La casa de 120 m² en Mirasierra que toda familia con niños querría copiar: cocina conectada, zona de juegos y mucha luz
Una distribución completamente replanteada, una estructura de hormigón convertida en protagonista y una conexión constante con el jardín definen esta vivienda de Mirasierra, diseñada para acompañar a una familia en todas las etapas de su vida
La primera conversación entre el arquitecto e interiorista Jorge Alonso y los propietarios de esta vivienda apenas giró en torno a estilos decorativos. Lo que realmente importaba era otra cosa: construir un hogar cómodo, luminoso y preparado para adaptarse al paso del tiempo.La pareja, con un hijo pequeño y la ilusión de ampliar la familia, quería una casa donde cada decisión respondiera a una forma de vivir, no a una tendencia. Conocieron el trabajo del estudio a través de las redes sociales y de proyectos publicados en revistas de decoración. Desde la primera reunión comprobaron que compartían una misma manera de entender la arquitectura, lo que hizo que la confianza surgiera de forma natural.
La reforma integral de este piso de 120 m2, situado en el barrio madrileño de Mirasierra, partía además de una ventaja poco habitual: dos amplias fachadas inundan el interior de luz durante todo el día. Sin embargo, la distribución original desaprovechaba ese potencial con una sucesión de espacios muy compartimentados y largos recorridos. La intervención dio un giro completo a esa organización, eliminó barreras innecesarias y encontró en la propia estructura de hormigón uno de sus mayores atractivos.
La zona de estar se ha organizado con un sofá y una chaise longue dispuestos en L, alrededor de una mesa de centro redonda y frente a un mueble bajo en madera en el que se apoya el televisor. Todo transmite equilibrio, fruto de una convicción que el estudio defiende en cada reforma: una casa debe adaptarse a quienes la habitan y no al revés.
Pegado al respaldo de la zona de estar se encuentra el comedor, decorado con una mesa ovalada y cuatro sillas de madera con asiento de fibra natural. La elección del mobiliario responde a la misma idea que guía toda la reforma: optar por piezas discretas, cero llamativas. El protagonismo recae en las proporciones, la entrada de luz y una distribución muy medida, pensada para que la circulación resulte cómoda incluso cuando la casa reúne a familia y amigos.
"Para mí, la arquitectura y el interiorismo nunca son dos etapas independientes. Desde el primer momento pienso la estructura, la iluminación, los materiales y el mobiliario como parte de un mismo planteamiento. Cuando todo responde a una intención común, el conjunto se percibe con mucha más naturalidad y llega un momento en el que resulta difícil distinguir dónde termina la arquitectura y dónde empieza el interiorismo", explica Jorge.
Un cerramiento que cambia por completo la percepción del espacio
Uno de los aciertos de la reforma es el cerramiento de vidrio que separa –y a la vez conecta– la cocina del salón. Desde la entrada de la vivienda se ve, en una sola línea, la cocina, el comedor y el jardín al fondo. Jorge Alonso lo explica de forma sencilla: buscaba que la luz de las dos fachadas recorriera toda la casa, sin estancias aisladas por tabiques opacos.
La distribución en L de los muebles, que combinan dos acabados diferentes, libera espacio en el centro de la estancia para montar una zona de comedor: una mesa redonda con cuatro sillas verdes que rompen, con un golpe de color, la base neutra de blancos y maderas. Es un rincón pensado para los desayunos, las meriendas de los niños o las cenas entre semana.
En esta estancia vuelve a cobrar protagonismo la estructura de hormigón visto, una decisión que Jorge Alonso señala como una de las que mejor representan el espíritu de la reforma y de la que se siente especialmente orgulloso. "En realidad, creo que resume muy bien mi manera de entender la arquitectura: no se trataba de imponer una arquitectura nueva, sino de descubrir y potenciar la que ya existía".
El área más luminosa de la habitación se reservó para montar una zona de juegos con un mueble bajo con cajones que vienen muy bien para organizar cuentos, muñecos y demás juguetes.
Desde el principio, Jorge Alonso tuvo claro que no estaba diseñando una casa para el presente, sino un hogar capaz de evolucionar junto a la familia. El trabajo previo fue tan exhaustivo que durante la obra apenas fue necesario modificar las decisiones importantes. La confianza de los propietarios permitió afinar pequeños detalles sobre la marcha sin alterar el planteamiento inicial.
Esa relación se hizo todavía más especial durante una visita de seguimiento, cuando la pareja le anunció que estaba esperando su segundo hijo. Un momento que recuerda con especial cariño porque entendió que ya no estaba diseñando solo una casa; también estaba acompañando a una familia en una etapa muy importante de su vida.
Es la estancia donde la casa gana un punto más divertido, sin perder la elegancia que recorre el resto de la vivienda. Los revestimientos juegan con los tonos blancos y verdes: baldosa geométrica en el suelo, friso de azulejos en la parte baja de la pared y pintura lisa en el tramo superior. Sobre el mueble volado en madera, un lavabo tipo bol en blanco se combina con grifería en latón y un espejo redondo con marco a juego.