Jorge Alonso, interiorista: "Las casas que recordamos son las que nos transmiten algo, las que cuentan una historia"


El miedo a equivocarse nos lleva a decorar a la defensiva. Pero elegir siempre lo seguro tiene un precio: espacios correctos que no emocionan a nadie. El interiorista Jorge Alonso da las claves para mezclar estilos, colores y materiales y acertar en el intento


Jorge Alonso interiorista© Carla Capdevila
12 de julio de 2026 a las 15:00 CEST

Durante mucho tiempo nos hicieron creer que una casa bien decorada era aquella en la que sofá, mesa de centro, aparador y muebles del comedor parecían haber salido del mismo catálogo. Después llegó la tendencia opuesta: mezclar estilos sin medida porque "todo vale"Ninguna de las dos fórmulas garantiza un buen resultado. Entre el exceso de coordinación y las mezclas imposibles existe un punto intermedio, ese en el que una pieza heredada queda de maravilla junto a un diseño contemporáneo, donde la madera, el metal o la piedra se equilibran sin competir y donde la elección de los colores nunca es casual. Hablamos con el interiorista Jorge Alonso para descubrir por qué unas combinaciones funcionan y otras no terminan de encajar, y cómo acertar sin caer ni en la uniformidad ni en el caos.

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Salón con butacas y mesa de madera maciza© Lourenço Teixeira de Abreu

La trampa del catálogo

El "todo a juego" sigue teniendo muchos seguidores porque transmite sensación de seguridad. Sin embargo, esa tranquilidad suele pagarse con espacios previsibles.

"Cuando todo pertenece a la misma colección, el espacio pierde alma." Jorge lo tiene claro: los interiores que dejan huella no son los más perfectos, sino los que cuentan algo de quienes viven en ellos. "Las casas que recordamos son las que nos transmiten algo, las que cuentan una historia", explica. Por eso defiende romper con la idea de que todos los muebles deben ser del mismo estilo. Una pieza heredada, un diseño contemporáneo o un objeto con valor sentimental aportan mucha más personalidad que un conjunto perfectamente coordinado. Lo mismo que este salón, un proyecto del estudio De Rosee Sa, donde los sillones de mimbre de Soho Home se han combinado con una mesa de centro vintage, de madera de roble, adquirida en la galería Considered Things.

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Salón con muebles clásicos y modernos© David Querolt

Mezclar sí, pero con un hilo conductor

Combinar muebles de distintas épocas es uno de los recursos más atractivos del interiorismo actual, aunque también uno de los que más dudas genera.

"El mayor error es mezclar por miedo a parecer aburrido. La mezcla tiene sentido cuando existe un criterio, aunque no sea evidente. Puede ser una gama cromática, un tipo de madera, unas proporciones similares o incluso una determinada forma de entender la luz", afirma el interiorista. 

No hace falta que todas las piezas pertenezcan al mismo estilo, pero sí que compartan cierta afinidad (el color, el material, el acabado…). En est salón, diseñado por Ingrid Matheu, tanto el sofá como las butacas de estilo clásico encajan perfectamente con las lámparas y la mesa de centro, piezas contemporáneas, porque mantienen una escala equilibrada.

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Salón con sofá blanco y toques de color© Paloma Pacheco

Las reglas están para cuestionarlas

La famosa regla del 60-30-10 –60% color dominante, 30% secundario, 10% de acento– lleva años circulando por revistas y webs de decoración como si fuera una fórmula infalible. Jorge la conoce bien, y su posición es clara: "Me parece una buena regla... para saltársela. Puede servir como punto de partida, pero el interiorismo no funciona con fórmulas matemáticas. Nunca empiezo un proyecto pensando en porcentajes de color, sino en cómo quiero que alguien se sienta al entrar en ese espacio."

Las reglas ayudan cuando cuesta arrancar, pero conviene entenderlas como una guía, no como una obligación. Un salón completamente neutro puede resultar lleno de matices si las texturas están bien elegidas. Del mismo modo, un espacio con mucho color puede mantener el equilibrio gracias a una buena distribución visual. Y qué mejor ejemplo que este proyecto firmado por Jorge Alonso Estudio, un salón en el que predominan los neutros salpicados con estratégicos toques de color.

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Salón con muebles de materiales diferentes© Westwing

Materiales: menos es más, pero no siempre

Madera, piedras, cristal, fibras vegetales, metales… La oferta es enorme y la tentación de utilizarlos todos también. Jorge resume el límite con una idea muy sencilla: "Cuando empiezas a fijarte más en los materiales que en el espacio, ya te has pasado." Lo relevante no es la cantidad, sino la coherencia entre ellos. 

"Lo que intento evitar es introducir materiales porque sí. Cada uno debe aportar algo, ya sea calidez, profundidad, contraste o continuidad", explica. Una buena regla práctica: antes de añadir un material nuevo, preguntarse qué pasaría si no estuvieraEl mix de materiales de este salón, decorado con muebles de Westwing, nos da otra pista de lo que sí funciona.

