Sigfrido Serra, interiorista: "Una casa que permanece exactamente igual durante 20 años probablemente ha dejado de acompañar a quienes viven en ella”


El director de su propio estudio, con sede en Valencia y Madrid, y profesor en Barreira Arte + Diseño, desgrana los elementos que, según su experiencia, marcan la diferencia entre una casa bien decorada y un auténtico hogar, desde la luz natural hasta las piezas que cuentan una historia.


Retrato del interiorista Sigfrido Serra© Sonia Sabnani / Sigfrido Serra Studio
8 de septiembre de 2026 a las 7:08 CEST

Una casa se mira, pero un hogar se vive. Esa frontera, aparentemente sutil, es la que persigue el interiorismo cuando deja de pensar en metros cuadrados y empieza a pensar en personas. Entre ambas hay capas: luz, materiales con memoria, color que emociona, confort invisible y piezas con historia. Ningún catálogo puede vender esa sensación, y tampoco depende del presupuesto: se construye a base de decisiones pequeñas que, con el tiempo, terminan hablando de quien vive allí. Sigfrido Serra, interiorista fundador de Sigfrido Serra Studio (www.sigfridoserra.com) y Premio Escala de Interiorismo al Proyecto Residencial 2026, concedido por IDEQUO Madrid Interior Design School, repasa con nosotros los ingredientes que convierten cuatro paredes en un verdadero hogar.

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Comedor que hace un relato de quien lo vive, el diseñador de interiores y amante de las piezas icónicas Sigfrido Serra© FHE

Lo que diferencia una casa bonita de un verdadero hogar

Una casa bien decorada puede ser estéticamente impecable: buenos muebles, materiales de calidad, una iluminación perfecta. Pero un hogar tiene algo más difícil de proyectar, algo que ningún catálogo puede vender. Tiene emoción, tiene sentimiento, es el reflejo fiel de quien lo habita

“Para mí, la diferencia está en que una casa se mira y un hogar se vive”, explica Sigfrido. Esta distinción resume una idea que el interiorista defiende como principio de trabajo: el hogar habla de las personas que lo habitan, de sus costumbres, de sus recuerdos, de esas piezas heredadas o traídas de un viaje que tienen un valor que va mucho más allá de lo estético. El interiorista insiste en que esa sensación de hogar no depende de las variables que solemos dar por decisivas. “Después de más de una década proyectando viviendas, he aprendido que esa sensación de hogar rara vez depende del presupuesto o de los metros cuadrados. Lo que sí es determinante es lograr que un proyecto hable del cliente”, afirma. 

Esta manera de entender el diseño convierte al interiorista en algo más que un decorador de espacios: pasa a ser un intérprete de la identidad de sus clientes, alguien que traduce recuerdos y costumbres en materiales, distribución y luz. El resultado final no busca solo gustar a quien lo ve, sino acompañar a quien lo vive. 

En la propuesta, el comedor de la casa de Sigfrido, un espacio que demuestra su pasión por las piezas y luminarias de diseñadores de renombre: la escultural mesa ‘Burin’ ideada por Patricia Urquiola se acompaña de unas sillas ‘Quadra’, de Mario Ferrarini, todo producido por Viccarbe. Y la icónica lámpara de suspensión es ’PH5’, creada por Poul Henningsen y editada por Louis Poulsen.

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Cocina vivida, con plantas y cajas ‘vintage’ que la hacen de todo menos aséptica. Firma su diseño la interiorista Anouk de Lesparda© AdeL

Libros, objetos heredados y piezas que cambian de sitio: las señales que delatan una casa vivida

Cuando Sigfrido entra por primera vez en una vivienda, hay algo que le indica de inmediato si ese espacio está realmente vivido. “Lo percibes al entrar. Una casa vivida tiene capas”, explica el interiorista. Se refiere a la convivencia de piezas nuevas con otras antiguas, a los libros, los recuerdos y el arte que se acumulan con el tiempo, a esos objetos que han cambiado varias veces de sitio dentro de la casa

Son estas casas las que más le interesan, porque cuentan una historia sin necesidad de explicarla. Se construyen precisamente a través de esas capas superpuestas, no de una decoración cerrada desde el primer día. Para él, una casa realmente vivida tiene alma, nunca es del todo perfecta, y es justamente en esa imperfección donde reside su belleza.

