Después de recorrer los senderos del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, seguir la Ruta de los Volcanes, adentrarse en el bosque de laurisilva de Los Tilos, descubrir la arquitectura de Santa Cruz de La Palma o levantar la mirada hacia el cielo desde el Roque de los Muchachos, llega otro momento que también esencial en cualquier viaje a la isla canaria de La Palma, el de descubrir sus playas de arena volcánica.
En La Palma, además, hacerlo significa cambiar el paisaje habitual de arena dorada por otro mucho más singular. Aquí las playas son negras, fruto de su origen volcánico, y aparecen en escenarios muy diferentes: junto a pueblos y paseos marítimos, al pie de acantilados, entre plataneras o en rincones donde la naturaleza sigue imponiendo sus reglas.
Puerto Naos, la playa más grande de La Palma
En el suroeste de la isla, en el municipio de Los Llanos de Aridane, se encuentra Puerto Naos, la playa más grande de La Palma. Es también una de las más preparadas para pasar un día completo junto al mar, con paseo marítimo, palmeras, restaurantes, terrazas y una amplia oferta de alojamiento en sus alrededores.
Su arena negra tiene incluso ligeros tonos verdosos debido al polvo de roca de olivina, una particularidad que se suma a su origen volcánico. La playa cuenta con servicios, buenos accesos y oleaje moderado, y mantiene la Bandera Azul, que luce desde 2007.
También es un lugar ligado a las actividades en el mar y al parapente. Y para quienes prefieren mirar hacia las profundidades, sus fondos marinos han convertido Puerto Naos en uno de los puntos de referencia de la isla para el buceo, incluido el nocturno.
A tener en cuenta: Puerto Naos sufrió importantes restricciones después de la erupción del Tajogaite debido a la presencia de gases volcánicos. La playa principal volvió a abrir y la mayor parte del núcleo turístico está actualmente recuperada, aunque continúa el seguimiento de las emisiones y la zona de Playa Chica volvió, por fin, a abrirse al público este verano de 2026.
Charco Verde, una cala para disfrutar en familia
Muy cerca de Puerto Naos aparece un paisaje completamente diferente. Charco Verde apenas alcanza los 150 metros, pero su pequeño tamaño queda compensado por un entorno de acantilados, plataneras y vegetación que le da un marcado carácter natural.
El mar suele ser apacible, por lo que es una de las opciones más apropiadas de La Palma para quienes viajan en familia. Además, su acceso es sencillo por carretera y dispone de aparcamiento, chiringuito, duchas y accesos adaptados.
Entre surf y tranquilidad: Los Guirres y Puerto de Tazacorte
En la costa oeste, la playa de Los Guirres, también conocida como Playa Nueva, cambia el ambiente familiar por otro más ligado al surf. Es uno de los arenales de esta zona elegidos por quienes buscan olas y practicar deportes relacionados con el mar.
Muy cerca, en la desembocadura del barranco de Las Angustias, se encuentra Puerto de Tazacorte, una playa de arena negra de ambiente mucho más tranquilo y familiar. Un espigón protege la zona de baño y ayuda a mantener unas aguas más calmadas, mientras que el paseo marítimo, los restaurantes, las cafeterías y los servicios permiten combinar el baño con una comida frente al Atlántico.
Es, además, uno de los lugares de la isla donde merece la pena quedarse hasta última hora, porque tanto el puerto, como su entorno son conocidos por sus puestas de sol.
La Zamora y Echentive, dos playas entre volcanes
A medida que se avanza hacia el extremo sur de La Palma, el paisaje se vuelve todavía más volcánico.
La Zamora, en Fuencaliente, se encuentra bajo un acantilado y está dividida en dos zonas, Zamora Grande y Zamora Chica, separadas por un roque. Su arena negra y el contraste con el verde de las plataneras convierten esta pequeña cala en uno de los lugares más atractivos de la costa sur. Se accede por una escalera de piedra y sus aguas, profundas y con oleaje fuerte, hacen que sea especialmente apreciada por los aficionados al surf y al buceo.
Más adelante aparece Echentive, una playa nacida directamente de la actividad volcánica. Surgió tras la erupción del Teneguía de 1971 y forma parte del Monumento Natural de los Volcanes de Teneguía. Su paisaje de lava, arena negra y océano explica por qué es una de las playas más singulares de la isla.
Uno de sus atractivos son las charcas naturales que se forman junto al mar, donde es posible encontrar zonas más protegidas del oleaje. Cerca se encuentra también la histórica Fuente Santa, el manantial de aguas termales que quedó sepultado por aquella erupción.
Los Cancajos, el gran refugio para el baño y el buceo
En la vertiente oriental, a solo unos kilómetros de Santa Cruz de La Palma y del aeropuerto, Los Cancajos ofrece una imagen muy distinta. La playa se encuentra protegida por un rompeolas de roca volcánica que favorece unas aguas tranquilas y convierte la zona en uno de los mejores lugares de la isla para iniciarse en el buceo y practicar snorkel. Es una playa semiurbana, con arena negra y todos los servicios necesarios para pasar el día.
Además, sus fondos esconden un paisaje de cuevas y túneles de lava, junto a una rica vida marina, que hace que la experiencia bajo el agua tenga tanto interés como la que se disfruta desde la orilla.
Bajamar y Santa Cruz, playas para vivir la costa
Muy cerca de la capital se encuentra Bajamar, una extensa playa de arena negra de unos 700 metros que frecuentan especialmente los habitantes de la isla. Su proximidad a Santa Cruz permite combinar fácilmente el baño con un paseo por la capital.
Pero, si hay un lugar donde la playa forma parte de la propia vida urbana, es Santa Cruz de La Palma. La actual playa, inaugurada oficialmente en 2017, recuperó para la ciudad un espacio de baño que había desaparecido tras la construcción del paseo marítimo en 1949. Es una playa de arena negra, de fácil acceso. Aquí el plan puede ser tan sencillo como darse un baño, recorrer la avenida marítima y sentarse después a contemplar cómo cambia la luz sobre el Atlántico.
Los Nogales, la playa salvaje de La Palma
En el norte, en el municipio de Puntallana, Los Nogales representa la cara más salvaje de las playas palmeras. La arena volcánica oscura aparece al pie de un impresionante acantilado, rodeada por el verde característico de esta parte de la isla.
El acceso requiere caminar por un sendero de unos 500 metros desde el aparcamiento, pero es precisamente ese descenso el que hace que la llegada a la playa tenga algo de recompensa.
Es un lugar especialmente frecuentado por surfistas y amantes de la naturaleza, aunque hay que tener muy presente que se trata de una playa de oleaje fuerte y con precaución en el baño. Cuando el Atlántico está en calma, eso sí, darse un baño frente al acantilado y con el contraste entre arena negra, vegetación y mar azul es una de las experiencias más especiales de la costa de La Palma.











