Elisa Giordano es una mujer con una gran cultura. Apasionada del arte y filántropa, reparte su tiempo entre muchísimas obligaciones y actividades. Por un lado, es ingeniera en Tecnologías de la Información, profesora e ingeniera cinematográfica; por otro, diseñadora de moda y empresaria. De ahí que Elisa no solo sea miembro del comité de dirección del Museo Nacional del Cine de Turín, sino que también haya montado su propia línea de moda. Se trata de Irreplaceable by Elisa Giordano, una compañía que abrió tras trabajar para Saint-Laurent.
Nacida en el seno de una familia de industriales, científicos e intelectuales, su herencia es intachable. Su bisabuelo fue el fundador de Stipel, la primera línea telefónica que se construyó en el noroeste de Italia, que, después, se convirtió en la multinacional Telecom. Sin embargo, su casa en Porto Rotondo pertenece a la familia de su marido, ya que su suegro también fue un gran industrial de infraestructuras, trazados y guardarraíles en las autopistas.
De su bisabuelo, fundador de una de las compañías de telefonía más importantes de Italia, heredó el afán por superarse. Ingeniera y filántropa, participa en la dirección del Museo Nacional del Cine de Turín, es diseñadora y tiene su propia empresa de moda
Esta es su residencia de verano, una gran villa de estilo sardo, con las rocas típicas en el jardín y los suelos de terracota rosa. En el interior, el blanco se interrumpe con toques de verde y azul, algunos muebles modernos de diseño dan ese encanto contemporáneo que se expresa en un sabor elegante y con la auténtica frescura del verano. Se encuentra en lo que antes era una pequeña isla y ahora es una península sobre el mar, en Cugnana Verde. Un paraíso rodeado de naturaleza exuberante y parterres de flores que se extienden sobre un prado que desciende hasta el Tirreno. Allí, se abre su playa privada, con dos embarcaderos para los barcos que fondean de visita.
—Tienes un currículum excelente, con distintos títulos universitarios e ingenierías, pero ahora te dedicas a la moda, ¿verdad?
—Tras una experiencia familiar muy dura, decidí cambiar mi vida por completo y dedicarme a mis pasiones. El arte, en todas sus formas, siempre ha formado parte de mi vida. Siempre he sido una persona muy creativa, así que decidí buscar un trabajo que tuviera que ver con una de mis inquietudes artísticas. Y lo conseguí en Yves Saint-Laurent, en París. Ahí me di cuenta de que este era mi camino. Estuve cinco años en Saint-Laurent, donde me encargaba de las ventas del "showroom" y de la investigación de estilo para la Semana de la Moda y el antes y después de los desfiles. Mientras tanto, creé una línea de prendas de punto natural, sobre todo de cachemira, para niños. Para entonces, ya tenía dos hijos pequeños y no encontraba jerséis que fueran de calidad y, al mismo tiempo, que también fueran asequibles y tuvieran un bonito diseño. En consecuencia, fundé mi primer negocio. Ocurrió hacia 2015 o 2016. Cuando amplié con colecciones para señora, se convirtió en un negocio en toda regla. Comencé a producir fuera, con tres factorías en Katmandú, otra en Turín y una tercera en Apulia… Y hoy en día distribuimos en Italia, España, Estados Unidos y Nueva Zelanda. Pronto emprenderemos una nueva aventura en Japón. El nombre de mi empresa, Irreplaceable, tiene un significado muy especial para mí, ya que transmite un mensaje poderoso e invaluable.
—Pero nos falta otra de tus pasiones: el cine.
—Desde 2021, ocupo un cargo institucional en la Dirección de Cine italiana y, en 2023, entré a formar parte del comité de dirección del Museo Nacional Italiano del Cine de Turín, en la Mole Antonelliana. El cine me apasiona porque no deja de ser una forma de arte audiovisual en movimiento…
La estructura de la casa, que perteneció a la familia Michelin y, desde hace 20 años, está adaptada al soplo de los vientos que golpean la zona, con patios interiores y paredes circulares
—En algún momento tu camino se cruzó con el de tu marido, Edilberto Maria Ceria. ¿Cuándo, cómo y a qué se dedica?
