Bacardí es un apellido que remite de inmediato a la famosa multinacional de bebidas: una compañía de carácter familiar que no cotiza en bolsa, fundada por hermanos de origen español y dueña de marcas emblemáticas como Martini, Grey Goose, Bombay Sapphire, Patrón, Dewar’s, St-Germain o célebres rones para el mercado latinoamericano.
Dentro de esta numerosa dinastía de más de 150 miembros, Lady Monika Bacardí —viuda de Luis Adalberto Facundo Gómez del Campo Bacardí, Lord de Bayfield Hall— ostenta, junto a su hija, María Luisa, aproximadamente el seis por ciento del accionariado de la empresa.
Sin embargo, su huella trasciende con creces el ámbito empresarial, pues Monika es también una destacada productora de cine internacional que ha trabajado mano a mano con estrellas de la talla de Johnny Depp, Antonio Banderas, Sarah Jessica Parker, Lily Collins, Keanu Reeves, Al Pacino, Sofía Vergara y Alec Baldwin. Amable, culta, políglota y profundamente enamorada del arte, la aristócrata destaca por su determinación en los proyectos, su curiosidad constante y una calidez entrañable hacia sus amigos.
"Mi marido era cubano —exiliado tras la toma de poder de Fidel Castro— y se enamoró de Marbella por su ubicación, su luz, su clima privilegiado y ese encanto especial que, aún hoy, la hace única"
Precisamente como un sincero homenaje a la alegría de vivir y a las vivencias compartidas, siempre con sencillez, sobriedad y sin la más mínima ostentación, todas sus residencias —tanto en Mónaco como en Saint-Tropez y Marbella— ostentan el evocador nombre de Villa Daiquiri.
"Vivo desde los 20 años en Montecarlo, una ciudad que se ha convertido en mi verdadera patria y donde, gracias al príncipe Alberto II, he obtenido la nacionalidad monegasca"
Es en su refugio marbellí de Puente Romano donde nos adentramos hoy: una propiedad en primera línea de mar que conserva intacto el encanto arquitectónico andaluz de los años ochenta en sus quinientos metros cuadrados, divididos en dos plantas, definidos por sus clásicas barandillas de hierro y líneas redondeadas.
Ya en su interior, un refinado mobiliario transforma la estructura original en una vivienda contemporánea y sofisticada donde la frescura marina fluye entre una paleta de azules y turquesas con efecto seda, piqués blancos y satenes en tonos rosa empolvado.
"Estudié Lenguas y Literaturas Modernas, una formación que me dio la valiosa oportunidad de hablar cinco idiomas y descubrir, a través de ellos, distintas culturas y estilos de vida"
Se erige así como el escenario perfecto para unas vacaciones serenas: un verdadero hogar al que volver siempre para conectar con la memoria familiar, los recuerdos más felices y un auténtico amor por la vida.
Me encantaría saber más sobre tu vida…
Vivo desde los veinte años en Montecarlo, una ciudad que se ha convertido en mi verdadera patria y donde, gracias al príncipe Alberto II, he obtenido la nacionalidad monegasca. Sin embargo, pasé mi infancia en mi Merano natal, un rincón del que guardo recuerdos maravillosos. Quizá sea por esa cercanía con Austria por lo que nació en mí un profundo amor por la naturaleza: la montaña y el mar me han regalado una alegría sencilla y auténtica. Más tarde estudié Lenguas y Literaturas Modernas, una formación que me dio la valiosa oportunidad de hablar cinco idiomas y descubrir, a través de ellos, distintas culturas y estilos de vida; un continuo encuentro con el mundo, del que ha brotado mi gran pasión por el arte y la riqueza cultural.
"Mi hija es una joven inteligente, sensible y muy carismática. Posee un talento natural para la música: compone, escribe sus propias letras, canta y toca la guitarra"
¿Y cuándo conociste a tu marido?
Fue en Montecarlo, durante una velada entre amigos, donde coincidí por primera vez con él. Por aquel entonces trabajaba en el departamento de relaciones internacionales de una empresa, y aquel encuentro no fue más que el inicio de una simple amistad. Volví a verle unos años más tarde. Yo seguía muy ocupada en mi carrera profesional, mientras que él atravesaba una etapa difícil, marcada por un divorcio y por complicaciones familiares relacionadas con sus participaciones en Bacardi. Empezamos a salir y descubrí al hombre que se escondía tras ese apellido. Fue precisamente en medio de esa vulnerabilidad donde percibí su autenticidad, su sencillez desarmante y su inteligencia. Así, sin que ninguno de los dos se diera cuenta, el afecto fue evolucionando sutilmente hacia un gran amor. Nuestra pasión común por los viajes nos unió desde el primer instante y, tras visitar juntos muchos países en perfecta complicidad, decidimos casarnos en el año 2000, coronando nuestra felicidad, un año más tarde, con el nacimiento de nuestra hija, María Luisa. Vivíamos una etapa idílica en la que me volcaba en la crianza de la niña y en mi devoción por el arte —mientras comenzaba a apasionarme por el cine—, manteniéndome al margen de sus asuntos empresariales. Con el tiempo, también me apasioné por los estudios y el cine.
Sin embargo, esa serenidad se vio truncada demasiado pronto...
Lamentablemente sí, al diagnosticársele una grave enfermedad incurable. A la dureza de ese trance se sumaron los conflictos con su familia y la dolorosa traición de los abogados que lo asesoraban por aquel entonces; un cruel revés que le provocó un hondo sufrimiento que lo acompañó hasta el final. De él atesoro el recuerdo de un hombre encantador, de otra época, poseedor de una generosidad infinita hacia los más humildes, y esa forma tan suya de hacerme sentir amada. Hoy me reconforta encontrar algunos rasgos de su personalidad en nuestra hija, aunque el talento de María Luisa para la música es un don plenamente suyo: compone y arregla sus propias canciones con la guitarra.
