Después de más de dos décadas recorriendo el mundo con la raqueta en la mano, Rafa Nadal cerró en 2024 su etapa como tenista profesional. Desde entonces ha cambiado las pistas por los negocios, volcándose en su proyecto hotelero junto a Meliá Hotels International con Zel Hotels. Un giro que, como él mismo ha explicado, llegó de forma natural: "Eso es lo que hice durante la mitad de mi vida y sé lo que más me gusta".
Pero si hay un papel que hoy ocupa el primer puesto en su vida, ese es el de padre. Y eso es precisamente lo que ha demostrado durante su escapada veraniega a Ibiza.
Aprovechando el buen tiempo, el pasado 14 de julio el mallorquín puso rumbo a las aguas ibicencas junto a su mujer, Mery Perelló (con la que celebrará seis años de matrimonio el próximo octubre) y sus dos hijos: Rafael, de casi dos años, y el pequeño Miguel, que soplará su primera vela el próximo 6 de agosto.
"Para mí la familia no ha sido un refugio; ha sido toda mi vida. Son las personas más importantes que tengo", confesaba a ¡HOLA! con motivo del estreno de su documental. "Siempre he vuelto a casa, a Mallorca, después de cada torneo o cada viaje, y allí he sido simplemente un hijo, un hermano, un marido, no alguien reconocido por lo que hacía en la pista. Esa normalidad ha sido fundamental para mí", añadía.
Un verano en familia lejos de la competición
Las imágenes también dejan ver la naturalidad con la que Rafa Nadal disfruta de esta nueva etapa, lejos de la presión de la competición y del foco constante que durante años acompañó cada uno de sus movimientos. Sin horarios marcados por entrenamientos o torneos, el mallorquín aprovecha cada instante para compartir tiempo de calidad con los suyos. Entre risas, juegos y paseos por la cubierta, se muestra pendiente en todo momento de sus hijos, especialmente del pequeño Rafael, que no para quieto ni un segundo.
Chapuzones, pesca... y un pequeño aprendiz de deportista
Porque, si alguien pensaba que Nadal había cambiado el deporte por una vida tranquila, estaba muy equivocado. Su nuevo compañero de aventuras tiene nombre propio: el pequeño Rafael.
En las fotografías se ve al extenista pasándoselo en grande con su hijo mayor. Padre e hijo convierten la cubierta del barco en su particular parque de juegos, entre chapuzones y risas. En una de las escenas más divertidas, Nadal coge al pequeño y lo lanza al agua para que se dé un chapuzón, en un juego que ambos parecen disfrutar al máximo y que arranca más de una sonrisa.
Pero la diversión no acaba ahí. Entre baño y baño también hay tiempo para una de las grandes aficiones del campeón de Roland Garros: la pesca. Y, como buen maestro, ya tiene aprendiz. El pequeño Rafael se anima con una caña que parece casi más alta que él. Con apenas dos años, intenta pescar muy concentrado, convencido de que puede hacerlo él solito, aunque papá no le quite ojo.
No sabemos si algún día seguirá los pasos de su padre en el tenis o si acabará decantándose por otra disciplina. Lo que sí dejan claro estas imágenes es que energía no le falta. De momento, el hijo de Nadal apunta maneras como un auténtico "terremoto", dispuesto a convertir cualquier plan en una aventura (en la suya propia). Hoy son los chapuzones y la pesca, dos de sus grandes entretenimientos del verano; mañana, quién sabe. Lo que sí parece claro es que crece rodeado de naturaleza, deporte y tiempo en familia, tres ingredientes que siempre han marcado la vida del extenista y que ahora quiere transmitir a sus hijos con la misma naturalidad con la que él los vivió desde pequeño en Mallorca.







