UN 'SÍ, QUIERO' EN BUENOS AIRES

Victoria, la novia que creó su propio ramo la noche antes de la boda, llevó pendientes de su abuela y recorrió un camino de árboles hasta el altar


Nuestra protagonista, de raíces españolas y argentinas, lució un vestido de Alejandra Valero con un detalle muy especial


© Emilia Gualdoni Fotografia
Cristina GonzálezRedactora de FASHION
4 de octubre de 2026 a las 19:27 CEST

La noche antes de casarse, Victoria todavía no tenía el ramo. O, al menos, no el que terminaría llevando hasta el altar. Sin embargo, horas antes había recibido una sorpresa organizada por su prometido: multitud de flores enviadas por familiares y amigos. Junto a su madre y su hermana, decidió escoger sus favoritas de entre todas aquellas composiciones y creó con ellas su propio bouquet.

La protagonista de esta historia tiene raíces españolas y argentinas, dos culturas que quiso que estuvieran muy presentes en su boda y, especialmente, en su look nupcial. "Buscaba una mezcla de la elegancia española con el espíritu bohemio argentino, siempre desde la sutileza, y que encajara con el entorno del campo", nos explica.

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Un vestido de novia convertible firmado por Alejandra Valero

Para dar forma a lo que había imaginado confió en Alejandra Valero, pues admite que desde el primer momento que entró en su atelier en Madrid sintió algo muy especial. "La calidez de Concha y Ale, la manera en la que entendieron mi estilo  y los bocetos que hicieron desde el inicio fueron espectaculares", nos cuenta sobre las diseñadoras de la firma, que son madre e hija. "Pero lo que terminó de enamorarme fueron las telas: únicas, distintas, con una personalidad increíble".

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Nuestra novia tenía, además, un requisito para su diseño: quería un vestido palabra de honor que dejase la espalda ligeramente al descubierto. "En muchos sitios me habían dicho que esa combinación no era posible, pero con ellas no hubo esa limitación: escucharon lo que quería y encontraron la manera de hacerlo realidad".

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El resultado fue una creeación confeccionada en bambula de seda con una elegante caída, que contaba con tiras cruzadas en la parte posterior, a modo de corsé para mantenerlo bien sujeto, y que acompañó con una capa de tul con flores bordadas en lurex dorado.

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"Sabía que no quería un segundo vestido, pero sí quería sentirme cómoda para la fiesta, así que pensamos que un diseño convertible era la mejor opción", cuenta Victoria. "Una vez que quitabas la capa al vestido, resultaba fresco, ligero y muy cómodo para disfrutar hasta el final".

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Como muchas novias españolas, Victoria también se dejó conquistar por el calzado de Flordeasoka para completar su estilismo, luciendo unas sandalias de tacón en lino verde que más tarde cambió por unas botas bajas.

"También llevé unos pendientes vintage, un regalo muy especial de mi abuela que no pudo acompañarnos ese día", recuerda. "Dudé bastante con el tocado, pero finalmente decidí no llevarlo para dar protagonismo a la capa y a los pendientes". Para el look beauty, optó por un recogido bajo y un maquillaje muy natural: "No suelo maquillarme mucho y para mí era importante verme y sentirme yo misma".

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Una boda en Buenos Aires entre grandes jardines y canchas de polo

El lugar elegido para el 'sí, quiero' fue la Asociación Argentina de Polo, en una casona rodeada de naturaleza. "La ceremonia religiosa fue en el mismo lugar, al aire libre, en un camino de árboles que creaba una luz preciosa. La recepción se realizó fuera y pusimos una carpa estilo beduina, mientras que la cena y la fiesta fueron en el interior".

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Una boda para la que los novios contaron con un equipo de wedding planners: "Plan Events fueron fundamentales, sobre todo porque organizar una boda desde otro país siempre suma dificultad. Aun así, ambos nos involucramos mucho en todo el proceso", explica Victoria, que junto a su pareja, Gianmarco, reside en España.

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Para la decoración establecieron un estilo elegante y rústico, "un equilibrio entre lo argentino y lo europeo". A las flores blancas que estaban presentes durante la ceremonia, incorporaron después toques de amarillo, naranja suave y rosa claro, tanto en la vegetación como en frutas como limones y limas. "Las velas aportaron calidez y, en la carpa , colgamos lámparas de mimbre y pequeñas luces".

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Victoria recuerda uno de los momentos más especiales de la boda, el que tuvo lugar durante la ceremonia, cuando pidieron permiso al cura para intercambiar sus votos: "Era importante para nosotros poner en palabras lo que sentíamos frente a nuestra familia y amigos".

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Victoria y Gianmarco se conocieron cuando iban al colegio, pero su historia de amor no comenzó hasta que ambos llegaron a la universidad. "Llevábamos nueve años juntos cuando me propuso matrimonio. La pedida fue en Uruguay, donde veraneamos muchas veces, en una playa al atardecer, un momento lleno de intimidad y sencillez". La boda tuvo lugar un 20 de diciembre, a punto de empezar el verano argentino, y con ella celebraron una década de relación.