—Los dos somos ingenieros. Nos conocimos en 2008, en una nave industrial donde yo estaba haciendo pruebas para un sistema de prevención de incendios y él era el dueño de la fábrica. Coincidimos allí. Empezamos a hablar de trabajo, pero después nos perdimos la pista durante casi un año. Volvimos a encontrarnos y empezamos a salir. Primero, como amigos durante un mes; luego, nos comprometimos, y, poco después, me pidió que me casara con él. Ahora llevamos quince años y medio casados. Tenemos dos hijos de catorce y doce años, Estella y Ettore. Todos tenemos nombres que comienzan por la letra "E". Es una especie de tradición familiar. Sobre todo, en la familia de mi marido.
—Tiene una historia industrial muy importante, ¿verdad?
—Ahora es presidente de IPA-SRL, un "holding" que contiene varias empresas que operan en el sector de la construcción industrial y de infraestructuras. Una compañía que creó su padre junto con la abuela y que luego evolucionó hasta convertirse en lo que es hoy.
—Pero tu familia también tiene un pasado impresionante, ¿no es así?
—Por parte de padre, soy hija de un profesor universitario, otorrinolaringólogo, del hospital Molinette, de Turín. Por parte de madre, la historia industrial es muy importante. Mi bisabuelo fue el fundador de Stipel, que fue la primera línea telefónica que se construyó en el noroeste de Italia y que, en los años veinte, se convirtió en SIP y, más tarde, en Telecom. Con el estallido de las guerras mundiales y la dificultad para conseguir materias primas, decidió crear sus propios recursos y montar su propia fábrica de baterías y pilas, Pila Z. Cuando Stipel fue nacionalizada por Mussolini, Pila Z se convirtió en la empresa familiar, en la que sí mantuvo la presidencia y la dirección general.
La decoración responde a la típica ornamentación de la isla: "Queríamos ser fieles al entorno, al territorio y a la arquitectura original de la casa". De ahí que muchas de las telas y objetos que la visten reproduzcan motivos de la artesanía sarda
—Estamos de vacaciones en Cerdeña, ¿cómo pasáis estos meses en la isla?
—Para nosotros, Porto Rotondo es un remanso de paz. Especialmente, esta casa. Es casi como hacer un retiro. Un lugar donde podemos cargar energías después de todo un año de trabajo.
—¿Dónde se encuentra la casa?
—Estamos justo a la entrada de Porto Rotondo, en Asfodeli, en el golfo de Cugnana. En realidad se llama Cugnana Verde, porque el fondo marino está formado por unas algas que crean los reflejos en el agua que, comparados con los de Cerdeña, son más canónicamente azules por la arena blanca.
—¿Cuándo se construyó?
—Esta casa fue construida por Michelin para su familia y forma parte de un conjunto de cuatro villas geométricamente especulares. Todas ellas, prácticamente idénticas en su construcción. A lo largo de los años, pasó por distintas manos, hasta que llegó a nosotros. Hace ya de eso más de 20 años. Las otras villas pertenecen a otras familias.
—Hablemos de la estructura, está situada al borde del mar, ¿no?
—Tiene acceso al mar. Ya sea con un embarcadero o a través de una playa privada. Es una casa de construcción sarda, con varios patios según los tipos de vientos, ya que Cerdeña es una isla muy ventosa. Por eso, tiene forma circular: para que siempre haya una parte protegida.
—Es una casa muy grande…
—Mucho. Y también tiene un jardín que es espectacular. Con muchos tipos de plantas. Desde palmeras y plataneros a parterres de hibisco, hortensias y adelfas. Tenemos incluso un hermoso algarrobo centenario y hasta un huerto.
—Es un ejemplo de "macchia mediterranea", ¿verdad?
—Exactamente, arbustos y plantas autóctonas, pero con un césped a la inglesa.
—¿La casa cómo se edificó?
—La casa está levantada sobre vigas de madera y, al principio, estaba mucho más cerrada. Decidimos abrirla porque, antiguamente, las casas solían tener techos más bajos en Cerdeña. También, por una cuestión de aislamiento térmico y por darle más espacio, con una abertura más amplia para disfrutar así de una vista al mar. Debo decir que mi suegro, al ser constructor, siempre ha estado muy atento a los detalles. La construcción y el jardín son obra suya, de hecho. Es extremadamente cuidadoso en la búsqueda de plantas y materiales. Las rocas del jardín, por ejemplo, son rocas sardas que se suelen encontrar junto al mar y que, al igual que los materiales utilizados para el borde de la piscina y para el patio exterior, suelen ser un útil tradicional y habitual de construcción. El patio, que suele tener sol todo el día, está construido, en cambio, en mármol rosa, porque es un tipo de piedra que se mantiene fresca. Así, no quema los pies y, estéticamente, el rosa combina con el blanco.
