Las vistas al embalse de Santillana fueron la clave para que la arquitecta Mónica Diago se enamorara de esta vivienda, situada en La Pedriza, en Manzanares el Real, y se decidiera a comprarla para convertirla en su segunda residencia. Construida en 1988 con el clásico estilo castellano de la sierra madrileña —fachada con el grueso garbancillo tan habitual en los pueblos de la época y carpintería en madera oscura—, era una finca que pedía una reforma integral, pero que prometía convertirse en el refugio perfecto para desconectar del ritmo de la ciudad.
Con cerca de 300 m² repartidos entre cuatro habitaciones, tres baños y una buhardilla que hace las veces de apartamento de invitados, la reforma parte de una premisa clara: mantener la volumetría y la esencia original, pero traducirlas a un lenguaje más contemporáneo, luminoso y relajado. Se sustituyeron las carpinterías, se renovó por completo la piscina, el paisajismo corrió a cargo de Fernando Nájera y hasta el antiguo garaje encontró una segunda vida. Así que si alguna vez te has preguntado cómo actualizar una casa de los 80 sin renunciar a su carácter, este recorrido por sus espacios —del salón a la piscina, pasando por la cocina y el jardín— te muestra cómo.
© Paloma Pacheco TurnesUn salón con salida a la terraza
Nada más entrar, la mirada se va hacia el ventanal corredero del salón, con vistas al embalse de Santillana y a La Pedriza tras un visillo de lino. A un lado, una chimenea en negro, con la leña ordenada en un hueco de obra, recuerda que esta casa también se vive en invierno. Mientras que las mesas de centro negras, de La Redoute Interieurs, hacen un guiño a los perfiles de las correderas.
"Esta casa nos conquistó por las vistas. Por eso, el exterior es tan importante como el interior y está diseñado para disfrutar", explica la arquitecta Mónica Diago. Basta sentarse aquí para entender a qué se refiere.
© Paloma Pacheco TurnesZona de estar para relajarse
El exterior se cuela en esta vivienda de la sierra madrileña en todas sus estancias, inundando todo de luz y energía. Para dejarle entrar, las ventanas se visten con ligeros estores que tamizan, pero permiten que entre el sol. En este universo blanco, cuyo estilismo firma Paloma Pacheco Turnes, son los detalles como los cojines o la lámpara de cerámica azul, de Borgia Conti, los que ponen la nota de color.
© Paloma Pacheco TurnesSalón exterior para el buen tiempo
Bajo la cubierta a dos aguas y las vigas de madera vista —una de las estructuras que Mónica Diago decidió no tocar—, un sofá de madera y cuerda, de Kave Home, una mesa de centro de madera y piezas de cerámica en tonos tierra completan este salón exterior que mira a los árboles.
"El porche original se mantuvo, pero se cambió la barandilla de madera por una de hierro a juego con la nueva carpintería", cuenta la propietaria. Un cambio discreto que actualiza el conjunto sin renunciar a la estructura de siempre.
© Paloma Pacheco TurnesZona para las comidas al aire libre
En el mismo espacio cubierto, el salón exterior deja paso a un comedor exterior con una mesa redonda de microcemento blanca, de Kave Home, en sintonía con el interior, y sillas de diseño estilizado.
Dos zonas bien diferenciadas —una para relajarse y largas sobremesas, otra para comer o para juegos de mesa— que resumen bien la filosofía de la reforma: estar fuera de casa el mayor tiempo posible y disfrutar del entorno.
© Paloma Pacheco TurnesEl comedor como parte de la cocina
Situado frente a la cocina, sin ningún tabique de por medio, el comedor deja ver de un vistazo la nueva distribución de la casa, que expresa la forma de vida de sus propietarios. Una mesa de madera maciza, de Ethnicraft, sillas tapizadas, diseñadas por el estudio de la arquitecta, y una lámpara de techo, de Santa & Cole, combinan confort y diseño. Los jarrones, herencia de la propietaria, nos traen el exterior dentro de casa.
"En el interior cambiamos la distribución y creamos un espacio único con el salón y la cocina, muy cómodo para hacer vida", explica Mónica Diago. El comedor, aquí, es la prueba más clara de ese cambio.
© Paloma Pacheco TurnesCocina en madera
La cocina, que comparte espacio con el salón y el comedor, combina la calidez de la madera clara en los muebles, diseñados por la arquitecta, con el negro de los electrodomésticos empotrados. Un color que también se da en los marcos de las ventanas: otra de las transformaciones clave de la reforma.
"Cambiamos la carpintería castellana, típica de la sierra madrileña, por otra negra en contraste con la fachada, a la que suavizamos el típico garbancillo grueso por un mortero a la cal, más fino y actual", cuenta Diago.
