De Sara podemos decir que es una viajera inquieta, de esas a las que les gusta descubrir el mundo, pero a un ritmo pausado, saboreando cada momento vivido, dejándose sorprender y emocionándose. El mar, la naturaleza, los paisajes y esa manera de viajar sin demasiadas prisas forman parte de su particular brújula viajera.
No ha sido su mejor año, después de la pérdida de su madre en el pasado mes de abril y, pese a su dolor, no ha querido renunciar a hacer pequeñas y grandes escapadas junto a los suyos, a esos que, como ella misma dice, le dan la vida. Tras su escapada a Cádiz junto a algunas de sus mejores amigas, en el mes de julio, agosto ha dado paso al que está siendo uno de los viajes de su vida.
Ecuador ha sido el país elegido por ella y su pareja, el empresario canario Jota Cabrera, donde han recorrido muchos de sus rincones más destacados. Quito –donde pasaron por la casa del pintor Oswaldo Guayasamín–, la Amazonia ecuatoriana –una de las zonas más salvajes del país–, para luego poner rumbo a las islas Galápagos, en el corazón del Pacífico, donde ella misma nos ha mostrado cómo ha caminado por la costa entre leones marinos o ha nadado en el océano entre delfines.
“Qué auténtica maravilla”, ha dicho la periodista, que está disfrutando emocionada de la experiencia. Kayak, snorkel, paseos en barco, caminatas… son muchas las actividades que se pueden realizar allí y esta es una guía por si, como Sara Carbonero, te decides a explorar este archipiélago volcánico convertido en uno de los mayores paraísos naturales del mundo para observar fauna.
¿Dónde están las islas Galápagos?
Un archipiélago remoto en todos los sentidos. Es cierto que pertenecen a Ecuador, pero cuidado, porque estas islas se localizan en pleno Pacífico y a unos mil kilómetros de la costa continental. Está formado por 13 islas principales, 6 islas de menor tamaño y más de un centenar de islotes, rocas y pequeños escollos, surgidos de una intensa actividad volcánica.
No todo el territorio está abierto al turismo. El Parque Nacional protege alrededor del 97% de la superficie terrestre del archipiélago y el acceso a buena parte de sus espacios está estrictamente regulado.
Solo algunas islas están habitadas y preparadas para recibir visitantes, mientras que otras se conocen únicamente a través de rutas organizadas y autorizadas.
Un encuentro con animales que no temen al ser humano
Este remoto archipiélago volcánico reúne algunos de los paisajes y animales más extraordinarios del planeta. Aquí, una playa puede estar ocupada por una colonia de leones marinos, una iguana puede cruzarse tranquilamente en el camino y una tortuga gigante puede contemplar al visitante con una calma que sorprende.
El aislamiento ha sido precisamente su gran secreto. Durante millones de años, las islas evolucionaron prácticamente al margen del resto del mundo, dando lugar a especies que no existen en ningún otro lugar. Es una de las razones por las que Galápagos está considerada uno de los grandes santuarios naturales del planeta y por las que su nombre quedó para siempre ligado a Charles Darwin, que llegó aquí en 1835 a bordo del HMS Beagle. Lo que encontró durante aquella expedición sería fundamental para desarrollar años después su teoría de la evolución.
Hoy, buena parte del archipiélago está protegida como Parque Nacional y el conjunto forma también parte del Patrimonio Natural de la Humanidad y de la Red Mundial de Reservas de la Biosfera de la Unesco. Viajar hasta aquí no significa simplemente contemplar naturaleza: supone entrar en un ecosistema extraordinariamente frágil que ha conseguido conservar una biodiversidad excepcional.
Una de las experiencias más sorprendentes de Galápagos es comprobar la cercanía de su fauna. Los animales autóctonos no han desarrollado el mismo comportamiento de huida que encontramos en otros lugares del mundo y pueden permanecer a escasa distancia de los visitantes.
Las enormes tortugas que dieron nombre al archipiélago son uno de sus grandes símbolos. Algunas pueden superar el siglo de vida y su presencia recuerda hasta qué punto este territorio ha permanecido aislado. También encontrarás iguanas marinas, capaces de alimentarse bajo el agua y exclusivas de estas islas, además de pingüinos, cormoranes, albatros, tiburones, rayas, tortugas marinas y colonias de leones marinos.
