Niños

Alejandra Rubio y Carlo Costanzia, ante el gran cambio de su hijo mayor: cómo acompañarle tras la llegada de un bebé


Hemos hablado con el psicopedagogo y neuropsicólogo Luis Abad Mas sobre cómo la llegada de un bebé transforma la dinámica familiar y exige acompañar al mayor, que de pronto debe asumir un rol para el que nadie le prepara del todo.


Alejandra Rubio y Carlo Costanzia Flores salen de un hospital en Madrid el lunes 31 de agosto de 2026.© GTRES
5 de septiembre de 2026 a las 15:00 CEST

Alejandra Rubio y Carlo Costanzia están completamente volcados en Tessa, nacida el pasado 29 de agosto. Estos primeros días llegan cargados de noches en vela, tomas a deshoras, paseos cortos para que la bebé se calme y ese llanto que solo pide brazos. Pero también traen otra realidad igual de importante: atender las emociones de Carlo, que con apenas un año y medio acaba de convertirse, de la noche a la mañana, en hermano mayor. Aunque la pareja está feliz con "la familia tan bonita" que han creado —como decía el orgulloso papá hace unos días—, el nuevo rol del pequeño Carlo puede venir acompañado de celos y de muchas otras emociones tan normales como necesarias de atender.

"Es muy pequeño", comentaba su abuela Terelu el día que nació Tessa. "Su madre lleva mucho tiempo diciéndole aquí, mira, una pequeñita, esas cosas, pero yo creo que todavía es muy pequeño y bueno, pues con el día a día…". Sus palabras reflejan una realidad habitual: por mucho que los adultos intenten preparar al mayor, la llegada de un bebé siempre remueve emociones. Y, en este caso, lo que Alejandra ha hecho con su niño —anticipar lo que va a ocurrir— es precisamente uno de los puntos clave para acompañar al recién estrenado hermano mayor, según nos indica Luis Abad Mas, psicopedagogo, neuropsicólogo y director de los Centros Red Cenit de Valencia.

Hemos hablado con él porque apoyar al hijo o la hija mayor en esta nueva etapa tan delicada no siempre es sencillo para muchos padres y madres. Abad nos ayuda a entender cómo acompañarle de forma adecuada. El primer paso es comprender cómo puede sentirse el niño y la mezcla de emociones que está experimentando sin saber aún ponerles nombre.

El reto emocional no es la llegada del hermano en sí, sino el temor a perder su protagonismo, su espacio de seguridad.

Luis Abad Mas, psicopedagogo, neuropsicólogo y director de los Centros Red Cenit de Valencia

Cuando una pareja amplía la familia, no solo nace un bebé; nace también un hermano mayor. El niño que, hasta ahora, era hijo único pasa a tener ese nuevo rol de un día para otro. ¿Qué emociones suelen aparecer en los niños cuando descubren que ya no son “el único”?

Cuando nace un hermano, el hijo único vive un auténtico choque emocional. De pronto, el trono en el que reinaba en exclusiva deja de ser solo suyo (síndrome del rey destronado). Suelen aparecer emociones tan humanas y comprensibles como la incertidumbre, el miedo a perder el amor o el lugar que ocupa en la familia, y en ocasiones, rabia o tristeza.

No es que no quieran a su hermano o hermana; es simplemente que están procesando un cambio radical en su mapa del mundo. El reto emocional no es la llegada del hermano en sí, sino el temor a perder su protagonismo, su espacio de seguridad. Sin embargo, dependerá de la edad del hermano/a mayor, ya que las emociones también están en continuo desarrollo.

¿Qué pueden hacer los padres para lograr que el niño asimile bien ese nuevo rol?

 La clave pedagógica está en la introducción progresiva del bebé y el sentido de pertenencia:

- Antes del nacimiento: que sienta a su hermano o hermana, que participe de su cuidado, ayudando la los padres con los cuidados de la madre.

- Hacerle partícipe desde el respeto: dejar que ayude en los preparativos si le apetece (elegir la ropa, preparar el cuarto), sin forzar un entusiasmo artificial.

- Proteger su lugar: asegurarle de forma clara que el amor de sus padres no se divide, sino que se multiplica.

