco conviene preguntarle delante de todo el mundo por qué no quiere hacerlo. Basta con validar su decisión y cambiar de tema. El adulto puede actuar como protección sin hacer que el niño vuelva a sentirse observado.

Un niño puede sonreír o acabar haciendo lo que se le pide y, aun así, estar incómodo. 

Maria Jesús Andrés, psicóloga y fundadora de Psicomaster

¿Cómo pueden los padres darse cuenta de que este tipo de situaciones están afectando al niño y que es mejor pararlas?

Hay señales bastante claras: que se esconda, se quede muy callado, evite mirar a los adultos, diga repetidamente que no, se agarre a sus padres o intente marcharse. En otros casos puede aparecer irritabilidad, llanto o enfado. También hay señales más sutiles.

Un niño puede sonreír o acabar haciendo lo que se le pide y, aun así, estar incómodo. Conviene fijarse en si esa sonrisa parece nerviosa, si busca constantemente la mirada de sus padres o si después comenta que le dio vergüenza o que no quería hacerlo. Los adultos no deberían esperar a que el niño llegue al llanto para considerar válido su malestar.

En caso de que el niño no se sienta incómodo, ¿pueden suponerle algún tipo de beneficio?

Sí. Cuando nace de forma voluntaria puede ser incluso una experiencia muy positiva. Mostrar una habilidad delante de familiares puede reforzar la autoestima, aumentar la confianza y permitir al niño disfrutar compartiendo algo que le gusta.

También puede ayudarle progresivamente a desenvolverse delante de otras personas. La clave está en que tenga capacidad de elección. No es lo mismo un niño que dice entusiasmado "¡mirad lo que sé hacer!" que uno al que los adultos tienen que convencer repetidamente para que actúe.

¿Por qué muchos padres tienen la necesidad de demostrar que su hijo es muy bueno en algo?

Porque los logros de los hijos también despiertan emociones muy intensas en los padres. Sentirse orgulloso de ellos es completamente natural. El problema surge cuando el éxito o el talento del hijo se convierte, de alguna manera, en una extensión de la propia identidad del adulto. A veces existe además una cierta comparación entre familias: quién habla antes, quién saca mejores notas, quién toca un instrumento o quién destaca en un deporte.

Sin darse cuenta, el adulto puede pasar de compartir con orgullo algo que hace su hijo a necesitar que el niño lo demuestre. El objetivo debería ser que el niño desarrolle sus capacidades para disfrutarlas y sentirse competente, no para sostener las expectativas o la necesidad de reconocimiento de los adultos.