© Paloma Pacheco TurnesUna isla para compartir
En el centro del espacio, la isla de cocina —de Xtone— reúne a toda la casa: pensada para hacer vida, tres taburetes altos tapizados en espiga invitan a sentarse mientras se cocina, se prepara la verdura recién comprada o simplemente se charla con un café.
A través de la puerta corredera, la cocina sigue mirando hacia fuera, con el jardín siempre presente al otro lado del cristal. Un espacio que expresa muy bien el ritmo tranquilo de una segunda residencia que es un refugio.
© Paloma Pacheco TurnesDormitorio con papel pintado
El dormitorio principal cambia de registro: un papel pintado, de Cole & Son, viste el cabecero tapizado en gris, mientras un ventilador de techo de madera refresca la estancia y decora, al mismo tiempo.
El confort de esta habitación, y de la casa en general, no depende solo de la decoración. "Esta distribución compacta y la aerotermia permiten que podamos ir en invierno y calentar la parte de la casa que queremos de una forma rápida y económica", explica Mónica Diago: una de las claves para que la vivienda sea igual de apetecible también cuando llega el frío.
© Paloma Pacheco TurnesHabitación infantil: calidez natural
En la habitación infantil, el papel pintado vuelve a ser protagonista, aunque aquí cambia de motivos y de color, apostando por rosa empolvado que dialoga con el cabecero de fibras naturales en forma de abanico.
La ventana, igual que en el resto de la casa, enmarca la piedra y la vegetación del jardín trasero: hasta en esta estancia, el paisaje de la sierra de Madrid tiene un papel protagonista.
© Paloma Pacheco TurnesBaño alicatado en espiga
El baño apuesta por azulejos en espiga, en azul grisáceo, que cubren pared y ducha de arriba abajo, demostrando que son uno de los revestimientos de moda. El espejo en forma de arco y el mueble de madera aportan calidez y estilo a partes iguales.
La mampara de ducha con los perfiles negros vuelve a conectar la estancia con las ventanas, otro de los puntos donde la reforma se permite un lenguaje más contemporáneo.
© Paloma Pacheco TurnesUn jardín para disfrutar del buen tiempo
Ya lo comentaba la arquitecta: el exterior de esta segunda residencia en La Pedriza es tan importante como el interior. Por ese motivo se ha cuidado al máximo y se han creado espacios que acompañan. El proyecto de paisajismo, obra de Fernando Nájera, logra integrarlo con el entorno que rodea la casa, creando distintas zonas para disfrutar del buen tiempo.
El salón exterior es uno de ellos. Apoyado sobre el muro de piedra natural de la construcción original, uno de los pocos elementos que se dejaron tal cual, es un espacio pensado para alargar las sobremesas de verano, pero también para las tardes en las que apetece quedarse fuera un rato más. Los sofás y las butacas de Maisons du Monde y la alfombra de Kilombo Bugs contribuyen a crear ese ambiente tranquilo y disfrutón.
© Paloma Pacheco TurnesUna cocina con espíritu de merendero
En la planta inferior, el antiguo garaje ha encontrado una segunda vida como merendero: una pequeña cocina en tonos metálicos, con placa y horno propios, se abre mediante puertas correderas de carpintería negra hacia el jardín, con el embalse asomando entre los árboles. Sobre una mesa de madera, jarras y cuencos en verde y ocre aportan el mismo lenguaje artesanal que el resto de la casa.
"Una de las transformaciones que hicimos fue convertir el garaje en un merendero para disfrutar con los amigos. Como está en la planta inferior, comunica con la piscina y es perfecto como comedor de verano, que funciona también como un txoko", cuenta Mónica Diago. "Así —continúa— no es necesario usar la parte de arriba destinada a vivienda".
© Paloma Pacheco TurnesPiscina infinita
Terminamos el recorrido donde probablemente termina también cualquier tarde de verano en esta casa: la piscina infinita, renovada por completo durante la reforma, parece fundirse con el embalse de Santillana y La Pedriza al fondo. Una hamaca doble, de Kave Home, con cojines, de Pepe Peñalver, en blanco y azul marino esperan a que alguien se anime a quedarse un rato más.
"Esta casa, con su jardín con vistas, la piscina y el merendero, tan cerca de Madrid, es perfecta para disfrutar con los amigos: refleja muy bien cómo nos gusta vivir", resume Mónica Diago. Puede que esa sea, al final, la mejor manera de entender esta reforma: no como un cambio de estilo, sino como una forma muy concreta de entender la vida de fin de semana.