Un paisaje nacido de los volcanes
La fauna es la gran estrella, pero el paisaje no se queda atrás. Galápagos es un territorio volcánico en constante transformación, formado por numerosos volcanes y coladas de lava que recuerdan el origen geológico de las islas.
Cada una tiene su propia personalidad. Hay costas negras de aspecto casi lunar, playas blancas, manglares, cráteres, bosques de cactus y rincones que cambian por completo según la isla en la que nos encontremos.
En Floreana, por ejemplo, Punta Cormorán sorprende por el tono verdoso de su arena, relacionado con los cristales de olivino presentes en el terreno volcánico. Isabela, la isla de mayor tamaño, es especialmente espectacular por sus paisajes volcánicos. Su origen relativamente reciente ha permitido conservar grandes extensiones de lava y algunos de los escenarios más salvajes del archipiélago.
Galápagos bajo el agua
La aventura no termina en tierra. Las aguas que rodean las islas esconden otro de los grandes tesoros del archipiélago y practicar snorkel o buceo permite descubrir un universo poblado por tortugas marinas, tiburones, rayas, pingüinos y una enorme variedad de peces.
Las diferentes corrientes marinas que confluyen alrededor de Galápagos favorecen una extraordinaria riqueza de vida marina. Lugares como León Dormido, frente a San Cristóbal, son especialmente apreciados para sumergirse y observar tiburones y otras especies.
Santa Cruz, San Cristóbal e Isabela
Hay tres islas especialmente interesantes para empezar a descubrir Galápagos.
Santa Cruz combina naturaleza y servicios y permite acercarse a algunos de los lugares más conocidos del archipiélago. Aquí se encuentran la estación científica Charles Darwin y los impresionantes cráteres conocidos como Los Gemelos, además de rutas para caminar o recorrer en bicicleta.
San Cristóbal, donde se encuentra Puerto Baquerizo Moreno, capital de la provincia de Galápagos, ofrece una buena combinación de naturaleza, playas y alojamientos. Entre sus grandes atractivos están La Lobería, frecuentada por leones marinos, y León Dormido, uno de los lugares más conocidos para observar fauna marina.
Isabela es perfecta si buscas una experiencia más salvaje por sus enormes paisajes volcánicos, sus playas y su extraordinaria. Aquí habitan, entre otras especies, pingüinos y los curiosos cormoranes no voladores.
Un viaje que exige hacerlo con respeto
Galápagos es uno de esos destinos en los que viajar implica también entender la necesidad de proteger aquello que se ha venido a conocer. El acceso está limitado y existen normas estrictas para evitar que el turismo altere un ecosistema tan delicado.
Precisamente esa regulación forma parte de la experiencia. No se trata de un destino para recorrer deprisa, ni de un lugar en el que todo esté al alcance del visitante. Hay zonas restringidas, recorridos establecidos y espacios donde la presencia humana está cuidadosamente controlada. Y ahí reside parte de su magia: en Galápagos todavía es posible sentir que la naturaleza tiene el protagonismo absoluto.
Cómo recorrer las islas Galápagos
La mejor manera de conocer el archipiélago dependerá del tiempo disponible y de lo que se quiera descubrir. Una opción es establecerse en alguna de las islas habitadas y realizar excursiones de un día. La opción más recomendable es hacerlo con agencias que se encargan de toda la organización desde España, como VOLĀRE (byvolare.com/es).
Otra opción es embarcarse en un crucero. Viajar en barco permite desplazarse entre diferentes islas mientras se duerme a bordo y llegar a zonas más alejadas que serían difíciles de visitar desde una única base. Hay itinerarios de distinta duración.
Los desplazamientos y las visitas están muy regulados. El objetivo es preservar un territorio especialmente vulnerable al impacto humano, por lo que muchas de las zonas protegidas solo pueden visitarse en grupos y acompañados por guías autorizados. Es también la razón por la que conviene organizar el viaje con antelación.
















