Raquel Sánchez Silva es una viajera empedernida. Y en esta pasión por la aventura le sigue toda la familia. Cada verano, la presentadora organiza (detalladamente durante meses) un gran viaje con su pareja, Matías Dumont, y sus hijos gemelos, Mateo y Bruno, que pronto cumplirán 11 años.
Si el verano pasado el destino fue Japón, que recorrieron en profundidad desde Tokio hasta las islas de Okinawa, esta vez ha podido hacer realidad uno de sus grandes sueños: viajar a México y bucear rodeada de animales marinos. Lo que Raquel no llegó a imaginar es que iba a compartir ese baño... ¡con una manada de orcas! En este recorrido que la presentadora comparte con sus seguidores, descubre la enorme riqueza natural y cultural de Baja California Sur, una tierra de desiertos, oasis, playas y uno de los mares con mayor biodiversidad del planeta.
DE LOS DIOSES DE TEOTIHUACÁN A LOS GIGANTES DEL MAR DE CORTÉS
Este recorrido familiar comienza en el corazón cultural del país y termina en uno de los escenarios marinos más extraordinarios del planeta: Baja California Sur, donde el desierto llega hasta un mar de aguas transparentes y la vida marina puede convertirse en protagonista absoluta.
La primera escala ha sido Ciudad de México, una de esas ciudades que necesitan varios viajes para empezar a descifrarlas. Raquel y su familia se instalaron en Polanco y desde allí se adentraron en algunos de sus grandes iconos. El primer gran impacto llegó con Teotihuacán, la monumental ciudad prehispánica conocida como la Ciudad de los Dioses. Fundada hace más de dos mil años, llegó a convertirse en una de las mayores urbes de la antigua Mesoamérica, con una población que pudo alcanzar entre 100.000 y 200.000 habitantes. Su enorme Avenida de los Muertos, las pirámides y la precisión de su trazado urbano, relacionado con criterios astronómicos, explican que siga siendo uno de los grandes lugares arqueológicos de México.
El viaje continúa hasta la Basílica de Guadalupe, a unos 10 km del centro histórico. El santuario está construido en el Cerro del Tepeyac, lugar donde, según la tradición, la Virgen se apareció a Juan Diego en el año 1531. El complejo religioso está formado por varias iglesias, plazas y edificios históricos. Y lo que más llamó la atención de Raquel y su pareja fue la gran columna central o eje de 42 metros de altura que sostiene el edificio.
La siguiente parada fue en Xochimilco, al sur de Ciudad de México (a unos 25 km), una imagen inédita con sus canales y chinampas, islas artificiales de cultivo, son el último gran vestigio del paisaje lacustre prehispánico de la capital y forman, junto con el Centro Histórico, parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1987. El paseo en trajinera, las barcas tradicionales de llamativos colores y decoradas con flores, es una de las experiencias clásicas, aunque para disfrutarlo en familia con mayor tranquilidad conviene evitar las horas de máxima afluencia.
LA CASA AZUL Y LOS BARRIOS QUE NO HAY QUE PERDERSE EN CIUDAD DE MÉXICO
Hay que sacar tiempo para visitar Coyoacán, uno de los barrios históricos del sur de la capital, con raíces anteriores incluso a la fundación de México-Tenochtitlan. Allí se encuentra la Casa Azul, la vivienda en la que nació y murió Frida Kahlo y que desde 1958 funciona como museo. El inmueble familiar fue adquirido por su padre, Guillermo Kahlo, en 1904, y conserva todavía ese carácter íntimo que permite acercarse a la vida cotidiana de la artista.
Los barrios de Roma y Condesa, el Bosque y el Castillo de Chapultepec, el Museo Nacional de Antropología y el Paseo de la Reforma completan esta primera inmersión en una capital que mezcla la herencia indígena, la arquitectura virreinal, las grandes avenidas y una cultura contemporánea especialmente ligada a la gastronomía y al arte. Los domingos, como comprobó Raquel, el Paseo de la Reforma se convierte además en un gran espacio peatonal para recorrer la ciudad de otra manera.
Pero el verdadero cambio de escenario llega cuando el avión pone rumbo a Baja California Sur. La península de Baja California, una de las más largas del mundo, se extiende durante más de 1.200 kilómetros entre paisajes de desierto, sierras, cactus, playas y dos mares, y en su extremo sur adquiere una personalidad propia.
