Una casa decorada de una vez, con todos los muebles de la misma colección, resulta impecable, pero también corre el riesgo de parecer demasiado calculada. Frente a esa uniformidad, se impone una decoración más personal: interiores que se construyen con calma, poco a poco, y donde diseños actuales se mezclan con otros heredados o recuperados.
Ahí entra el llamado nuevo "vintage", un auge del interés por el diseño del siglo XX. El repertorio es enorme: las formas orgánicas de los años 40 y 50, el diseño escandinavo, la experimentación de los 60, las curvas y volúmenes de los 70… Diseñadores como Isamu Noguchi, Hans J. Wegner, Eero Saarinen, Gae Aulenti, Pierre Paulin, Afra y Tobia Scarpa o Charles y Ray Eames forman parte de ese legado. Muchas de sus piezas siguen editándose hoy; otras se pueden localizar en anticuarios, mercadillos, rastros, subastas y tiendas especializadas.
La cuestión está en saber integrarlas. Porque combinar piezas de distintas épocas, estilos y procedencias sin convertir la casa en un catálogo de diseño requiere criterio. No se trata de rodearse de muebles vintage, sino de escoger los que tienen sentido para cada espacio y encontrar la manera de relacionarlos con el resto de la decoración.
En este artículo te traemos 10 diseños del siglo XX que nos encantan y que dan muchas pistas sobre cómo llevar a casa el estilo de los grandes clásicos sin que el resultado parezca sacado de otra época.
El sillón Soriana de Afra y Tobia Scarpa, diseñado en 1969 para Cassina, tiene una silueta imposible de confundir. Sus formas envolventes y su volumen, que son sin duda parte de su atractivo, ya hacen mucho por la decoración.
También es importante la distancia entre piezas. Un asiento voluminoso necesita aire alrededor y agradece estar acompañado por elementos visualmente más ligeros. Es una cuestión de proporción: si todo pesa, nada destaca.
Un comedor con sillas de diferentes épocas es una de las formas más fáciles de llevar el nuevo vintage a casa, siempre que la mezcla tenga algún criterio. En este caso aparece, entre otras, la S661 de Günter Eberle, un diseño de 1954 (con carcasa de madera), y la S4, de Mart Stam, en 1931 (sin patas traseras), junto a otros asientos de procedencias y estilos distintos. Todas, de Thonet.
La clave no está en que todas se parezcan, sino en encontrar un punto de unión. Puede ser el color, el acabado de la madera, la ligereza de las estructuras o incluso una misma altura de asiento. Cuando las diferencias son grandes, una mesa de líneas sencillas ayuda a poner orden.
La mesa de centro Noguchi, diseñada por Isamu Noguchi en 1944 y fabricada por Vitra, tiene una apariencia sorprendentemente actual. Sus tres elementos (dos piezas curvas de madera y un sobre de cristal) forman una escultórica siluetafácil de integrar en un salón contemporáneo. El truco está en acompañarla de líneas rectas tal y como se ha hecho en este ambiente, decorado con un sofá de obra en L y una alfombra con un patrón a rayas.
En este proyecto de Lieve Studio para Jacob Delafon, en Casa Decor 2025, una gran obra de arte ocupa el centro de la composición y pone una nota gráfica y expresiva entre los dos sillones CH25, un diseño de Hans J. Wegner de 1950 para Carl Hansen & Søn. Su formato vertical contrasta con la disposición horizontal de las dos butacas y crea un eje visual que ordena el conjunto.
El dibujo, de líneas negras y fondo en rojo, blanco y amarillo, recoge además algunos de los colores presentes en el espacio, mientras que su lenguaje gráfico y rotundo actualiza la imagen de los sillones, de líneas limpias y estructura de madera.
El sillón Womb Chair de Eero Saarinen, diseñado en 1948 para Knoll, tiene en este ambiente un aliado muy claro: el rojo de su tapizado reaparece en la obra de arte de la pared y en las sillas del comedor.
La Kaiser idell, concebida por Christian Dell en 1936 para Fritz Hansen, es uno de los diseños más reconocibles de la Bauhaus. Por su tamaño (21 x 5 x 47 cm), no tendrás problema en encontrarle sitio. En un escritorio, una mesilla o una cómoda, su silueta destaca especialmente sobre muebles de líneas sencillas. Y si son de madera, mejor: el acabado cálido matiza el punto industrial del acero.
La firma danesa HAY ha recuperado diseños de Charles y Ray Eames que actualmente fabrica Herman Miller y los ha reinterpretado con nuevos colores y materiales. Entre ellos, la icónica silla de madera laminada moldeada de los años 40, que ahora está disponible en verde.
Tenlo en cuenta también si te animas a reciclar muebles viejos o heredados. Cuando el acabado original está muy deteriorado o la madera no es buena, pintarlos es una buena forma de darles una segunda vida.
Para integrarlo en una casa actual, el entorno tiene mucho peso. Paredes en tonos neutros, textiles lisos y muebles de líneas depuradas rebajarán el componente retro sin restarle personalidad al sillón.
Lo vemos en este comedor proyectado por Coblonal. Las sillas Cesca, un diseño de Marcel Breuer en 1928 que edita Knoll, son de acero tubular, madera y caña tejida a mano, y se han combinado con una mesa de roble macizo. Los acabados no son idénticos, pero sí de una gama similar, por lo que se crea un suave contraste que da riqueza al conjunto sin romper su armonía.
La lámpara Pipistrello, creada por Gae Aulenti en 1965 para Martinelli Luce, es uno de los grandes iconos del diseño italiano del siglo XX. Nació en pleno auge de la carrera espacial y de la fascinación por la tecnología y el futuro que marcó la década de los 60. Y eso también se nota en su diseño. La base es una estructura telescópica de acero que permite regular su altura y su pantalla, con formas ondulantes, evoca las alas de un murciélago en pleno vuelo, un guiño que da nombre a la pieza (pipistrello significa murciélago en italiano). Pero no se trata solo de estética: el difusor de metacrilato opalino proyecta una luz suave y envolvente, perfecta para crear ambientes cálidos.
En este caso, su diseño futurista complementa la estética vanguardista del salón que la interiorista Miriam Alía recreó para Bang & Olufsen en una de las últimas ediciones de Casa Decor.