VERANO EN EL ALGARVE

El pequeño refugio portugués que es uno de los secretos mejor guardados del Algarve: coquetas casitas de postal, ambiente relajado, playas de ensueño


Pocos conocen que, a un pequeño salto desde España, aguarda un pequeño pueblo en el que disfrutar de los placeres más mundanos.


Cacelha Velha, Algarve, Portugal.© Shutterstock
Cristina FernándezPeriodista de Viajes
17 de agosto de 2026 a las 7:30 CEST

Dos o tres calles empedradas, de esas que concentran todos los encantos del sur de Portugal, componen esta suerte de refugio algarvío. Un puñado de casas encaladas con ventanas ribeteadas de colores —unas pintadas de azul; otras, de amarillo o rojo— y tres o cuatro restaurantes que hacen las delicias de quienes saben apreciar lo que comerse el mar significa, completan aún más sus atractivos. De regalo, una diminuta iglesia con vistas al mar. Imposible encontrar una estampa más idílica, ¿no crees?

Pues así es Cacela Velha. El pueblito de postal a un salto de la frontera con Huelva, donde apenas vive un centenar de personas —si es que llegan— y en el que pasan pocas cosas, pero a la vez, muchas. Sobre todo, al llegar el verano. Es entonces cuando su aparcamiento, ampliado en los últimos años, no da abasto para acoger a todas esas personas que arriban a su territorio en busca del disfrute tranquilo. Eso sí: una vez se logra encontrar el hueco, da comienzo la jornada estival perfecta. Una experiencia que engloba paisajes únicos, interesante historia y, lo más importante: desconexión.

Cacela Velha, Vila Real de Santo Antonio, Algarve, Portugal, Parque Natural Ria Formosa© Geography Photos/Universal Image
El nombre del pueblo se debe a una antigua fortificación.

Un enclave de lo más disputado

La localidad, que cuenta con una posición privilegiada, se halla aferrada a un promontorio sobre el Parque Natural da Ria Formosa y cuenta con 2.000 años de historia. Y es que lo que hoy se nos desvela como un apacible refugio fue, durante mucho tiempo, un lugar estratégico con vistas privilegiadas sobre la costa, de ahí su aspecto de fortaleza. Hasta aquí llegaron fenicios, cartagineses, romanos y musulmanes atraídos por su localización: no en vano se cree que el propio nombre del pueblo, Cacela, procede muy probablemente del árabe qastalla, que haría referencia a la fortificación que dominaba el lugar.

Fue tras la Reconquista cristiana, ya en el siglo XIII, cuando la villa pasó a formar parte del Reino de Portugal, manteniendo esa importancia defensiva frente a los ataques de los piratas y corsarios que a menudo se dejaban ver por estos lares. Tras el gran terremoto de 1755, aquel que asoló Lisboa, gran parte de las construcciones medievales se vieron afectadas, y por esta razón muchos de los edificios que hoy contemplamos corresponden a la reconstrucción que se llevó a cabo en el siglo XVIII. 

Calle de Cacela Velha, Algarve, Portugal.© Shutterstock
Callejuela empedrada de Cacela Velha.

La esencia del Algarve concentrada

Recorremos tranquilamente las callejuelas empedradas de Cacela Velha, empapándonos de ese ambiente relajado que lo gobierna todo. Algunas casas mantienen sus ventanas entreabiertas, permitiendo que la brisa marina se cuele por ellas y agite levemente los visillos. Hay otras que cuentan con una pequeña terraza junto a la puerta principal, una suerte de vergel de buganvillas en el que algún molinillo de colores rueda sin cesar. Un gato disfruta de una siesta bajo una silla y otros protagonistas de la estampa, como nosotros, aprovechan para inmortalizar cada detalle con sus teléfonos móviles. 

Iglesia de Cacelha Velha, Algarve, Portugal.© Shutterstock
Iglesia de Nossa Senhora da Assunção.

Alcanzamos así el mirador junto al que se yergue la iglesia Matriz de Nossa Senhora da Assunção. Se levantó en el siglo XVIII sobre las ruinas de un antiguo templo medieval y muestra la sencillez propia del tipo de arquitectura religiosa algarvía. Con su fachada encalada impoluta, su interior atesora un bonito retablo barroco digno de contemplar. 

Cacela Velha, Algarve, Portugal, vistas a las Ria Formosa© Shutterstock
Los paseos en Cacela Velha se disfrutan con vistas a la Ria Formosa.