LA PAZ, EL GRAN ACUARIO MARINO
La primera parada de la familia en Baja California Sur es La Paz, capital del estado y una de las mejores bases para descubrir este extraordinario litoral. Su malecón, sus playas y su bahía conviven con una naturaleza marina excepcional. Es, además, uno de los lugares de referencia para observar al tiburón ballena y acercarse a la fauna del golfo de California.
Desde la ciudad, se puede hacer una excursión a Coromuel, la playa más cercana, y a Balandra, posiblemente la imagen más reconocible de La Paz. La playa de arena blanca, aguas turquesas y poca profundidad, un paisaje casi irreal que se ha hecho muy popular en Instagram. Precisamente para protegerlo, el acceso está limitado actualmente a 450 personas por turno, de 8:00 a 12:00 y de 13:00 a 17:00, con entrada restringida y medidas específicas de conservación. Tecolote, más popular y concurrida, y El Tesoro, ideal para hacer snorkel, completan algunas de las playas que pueden incorporarse a la ruta.
Pero el gran descubrimiento de La Paz está mar adentro. Frente a la ciudad aparece el archipiélago Espíritu Santo, un conjunto de islas y pequeños islotes de acantilados rojizos, ensenadas y aguas de diferentes tonalidades que forma parte de un área natural protegida y del sitio Patrimonio Mundial de la UNESCO de las Islas y Áreas Protegidas del Golfo de California. Sus fondos marinos son extraordinarios y sus aguas albergan una de las colonias de lobos marinos más conocidas de la zona.
DE LOS CABOS A TODOS LOS SANTOS, LA OTRA CARA DE LA BAJA
Tras La Paz, el viaje de Raquel continúa hacia Los Cabos, donde la naturaleza más salvaje convive con grandes complejos turísticos. Es la parte más desarrollada de la península, pero basta con alejarse unos kilómetros para volver a encontrar carreteras desérticas, montañas y playas abiertas al Pacífico.
En dirección a Todos Santos aparece uno de los pueblos que mejor representan la transformación de Baja California Sur. Pueblo Mágico desde 2006, Todos Santos conserva edificios históricos, calles tranquilas, galerías de arte, talleres artesanos y restaurantes instalados en antiguas construcciones. Su particular mezcla de tradición, arte y ambiente bohemio le ha convertido en uno de los lugares preferidos de quienes buscan una Baja diferente a la de los grandes resorts. Lonely Planet lo considera uno de los pueblos más atractivos del sur de la península y destaca también sus playas, entre ellas Cerritos y Las Palmas.
Y aquí aparece una de las historias más conocidas del viaje: el Hotel California. Su nombre y la estética del establecimiento han alimentado durante décadas la leyenda de que inspiró la famosa canción de The Eagles, aunque la relación nunca ha sido confirmada. El propio misterio forma ya parte del atractivo de Todos Santos.
EL MAR DE CORTÉS, UN SAFARI MARINO CON DELFINES, BALLENAS, LOBOS MARINOS... Y ORCAS
El último tramo del viaje es el más espectacular. El Mar de Cortés, bautizado por Jacques Cousteau como «el acuario del mundo», concentra una extraordinaria diversidad de especies y en La Ventana, la familia de Raquel pudo contemplar lobos marinos, tortugas, delfines, ballenas y una enorme variedad de peces: unas 900 especies marinas y 33 las variedades de mamíferos marinos están presentes en este gran ecosistema.
Cabo Pulmo fue el destino donde Raquel hizo realidad uno de sus grandes sueños: es uno de los lugares más singulares para el encuentro con las orcas. Este parque natural, declarado área protegida en 1995, alberga el arrecife de coral más septentrional del Pacífico oriental tropical y el único del Golfo de California. Aquí es donde tienen lugar las inmersiones más increíbles con cetáceos, siempre controladas para minimizar el impacto de la actividad sobre los animales.
El gran momento de la aventura de la presentadora llegó a primera hora de la mañana, cuando tuvo la oportunidad de meterse en el agua y contemplar una manada de siete orcas. Una experiencia extraordinaria, pero también una buena muestra de que en Baja California Sur la naturaleza no se visita como un escenario: se espera, se observa y, cuando el mar quiere regalarlo, aparece. "Que no se me olvide, decía muy sonriente Raquel, porque esto es muy difícil que pase".
Este viaje por México comenzó para su familia entre pirámides, museos, barrios históricos y la memoria de Frida Kahlo, pero termina bajo el agua, en un territorio donde desierto, coral y fauna marina forman uno de los paisajes más sorprendentes del planeta.