- Validación emocional: permitirle expresar que a veces el bebé le molesta o le aburre. Normalizar lo que siente reduce la tensión.

¿Qué errores son más habituales en muchas familias que pueden dar lugar a que el hermano mayor no vea con buenos ojos la llegada del pequeño?

El error más común es exigirle una madurez que no le corresponde por edad. Frases como "ya eres el mayor, tienes que dar ejemplo" o "ya eres grande para eso" cargan al niño con una responsabilidad emocional aplastante.

Otro fallo habitual es volcar toda la atención y los elogios en el recién nacido delante del mayor, o desatender los momentos que antes eran exclusivos del primogénito. También caemos a veces en la sobrecompensación con regalos o promesas poco realistas.

 ¿Qué tipo de relato ayuda a que el mayor entienda su nuevo papel sin sentir que debe 'portarse mejor' o 'madurar' de golpe?

El relato debe centrarse en la expansión de la familia, no en el rendimiento del niño. El mensaje central debe ser: "Tú sigues siendo nuestro niño, igual de importante y querido que siempre. Tu hermano ha venido a sumarse a nuestro equipo, no a quitarte tu sitio".  Es esencial transmitirle que ser el hermano mayor no es un trabajo ni una obligación de portarse perfecto, sino una oportunidad para compartir cosas bonitas cuando le apetezca.

Carlo Costanzia muestra por primera vez a la pequeña Tessa a su hijo Carlo en la Fundación Jiménez Diaz, donde nació la bebé© carlocostanzia
Carlo Costanzia muestra por primera vez a la pequeña Tessa a su hijo Carlo en la Fundación Jiménez Diaz, donde nació la bebé

¿Por qué aparecen conductas regresivas (pedir chupete, querer dormir con los padres, hablar como bebé) y cómo se acompañan sin reforzarlas?

Las regresiones (volver a pedir el chupete, hacerse pis, pedir biberón o hablar como un bebé) son mecanismos de defensa inconscientes. El niño observa que al bebé le atienden, le miman y le sostienen constantemente cuando llora o se porta "como un bebé", por lo que concluye: "Si me comporto como él, me volverán a dar esa atención."

¿Cómo acompañarlo? Hay que acoger la emoción con ternura, pero mantener los límites con calma. Se le puede dar una dosis extra de contacto físico y cariño ("veo que hoy necesitas un abrazo gigante como cuando eras más pequeñito"), pero sin infantilizar las rutinas consolidadas ni reñirle o avergonzarle por ello.

Es esencial transmitirle que ser el hermano mayor no es un trabajo ni una obligación de portarse perfecto, sino una oportunidad para compartir cosas bonitas cuando le apetezca.

Luis Abad Mas, psicopedagogo, neuropsicólogo y director de los Centros Red Cenit de Valencia

¿Qué impacto tiene reservar momentos solo para el mayor y cómo se hace sin que parezca una compensación artificial?

Reservar tiempo a solas con el hermano mayor es una herramienta pedagógica de altísimo impacto. El mayor debe tener su espacio de calidad con sus padres, con ambos. Esto le devuelve la certeza de que su vínculo con sus padres sigue intacto.

Para que no parezca un "premio de consolación" artificial, debe integrarse en la rutina con total naturalidad: media hora para ir a por el pan juntos, leer su cuento favorito a solas antes de dormir o dar un paseo mientras el bebé duerme. No hace falta organizar grandes planes; lo transformador es la presencia plena del adulto en ese momento.

Por muy bien que se haga todo, ¿son inevitables los celos en algunos niños?

Sí, los celos son absolutamente inevitables y saludables. Forman parte del desarrollo adaptativo del niño. Los celos son la manifestación de que el niño cuida sus vínculos y siente el impacto del cambio. Si hay hermanos/as, hay celos en ambas direcciones.

El objetivo de los padres y de los pedagogos o psicólogos no debe ser evitar a toda costa que aparezcan celos, sino enseñar al niño a gestionarlos con acompañamiento, paciencia y mucho amor. Cuando un niño siente que puede expresar sus celos sin ser juzgado ni castigado, estos terminan transformándose en un vínculo de complicidad y afecto real hacia su hermano.