Esta cocina, reformada por AdeL, sería prácticamente total white, salvo por la colorista composición de cajas de galletas y cereales vintage que se expone sobre el extractor.

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Rincón de lectura con una buena entrada de luz natural y también un diseño lumínico excelente, todo obra del interiorista Albert Ramoneda© Elton Rocha para Albert Ramoneda Studio

Por qué la luz natural condiciona más que cualquier material o color en una casa

El primer gesto que realiza el diseñador de interiores y docente al entrar en una vivienda nunca es mirar el suelo o las paredes. Camina directamente hacia las ventanas. Necesita entender cómo entra la luz, qué ocurre por la mañana, cómo cambia a lo largo del día y qué estancias reciben el último rayo de sol de la tarde. Es ahí, según él, donde empieza cualquier proyecto. Sigfrido sostiene que la luz natural es el primer material de una vivienda, aunque no pueda tocarse y esté en constante cambio. Condiciona la percepción del color, de los materiales y también el estado de ánimo de quien habita el espacio. De hecho, “la luz, tanto natural como artificial, determina completamente cómo percibimos un ambiente”, comparte el interiorista.

En la propuesta, un luminoso y tranquilo rincón de lectura, diseño de Albert Ramoneda Studio, con sillón y reposapiés de cuero, de Flexluxm y biblioteca a medida. La mesa auxiliar es de Kave Home, mientras que la lámpara de lectura es de la firma Marset.  

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Salón diseñado por el interiorista Sigfrido Serra con arte, mucho arte, los icónicos sofás ‘Togo’ y una chimenea que lo preside todo© FHE

La casa que sí funciona: no se debe imponer el diseño, sino realizarlo en función de cómo vive la familia

Durante mucho tiempo, la distribución de una vivienda se ha resuelto preguntando dónde colocar el sofá, la mesa de comedor o la televisión. Sigfrido prefiere partir de otra pregunta: cómo vive esa familia en concreto. Cómo desayunan, dónde leen, si cocinan juntos, cuántos amigos reciben en casa, dónde hacen los deberes los niños, cómo transcurre un domingo cualquiera. Esa manera de trabajar cambia también el diagnóstico de lo que un cliente cree necesitar. 

Muchas veces alguien pide una cocina más grande y, al conversar con él, se descubre que lo que en realidad busca es poder cocinar mientras habla con su familia, no más metros cuadrados. “La distribución debe adaptarse a la vida y no obligar a la vida a adaptarse a ella”, resume el interiorista, artífice del proyecto ‘Casa Nido’ del que vemos el salón, pensado para favorecer la conversación y convivencia y gracias a los sofás enfrentados, unos de los modelos más famosos de la historia del diseño, ‘Togo’ (creación de Michel Ducaroy), y al calor de hogar que ofrece la chimenea revestida en piedra.

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Ricos textiles en un dormitorio que también se viste con paneles de madera y alfombras, diseño de la interiorista Raquel González© Amador Toril para Raquel González Interiorismo

La memoria de los materiales

Hay materiales que invitan a quedarse: una madera cálida, una piedra con textura, un lino natural, una cerámica artesanal. Sigfrido defiende que los materiales tienen memoria: con el tiempo envejecen, cambian, adquieren pequeñas marcas y terminan formando parte de la historia de quienes conviven con ellos. 

La materialidad, en este sentido, va más allá de la estética: aporta la textura que hace que una casa no solo se vea, sino que también apetezca tocarla. Esta idea conecta con lo que ya ha demostrado la neuroarquitectura sobre el sentido del tacto: las texturas suaves generan confort y se asocian a interiores cálidos, mientras que las ásperas provocan rechazo y conviene evitarlas

En este dormitorio, Raquel González apuesta por una cálida presencia de la madera y unos textiles muy confortables: cabecero tapizado con una tela de Gastón y Daniela, nórdico de Zara Home y cojines verde agua, lino y caldero, de Pepe Peñalver.