Pero si hay algo que impresiona de Cacela Velha, son sus vistas. Admirar cómo el paisaje del Parque Natural da Ría Formosa, desplegado a sus pies, se transforma según avanza el día, es un ritual casi mágico. Según baja o sube la marea, este inmenso laberinto de lagunas y marismas, de bancos de arena e islas-barrera que se despliega a lo largo de 60 kilómetros de costa, adquiere una imagen diferente. Con la toalla, el bronceador y la sombrilla bajo el brazo, descendemos, siguiendo el camino señalado, hasta alcanzar la arena: con la marea baja podremos avanzar a pie hasta alcanzar la playa. Con la marea alta, sin embargo, podremos elegir si colocarnos las pertenencias a buen recaudo y atravesar los canales que se forman con el agua hasta la cintura hasta la lengua de arena, o contratar los servicios de un barquero que, por un módico precio —alrededor de 2 €—, nos llevará hasta el lugar elegido. A la hora de regresar, deberemos deshacer el camino teniendo en cuenta lo que ya sabemos: estamos en un escenario vivo, en constante transformación.

restaurante Casa Velha, Cacela Velha, Algarve, Portugal
Restaurante Casa Velha.

Y será el momento entonces de disfrutar de horas de baños de sol y refrescantes chapuzones en las frías aguas del Atlántico. Quizás, en algún momento, haga su aparición un tradicional vendedor de bolinhas —típicos dulces del sur de Portugal— y no tendremos más remedio que caer en la tentación. Cuando el hambre apriete de verdad, eso sí, subiremos para ir pidiendo la vez en Casa Velha, uno de los restaurantes más populares de la localidad. Un paraíso para los amantes de las ostras —recién capturadas en la ría, cómo no—, las sapateiras —bueyes de mar— y el arroz caldoso con lingueirão —navajas—, siempre acompañados del vino de la casa. Auténtico, sencillo y de calidad. 

Casas da Quinta Cima, Cacela Velha, Portugal© RICARDO OLIVEIRA ALVES,Ricardo Oliveira Alves
Casas da Quinta de Cima.

Amor por el lujo sencillo

Habrá que dejar atrás la parte urbana de Cacela Velha, enfilar uno de los carriles que parten de su zona histórica para adentrarse en campos de cultivos y rutas secundarias, para alcanzar Casas da Quinta de Cima (casasdaquintadecima.com), el hotelito boutique más increíble que jamás hayamos imaginado. Diez minutos de reloj que nos llevarán frente a su verja de entrada: una vez la traspasemos, el tiempo se parará.

Porque de eso trata, efectivamente, el lujo que ansiamos: el que nos lleve a desconectar, a bajar pulsaciones y entregarnos a las cosas sencillas de la vida, pero con ese puntito de exclusividad que lo hace más especial. Propiedad de la familia Ramírez, apellido que arribó a estas tierras en el siglo XIX para traer consigo el negocio conservero al Algarve, la finca rural fue utilizada durante décadas con fines agrícolas hasta que, ya en 2020, sus integrantes decidieron transformar las instalaciones en un alojamiento de lujo de lo más espectacular. 

Casas da Quinta Cima, Cacela Velha, Portugal© RICARDO OLIVEIRA ALVES,Ricardo Oliveira Alves
Los alojamientos ocupan las antiguas viviendas de los trabajadores agrícolas.

Para ello trabajaron con el arquitecto João Pedro Falcão de Campos, quien supo convertir las antiguas casas de los jornaleros en 9 coquetas habitaciones dotadas de todo tipo de prestaciones: un acogedor salón, cocina por si se quiere independencia, terraza privada y baño con suelos radiantes son solo algunos detalles. Los antiguos almacenes de fruta de la finca son hoy salones vestidos con piezas de mobiliario vintage de lo más excepcionales, donde siempre están presentes los materiales naturales —la madera, la cerámica, el mimbre...— combinados de manera magistral. 

Casas da Quinta Cima, Cacela Velha, Portugal© RICARDO OLIVEIRA ALVES
Casas da Quinta Cima.

El hotel cuenta, además, con dos villas ocultas entre los campos de cultivo, que se extienden a lo largo de 50 hectáreas muy cerquita del mar, ideales para quienes ansían algo más de privacidad. Un comedor y una terraza exterior continúan engrosando la lista de espacios comunes; estos, ideales para disfrutar de desayunos eternos y una cuidada selección de recetas para picar. Una extensa biblioteca y un gimnasio completan su magnífica oferta. 

Casas da Quinta de Cima, Cacela Velha, Algarve, Portugal
La piscina, el espacio más deseado en verano en Casas da Quinta de Cima.

Pero nosotros decidimos volver a ponernos el traje de baño. Nos echamos al hombro la cestita de cortesía que encontramos en el armario de nuestra suite y nos entregamos al mayor placer de todos: la piscina de Casas da Quinta de Cima aguarda rodeada de frondosa vegetación y hamacas ideales para el descanso entre baños al sol. Un edén único del que no querremos, damos fe, escapar nunca jamás.