Llegas al final del día agotada, con la sensación de no haber parado ni un segundo, y aún así te das cuenta de que, entre tantas tareas, no has tenido tiempo para ti. Has tachado de la agenda tus tareas del trabajo, hecho los recados oportunos o limpiado la casa tras un fin de semana non-stop. Sin embargo, puede que sea el momento de detenerte y repasar una de esas frases que, aunque tenga siglo y medio de antigüedad, golpea con una vigencia incómoda. Es de Henry David Thoreau: "No basta con estar ocupado. También lo están las hormigas. La pregunta es: ¿en qué estamos ocupados?".
El filósofo estadounidense, referente del trascendentalismo, autor y ensayista dejó a su paso multitud de ideas y preguntas que todavía hoy siguen resonando. Él estuvo dos años en una cabaña junto a largo sin distracciones ni artificios. De allí surgió su obra Walden, de 1854, que se alzó en fama por su exhaustiva observación naturalista, su crítica social y su análisis filosófico. Si bien de esta obra surgieron multitud de reflexiones, las palabras del escritor sobre el tiempo y las actividades a las que se lo dedicamos, adquieren hoy más peso que nunca.
En un momento donde la productividad se encuentra en la mesa de debate y multitud de vídeos que circulan por Instagram se debaten entre seguir pautas hiper estrictas, o, procrastinar, hablamos con el psicólogo sanitario, director de David Gómez Psicología y autor, David Gómez (@davidgomezpsicologo).
La productividad, un arma de doble filo para el bienestar
Según nos explica el experto, "Thoreau pone el foco en una distinción que hoy es aún más necesaria que cuando escribió esta frase. Estar ocupado, tener mil planes, estar a tope y que no nos dé la vida no significa que estemos viviendo en una dirección adecuada". Y es que, si lo piensas, vivimos rodeados de una cultura que aplaude precisamente lo contrario: la agenda a rebosar, el "no paro", el mérito social de no tener ni un hueco libre. David Gómez lo resume así: "Vivimos en una cultura que premia la productividad, llenar la agenda, no disponer de tiempo para nada, encadenar planes, tareas y llegar al final del día con la sensación de no haber parado".
El problema, señala, es que "podemos hacer esto una y otra vez sin preguntarnos si estas cosas son realmente importantes para nosotros". Ahí es donde entra la comparación con las hormigas, tan certera como incómoda. "Estar ocupado no tiene ningún mérito especial, más allá de la palmadita social en la espalda. Lo que nos hace ser humanos conscientes es preguntarnos hacia dónde nos dirigimos al realizar esta concatenación de actividades. Es decir, no se trata de cuánto hacemos, sino de para qué lo hacemos y qué tipo de vida estamos construyendo", explica el especialista.
Ir en piloto automático puede frenar tu autoconocimiento
David Gómez asegura que este patrón es muy habitual en su consulta: "Vemos con frecuencia personas que llevan toda su vida funcionando en piloto automático. Cumplen sobradamente con lo que les toca, llegan a todo, solucionan problemas, atienden obligaciones y viven conforme se les ha enseñado, pero apenas encuentran un espacio para preguntarse cuestiones como ‘¿esto que ocupa todo mi tiempo es importante para mí?’, ‘¿estoy dedicando mi energía a personas, experiencias y proyectos que realmente valoro?’, ‘¿cómo me siento cuando paro para ver una serie o leer?’".
Según el especialista, esa necesidad de estar constantemente activo puede esconder algo más profundo: "En muchas ocasiones, mantenerse tan ocupado puede funcionar como una forma de evitación. Mientras nos mantenemos tan ocupados no tomamos contacto con determinados contextos, sensaciones, pensamientos, emociones e insatisfacciones vitales. Una agenda llena puede estar siendo compatible con una vida de la que, paradójicamente, nos estamos alejando", advierte el psicólogo.
La clave, según él, "es plantearse si nuestras acciones están siendo fruto de la inercia y la presión social, o si existe cierta coherencia entre aquello que nos importa y nos resulta valioso y significativo y aquello a lo que estamos dedicando nuestro finito tiempo".
Cómo empezar a invertir bien tu tiempo
Ante la pregunta de qué estrategias seguir para romper con la rutina y enfocarnos en lo verdaderamente necesario, David Gómez propone empezar por observar. "El primer paso, y quizás el que más nos cuesta, es observar nuestra rutina. Ser conscientes de manera plena de cómo vamos transitando los días. Un ejercicio útil, propone, es mirar nuestra agenda con los ojos de otra persona: si alguien pudiera conocernos únicamente a través de en qué invertimos nuestro tiempo, ¿qué diría que valoramos?”, propone.
Pruébalo: coge tu agenda de la última semana y léela como si fuera la de una desconocida. ¿Qué conclusiones sacarías sobre sus prioridades? El experto reconoce que este ejercicio "es muy potente porque nos ayuda a contactar con la considerable distancia entre nuestros valores y nuestra conducta. Podemos decir que nuestra pareja, amigos, familia, salud y hobbies son fundamentales y, sin embargo, comprobar que les dedicamos únicamente el tiempo que nos sobra después de atender todo lo demás".
A partir de ahí, David Gómez trabaja en consulta varias líneas de acción. La primera pasa por distinguir lo urgente de lo importante: "Lo urgente tiene la enorme capacidad para secuestrar nuestra atención, reforzado por la cultura de la hiperproductividad. Esto no tiene por qué representar lo importante, valioso o significativo para nosotros. Si esperamos a tener tiempo, lo único que va a pasar es que se nos pase la vida diluidos en un sinfín de tareas urgentes. Dar tiempo a lo importante tiene que ser una conducta elegida, flexible y consciente".
La segunda, quizás es la más difícil: aprender a quitar en lugar de seguir sumando. "Lo siguiente es romper con el patrón de añadir cosas para comenzar a quitar. Hacer deporte, cuidar a quien quieres o descansar mejor no puede caber en una agenda que nos está llevando al límite. Cambiar de dirección implica renunciar y asumir el coste emocional de decir ‘no’ o de poner límites", apunta el especialista. Y añade algo que conviene tener presente cuando el cambio cueste: "Comenzar a hacer lo importante requiere aprender a tolerar el malestar de romper con la rutina. Somos seres de costumbres y el cambio cuesta, requiere esfuerzo y genera incomodidad".
Una vida que merece ser examinada
Para cerrar, David Gómez insiste en que este trabajo no termina una vez hecho el cambio inicial, sino que debe mantenerse en el tiempo: "Una vez implementado, es importante revisar nuestras prioridades cada cierto tiempo. Una vida que no es examinada no está bien vivida. Tenemos una enorme capacidad de cambio para transformar una vida de incesante productividad en una que merezca ser vivida. Cabe plantearse esta pregunta: ‘¿estoy utilizando mi tiempo en vivir la vida que quiero?’".
Y quizás la reflexión final que extr sea la más sencilla de todas, aunque no la más fácil de aplicar: "Quizás la clave es comprender que el objetivo no puede ser hacer más cosas cada vez, sino conseguir que las cosas que hacemos sean conscientes, elegidas y de valor para nuestra vida y la persona que realmente queremos ser", concluye el psicólogo.
La próxima vez que sientas que no llegas a todo, quizás la pregunta no sea cómo hacer más, sino en qué merece la pena estar ocupada. Párate a analizar, toma nota y, como dice tanto el filósofo como el experto en salud mental, dedica tiempo a lo que sí consideres relevante.