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Cocina con mobiliario en madera, pero también con acabados verdes y naranjas, en un proyecto de PPT Interiorismo© PPT Interiorismo

Ni blanco ni gris: la razón de Sigfrido para huir de las casas sin personalidad cromática

Sigfrido es un apasionado del color desde hace años, quizá porque creció rodeado de muebles y entendió pronto que los espacios necesitan personalidad para emocionar. A quienes le preguntan por qué evita las viviendas completamente blancas o grises, responde con sencillez: las personas tampoco somos blancas y grises. Tenemos recuerdos, contradicciones, momentos tranquilos y otros llenos de energía.  

Esto no equivale a llenar una vivienda de colores intensos ni tiene que ver con el dopamine decor, la tendencia que apuesta por tonos vibrantes y estampados atrevidos para generar euforia inmediata. La neuroarquitectura ha señalado que el color exige equilibrio: usado sin criterio, puede sobreestimular el sistema nervioso en lugar de aportar bienestar. Sigfrido lo aplica con ese mismo cuidado: no persigue el impacto visual, sino la emoción sostenida. “No utilizo el color únicamente para decorar. Lo utilizo para provocar emociones”, explica el interiorista.

Sobre estas líneas, una cocina concebida por PPT Interiorismo con toques en color verde botella y naranja.

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Cortinas y tapicerías que visten un comedor y contribuyen a insonorizarlo© Güell Lamadrid

Acústica y temperatura: los elementos silenciosos que marcan la diferencia

Hay un elemento que probablemente pase desapercibido y que, sin embargo, resulta esencial para convertir una vivienda en un hogar: el confort invisible. Sigfrido lo describe como la suma de detalles que no se ven, pero se sienten: una buena acústica, una temperatura agradable, una iluminación artificial bien planteada, una circulación cómoda por los distintos espacios, una cortina o veneciana que tamiza correctamente la luz o un sofá en el que realmente apetezca sentarse.

En este ambiente de comedor, todos los textiles son de Güell Lamadrid, desde las livianas cortinas hasta la tapicería de las sillas, que pertenecen a la colección ‘Squella’, creada por Quintana Partners, logrando una mejor insonorización, dado que las telas también logran este efecto.

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Tienda de almonedas y antigüedades © Last Century Art en Mercantic

Del mueble heredado al recuerdo de viaje: la fórmula infalible para sentir una casa como propia

La luz natural de calidad, una distribución pensada para las personas, los materiales con memoria, el color como herramienta emocional y el confort invisible son cinco de los ingredientes que, según Sigfrido, convierten una casa en un hogar. El sexto y último cierra el círculo: las piezas con historia

Sigfrido, interiorista con múltiples participaciones en Casa Decor y galardonado recientemente con el premio Escala, defiende que algo muy interesante en una vivienda es romper la perfección de ‘lo nuevo’ Puede tratarse de un mueble heredado, una fotografía, una obra de arte, una pieza artesanal o el recuerdo de un viaje, incluso de un objeto sin valor económico aparente pero insustituible para quien lo conserva. En su propia casa guarda objetos que nunca elegiría por estética, pero que jamás sustituiría por estar ligados a personas o momentos concretos de su vida. “El diseño puede crear belleza, pero son los recuerdos los que terminan dando alma a una casa”, concluye Sigfrido.

Para quienes buscan ese tipo de piezas, Mercantic, en Sant Cugat (Barcelona), es un buen lugar para encontrar antigüedades, almonedas y artesanía. 