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Comedor con mesa y sillas de color blanco© Amador Toril

La textura, el ingrediente secreto

Si el color es lo primero que vemos en un espacio, la textura es lo que nos hace quedarnos. "Muchas veces un interior resulta acogedor precisamente porque las texturas crean profundidad sin necesidad de recurrir a grandes contrastes cromáticos", apunta el interiorista. Y así lo vemos en este salón, diseñado por Alberto Torres Interiorista, con el microcemento de la mesa, la tapicería de borreguito de las sillas, el lino de los visillos… 

"La piedra, la madera, los tejidos naturales o los acabados artesanales reaccionan de manera distinta a la luz y generan una riqueza que el color por sí solo no puede aportar", apunta el interiorista. Así, un salón completamente blanco puede resultar frío o extraordinariamente cálido dependiendo de si las superficies son lisas o rugosas, brillantes o mate, sintéticas o naturales. Combinar lino con terciopelo, cerámica artesanal con mármol pulido o madera cepillada con metal lacado es una de las maneras más eficaces de dar personalidad a un espacio.

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Pared decorada con obras de arte© Paloma Pacheco

Monocromía: elegancia o riesgo

Apostar por un solo color en todo el espacio puede ser una decisión brillante o una salida que acaba pesando"La monocromía puede ser tremendamente elegante o tremendamente aburrida", reconoce Jorge. "La diferencia está en si detrás hay arquitectura, luz y materiales que sostengan esa decisión."

Cuando se trabaja en clave monocromática, los matices lo son todo: el mismo tono en acabado mate, satinado y rugoso crea una riqueza visual que no necesita color adicional. "El problema llega cuando la monocromía se elige por descarte, para no tener que decidir, y el resultado es una uniformidad que aplana el espacio en lugar de definirlo", afirma el interiorista. 

En esos casos, un único elemento de contraste –un cojín, una pieza cerámica, una planta…– puede ser suficiente para rescatar el conjunto. Una solución que vemos en este ambiente de un salón diseñado por Manuel Espejo Estudio, donde las obras de arte rompen con la seriedad de los neutros.

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Dormitorio con pared del cabecero de color verde© Carla Capdevila

Las combinaciones arriesgadas también tienen reglas

Terracota con rosa empolvado, verde oliva con azul petróleo, negro combinado con maderas oscuras… Algunas mezclas parecen difíciles sobre el papel y, sin embargo, ofrecen resultados espectaculares. Solo tienes que fijarte en este dormitorio, otro proyecto firmado por Jorge Alonso Estudio.

"La diferencia nunca está en el color, sino en la intención. Ningún color funciona de manera aislada, y jugar con estas combinaciones de colores bien trabajadas puede enriquecer el espacio mucho más que apostar por un único tono", responde el interiorista, para quien la proporción, la luz y los materiales que acompañan a esos colores son los que deciden si la combinación eleva el espacio o lo desequilibra. 

"Copiar una combinación porque está de moda suele ser mucho más arriesgado que apostar por una paleta pensada para ese espacio. El contexto siempre manda", afirma. 

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Salón con sofá blanco y juego de mesas nido© Carla Capdevila

El equilibrio también depende de la escala

No solo se mezclan estilos y colores. Las proporciones también marcan la diferencia entre un ambiente armónico y otro desordenado.

"Si todas las piezas reclaman atención, el resultado es ruido", nos cuenta. Un sofá de gran volumen necesita respirar alrededor, o, como vemos en este salón diseñado por Jorge Alonso Estudio, unas mesas ligeras pueden convertirse en el contrapunto perfecto precisamente porque no intentan competir. Lo mismo sucede con los estampados: uno grande y otro pequeño suelen entenderse mejor que dos con la misma intensidad. La mirada agradece los cambios de ritmo.

"El equilibrio no consiste en que todo tenga el mismo peso, sino en saber dónde quieres que empiece la mirada y cómo hacer que recorra el espacio de forma natural."

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Rincón de trabajo con mesa de madera y silla de fibra© Viu Empordà

Saber cuándo parar

La última pregunta que le hacemos a Jorge Alonso es quizá la más difícil: ¿cuándo se ha terminado de decorar un espacio? "Cuando empiezas a decorar por miedo al vacío, es el momento de parar", responde con claridad. "Los espacios necesitan respirar. El vacío también forma parte del diseño. Muchas veces es lo que permite apreciar todo lo demás. Un ejercicio muy sencillo que me gusta hacer es entrar en una estancia y preguntarme si hay algún elemento que realmente no echaría de menos. Si la respuesta es sí, probablemente sobra".  Con este rincón de trabajo de unas de las casas de alquiler de Viu Empordà, se entiende perfectamente lo que el interiorista nos quiere decir.

Y sus tres reglas finales para ir más allá del todo a juego sin perderse por el camino: "Compra menos y elige mejor, atrévete a dejar vacíos y deja que la casa evolucione contigo. Los interiores más auténticos se construyen poco a poco. Solemos pensar que una casa bien diseñada es la que impresiona cuando entras. Yo creo que es justo al revés: es la que hace sentir bien a quien vive en ella, incluso cuando nadie la está mirando. Y eso no se consigue haciendo que todo combine, sino consiguiendo que cada decisión tenga un porqué.