¿Cómo empezaste tu carrera en el mundo del cine?
Siempre he sentido una pasión inmensa por el cine, pero fue en 2013 cuando decidí dar el paso y transformar ese amor en algo concreto, invirtiendo de lleno en un universo que desde siempre me fascinó. Ha sido una experiencia extraordinaria: un viaje repleto de emociones, grandes satisfacciones artísticas y encuentros inolvidables, aunque también un camino plagado de muchos escollos y, sobre todo, de peligrosas trampas. Descubrir cómo una simple idea cobra vida hasta convertirse en una historia capaz de emocionar al público en cualquier rincón del mundo es algo verdaderamente mágico. A lo largo de estos años, he tenido el privilegio de participar en títulos de gran relieve, como Ferrari, Esperando a los bárbaros, Lamborghini: el hombre detrás de la leyenda o La rosa venenosa, trabajando mano a mano con leyendas del cine como Antonio Banderas, Johnny Depp, Al Pacino o John Travolta. Cada rodaje y cada encuentro me han reafirmado en que el cine es, ante todo, un territorio donde los sueños se hacen realidad. Para mí, ha sido una etapa fundamental de mi vida y deseo que lo siga siendo.
"Guardo un cariño especial aquí por los meses fuera de temporada, con nuestros largos paseos por la playa hasta Puente Romano, cenas románticas y puestas de sol desde nuestra terraza"
Eres también una gran filántropa, ¿a qué asociaciones apoyas?
Siempre me he considerado una persona afortunada, al menos desde el punto de vista económico. Esa toma de conciencia me llevó, desde muy joven, a prestar una atención especial a quienes han tenido menos oportunidades. En Mónaco, estoy profundamente comprometida con la Fundación Príncipe Alberto II, la Fundación Princesa Charlene y muchas otras. De igual modo, he colaborado en la lucha e investigación médica junto a entidades como VAINCRE LE CANCER o amfAR. Sin embargo, mi visión de la filantropía trasciende el ámbito puramente social: creo firmemente en el valor irrenunciable de la cultura y en la urgencia de proteger nuestro legado. Por eso me siento especialmente vinculada a Venetian Heritage y a otras iniciativas dedicadas a la conservación del inmenso patrimonio histórico y artístico de Venecia.
"No suelo organizar grandes eventos, salvo por una tradición muy especial: cada mes de julio, reúno en Saint-Tropez a mis amigos"
Entre todos esos lugares que habéis protegido y disfrutado, ¿cómo ha sido vuestra experiencia en España y, más concretamente, en Marbella?
Mi marido, Luis, era cubano —exiliado tras la toma de poder por parte de Fidel Castro— y, como muchos otros de su generación, sentía un vínculo entrañable con España, una tierra que amaba y en la que tenía muchos amigos. Se enamoró de Marbella por su ubicación, su luz, su clima privilegiado y ese encanto especial que, aún hoy, la hace única, y en 1993 adquirió Villa Daiquiri, un hogar que, con el paso de los años, se convirtió en el escenario de nuestros recuerdos más bonitos. Aunque disfrutábamos mucho de los veranos, confieso que guardo un cariño especial por los meses fuera de temporada, con nuestros largos paseos por la playa hasta Puente Romano, cenas románticas en el Marbella Club y puestas de sol desde nuestra terraza. Hoy me siguen enamorando su atmósfera alegre e internacional, su fantástico paseo marítimo, el entorno natural y ese clima soleado que invita a disfrutar de la vida a tu propio ritmo.
"Siempre he sentido una pasión inmensa por el cine, pero fue en 2013 cuando decidí dar el paso y transformar ese amor en algo concreto, invirtiendo de lleno en un universo que me fascinaba"
Apareces mucho en las grandes fiestas y te encanta la vida social…
Me apasiona la vida social y siento una inmensa curiosidad por el ser humano; siempre busco lo bueno en los demás. Sin embargo, no suelo organizar grandes eventos, salvo por una tradición muy especial: cada mes de julio, reúno en Saint-Tropez a mis amigos, tanto antiguos como nuevos. Nunca lo hago por ostentación o mundanidad, sino por compartir lo más valioso que tenemos: nuestro tiempo. Vivir en una posición privilegiada hace que a veces sea difícil distinguir quién se acerca de corazón y quién lo hace por lo que representas. Por eso, con los años he aprendido a valorar, por encima de todo, la sencillez, la sinceridad y la lealtad sin segundas intenciones.
"A lo largo de estos años he tenido el privilegio de participar en títulos de gran relieve como Ferrari, Esperando a los bárbaros y La rosa venenosa"
En cuanto al futuro de tu hija, dado que, hoy en día, el mundo es tan complicado, ¿qué esperas para ella?
Mi hija es una joven inteligente, sensible y muy carismática. Posee un talento natural para la música: compone, escribe sus propias letras, canta y toca la guitarra. Al mismo tiempo, es una persona muy centrada en el ámbito financiero y se dedica personalmente a la gestión de su patrimonio, sus inversiones y sus ingresos. En el futuro, espero que tenga la oportunidad —al igual que en su día la tuvo su padre— de formar parte de la dirección de Bacardi. Pero, por encima de todo, mi gran deseo es que encuentre a una persona especial, un alma gemela con la que pueda construir una vida, formar una familia, tener hijos y dar continuidad a la tradición familiar. Ese sería, sin duda, el mayor anhelo de mi marido.




