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Interiorismo emocional en un dormitorio ideado por Esther Algara con un cabecero con las baldosas hexagonal que Antoni Gaudí diseñó en 1904, un ‘panot’ muy querido por los barceloneses© Jordi Folch

La clave para huir de las tendencias pasajeras: escuchar antes de diseñar

Para que una vivienda refleje la personalidad de quien la habita sin caer en tendencias pasajeras, Sigfrido parte de escuchar a quien la va a habitar, mucho antes de empezar a diseñar. Intenta conocer no solo qué le gusta al cliente, sino cómo quiere vivir, dos cuestiones distintas que, según confiesa, son de lo que más disfruta de su trabajo. 

Las tendencias le interesan como reflejo cultural de un momento concreto, pero nunca deberían convertirse en el argumento principal de una vivienda, porque una casa tiene que durar mucho más que una moda. Por eso aconseja trabajar con materiales honestos, piezas con carácter, arte, objetos personales y colores que realmente conecten con quien va a vivir allí.

En este dormitorio de un piso en el Poblenou de Barcelona, la propietaria tiene un gran apego por su ciudad, así que pidió a la decoradora Esther Algara un cabecero muy especial. Entre ambas idearon un diseño realizado con las mismas losetas hexagonales que pavimentan el Paseo de Gràcia, pero coloridas (el modelo ‘Gaudí’, que fabrica Mosaics Torra).

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Vivienda ideada para que pueda mutar con las nuevas necesidades familiares. Un proyecto en Granollers (Barcelona) de Taller SAU© Andrés Flajszer para Taller SAU

Ni reformas constantes ni inmovilismo: la clave para que una vivienda evolucione con quien la habita

Para Sigfrido, un hogar no puede permanecer inmóvil. “Una casa que permanece exactamente igual durante 20 años probablemente ha dejado de acompañar a quienes viven en ella”, explica el interiorista. Cambian las familias, las rutinas, los gustos, la manera de trabajar e incluso de descansar, y la vivienda debería poder absorber todos esos cambios. No implica reformar constantemente: basta con el arte, los textiles, el color, una nueva pieza de mobiliario o el simple cambio de uso de una estancia o un rincón, ahora que los espacios son más flexibles

El diseñador considera que una casa nunca debería estar completamente terminada. “El interiorista crea el escenario inicial, el ideal, el soñado… pero son las personas quienes terminan escribiendo la historia”, añade. 

Un ejemplo de esta idea es la casa ‘Migdia’, en Granollers (Barcelona), de Taller SAU: una vivienda pensada para ir sumando dormitorios, baños o un despacho a medida que cambian las necesidades de quien la habita. Espacios abiertos, mucha luz y materiales neutros conforman un contenedor pensado para que sea el propietario quien le aporte personalidad con el paso de los años.

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Salón del piso en Valencia de Sigfrido Serra, una vivienda a la que el interiorista apoda ‘la casa verde’ porque una tonalidad verde Prada muy suave tiñe las paredes© FHE

Sigfrido Serra y su definición de hogar: “Un lugar que va acumulando la vida de quien lo habita”

Para Sigfrido, el ingrediente secreto que convierte una vivienda en un espacio muy especial es la mezcla. Su propio piso en Valencia (del que vemos el salón), lleno de muebles, luminarias y piezas icono del diseño, ha ido evolucionando con el tiempo porque él también ha cambiado. Ahí conviven muebles reconocibles del diseño con objetos personales, arte, recuerdos de viajes y elementos incorporados poco a poco, sin buscar que todo pertenezca al mismo estilo ni a la misma época. 

Este año se planteó pintar la casa y dudó entre mantener el verde o cambiar de color. Ganó el verde: la casa tiene alma con ese tono Prada, suave y apacible, y así debía seguir siendo. 

Su piso contiene muchas etapas de su vida, con objetos que hablan de su profesión, de su familia, de viajes y de personas importantes para él, por eso probablemente nunca estará completamente terminada. “Y quizá esa sea mi definición favorita de hogar: un lugar que va acumulando la vida de quien lo habita”, concluye el interiorista, para quien el objetivo nunca es impresionar en pocos minutos, sino diseñar casas que hagan felices durante muchos años.