Úrsula Corberó se encuentra inmersa estos meses en el rodaje de la segunda temporada de la serie internacional The Day of the Jackal (Chacal), en la que vuelve a interpretar a Nuria, la esposa del personaje de Eddie Redmayne. La actriz, que ha convertido la moda y las alfombras rojas en una parte importante de su carrera, también ha hablado en numerosas ocasiones de su obsesión por el cuidado de la piel.
En un momento en el que manchas, tono irregular, deshidratación e imperfecciones están a la orden del día por los estragos que el verano causa en la piel, las declaraciones que la intérprete hizo en una entrevista en el pódcast argentino Sería increíble vuelven a cobrar actualidad. Úrsula contó que tiene una piel "muy sensible y con rosácea" y confesó uno de sus tratamientos favoritos: Indiba.
Para la artista, su profesión tiene mucho que ver con lo mucho que le gustan el skincare y los tratamientos de belleza en cabina. "Soy una obsesa de la piel, el Indiba es buenísmo y lo recomiendo mucho. Es aparatología y lo que hace es regenerar el colágeno, si no me equivoco", dijo Corberó. Explicó que le gusta "ponerse como un loro" en el sentido de que le encanta preparar bien su piel y aplicarse distintos productos y probar cosas nuevas.
Hemos querido saber qué puede aportar realmente la radiofrecuencia a una piel sensible y con rosácea y hasta qué punto puede mejorar su firmeza, textura y aspecto, de la mano de varios expertos. Hemos querido saber hasta qué punto pueden estos protocolos de radiofrecuencia retrasar los efectos del envejecimiento en pieles sensibles y te contamos qué opinan al respecto los expertos.
Radiofrecuencia, envejecimiento y piel sensible
"La radiofrecuencia facial es un tratamiento no invasivo que utiliza energía térmica para reorganizar el colágeno y la elastina de las capas más profundas de la piel", explica la doctora estética Rita Sêco. La especialista señala además que se trata de un procedimiento especialmente interesante cuando se buscan resultados rápidos y sin tiempo de recuperación.
Por otra parte, la rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica. Los expertos aseguran que no es lo mismo una rosácea estable y controlada que un brote puntual a la hora de elegir un tratamiento de belleza pero advierten de que siempre hay que contar con el asesoramiento de un profesional. Lo recomendable es que un dermatólogo valore el estado de la piel y determine si ese procedimiento, esa tecnología y esos parámetros son apropiados.
Los errores que más cometen las pieles sensibles
Más allá de la aparatología, para la Dra. Alejandra Reolid, dermatóloga y colaboradora de NAOS, hay algo fundamental: una piel sensible necesita una rutina que respete su barrera cutánea. "La piel sensible es más vulnerable a irritaciones. Una rutina diaria con productos dermatológicos ayuda a restaurar, proteger y calmar la piel", explica. En este sentido, apuesta por fórmulas biomiméticas con pH fisiológico que permitan eliminar impurezas y contaminantes sin agredir la barrera natural de la piel. Y hay tres gestos cotidianos que pueden marcar la diferencia:
Olvidar el protector solar
La exposición solar es uno de los principales desencadenantes de los brotes de rosácea. La fotoprotección debe mantenerse durante todo el año, también en los días nublados.
Limpiar de forma demasiado agresiva
Exfoliantes con partículas, tónicos con alcohol o productos demasiado astringentes pueden irritar una barrera que ya es más vulnerable. En una piel con rosácea, limpiar no debería equivaler a dejar la piel tirante.
Utilizar agua demasiado caliente
Los contrastes térmicos y el calor pueden favorecer la vasodilatación y desencadenar o intensificar el enrojecimiento. Por eso, mejor agua tibia y evitar cambios bruscos de temperatura.
El error de querer arreglar la piel después del verano demasiado deprisa
Eeste último punto resulta especialmente relevante ahora. Después del verano, cuando el sol y la exposición ambiental pueden dejar manchas, tono irregular, deshidratación o una textura menos uniforme, es habitual querer recuperar la piel de golpe.
El problema es que una piel con rosácea no siempre tolera bien esa estrategia. Introducir varios ácidos, exfoliantes o tratamientos intensivos al mismo tiempo puede acabar generando más irritación que beneficios. En una piel sensible, el objetivo no debería ser hacer más, sino hacer lo necesario y hacerlo bien. Primero, proteger y reforzar la barrera cutánea; después, cuando la piel esté estable, valorar qué activos o tratamientos pueden ayudar a mejorar aquello que realmente preocupa.