—¿Cómo describirías la decoración?
—La decoración se caracteriza por responder a la típica ornamentación de la isla. Queríamos ser fieles al entorno, al territorio y a la arquitectura original de la casa. Así que encontramos muchas telas sardas y obras de arte sardo. Jarrones, cestas… También hay toques modernos con las alfombras, por ejemplo. Las alfombras son de Cibic y confeccionadas en distintos tonos de azul, que consiguen que este sea el color predominante junto con el blanco y el verde agua. Porque los sofás son, principalmente, todos blancos, vestidos con unos cojines preciosos, algunos en telas de "daedar" y otros en lino. También los tenemos firmados por el Mastro Raphael, que siempre ha sido fiel a la tradición del mobiliario de estas casas, con motivos coralinos. Y luego llaman la atención los grandes cuadros y los jarrones, unos azules y negros, otros blancos y, también, negros y verdes. Los lienzos tienen un toque "afro", pero siempre desde una perspectiva moderna. Me gusta la mezcla de diferentes culturas.
—¿Qué nos puedes contar de la piscina?
—La construimos hace poco y, con ella, hemos logrado que la casa sea perfecta. Queríamos una piscina por esa necesidad de crear nuestra isla de paz dentro de la propia isla. Es cierto que está cerca de la playa y del mar, pero también lo es que, en verano, hay mucho tráfico en el mar.
Con la piscina, nos cuenta Elisa, han logrado que la casa "sea perfecta. Queríamos una piscina por esa necesidad de crear nuestra isla de paz dentro de la propia isla". El mar lo tienen a los pies de la casa, pero, en verano, siempre "hay mucho tráfico"
—Tu marido puso energía fotovoltaica en la piscina, ¿no es así?
—Sí, por encima de la cubierta. Estamos muy concienciados con el medio ambiente e intentamos, siempre que podemos, generar nuestra propia energía. También con el agua.
—¿Cómo soléis pasar estos días de vacaciones?
—Nuestros días pasan muy lentos. Cada uno se levanta cuando quiere… Cada uno tiene sus tiempos y sus ritmos. Y siempre nos gusta tener muchos amigos en casa. Siempre invitamos a mucha gente y siempre intentamos ser anfitriones.
—¿Cuántas habitaciones hay en esta casa?
—Hay siete dormitorios, dos de ellos en el anexo de la planta baja. Y cada dormitorio tiene su propio cuarto de baño privado, además de un baño de invitados. Es una casa que se presta a acoger a muchos amigos. Mi marido es un apasionado de la cocina, así que le gusta cocinar y también le encanta probar todos los vinos de la zona. ¿En resumen? Organizamos grandes cenas. También almuerzos, pero, sobre todo, cenas. A Ettore, mi hijo, le gusta pescar, así que, el fin de semana, con sus amiguitos, salimos a navegar. Es muy divertido.
"Para nosotros, Porto Rotondo es un remanso de paz. Especialmente, esta casa. Es casi como hacer un retiro. Un lugar donde podemos recargar energías después de todo un año de trabajo"
—¿Cómo es Porto Rotondo?
—Es una zona con mucho encanto. Es muy bonita, mucho más familiar, en mi opinión, que otras cercanas, con lo que sigue conservando ese sabor del pasado, de no haber sido tomada por las grandes marcas y las grandes superficies, sino que mantiene un ritmo tranquilo y sereno. Aquí todavía encuentras una pequeña "boutique" o un restaurante con platos típicos… En Porto Rotondo tienes una Cerdeña como la de antes, y no un Miami.
—¿Trabajas como voluntaria?
—Intento hacerlo en mi tiempo libre. Como familia, siempre hemos estado muy comprometidos en intentar ayudar a los demás. Yo, en particular, soy embajadora de la Fondazione Theodora, que se ocupa de niños con enfermedades terminales, y sobre todo estoy implicado en el apoyo a Doctor Dreams, que es un apoyo psicológico para niños enfermos que padecen enfermedades graves. Y así, junto con la Fundación Theodora, siempre intentamos crear eventos, competiciones de golf, pícnics, para tratar de apoyar su trabajo.





















