Los expertos coinciden, el hogar cambiará en 2027: "El reto ya no es diseñar una vivienda para un momento, sino una que pueda acompañarte durante toda tu vida"


Flexible, accesible y capaz de crecer, cambiar y envejecer con nosotros: así es la casa pensada para acompañarte toda la vida.


Salón comedor y cocina, con sofás grises, tabique de cristal con arcos de madera para separar cocina de salón© Jordi Canosa
4 de agosto de 2026 a las 7:05 CEST

Durante décadas hemos comprado o alquilado casa pensando en quiénes éramos en ese momento exacto: una pareja sin hijos, una familia con niños pequeños, un hogar para el nido vacío... El problema es que la vida cambia mucho más rápido que las paredes, y cada nueva etapa terminaba obligando a mudarse o a reformar la casa. Esa lógica empieza a tener fisuras. The New Habitat 27/28, el informe elaborado por APE Grupo y el laboratorio de tendencias Futurea, confirma que 2027 será el año en que la vivienda deje de proyectarse para un momento concreto.

En su lugar, gana fuerza una idea distinta: la casa como organismo que evoluciona con quien la habita, tal y como muestra este proyecto de Pia Capdevila. El envejecimiento de la población, la dificultad de acceso a la vivienda y la aparición de nuevas formas de convivencia nos llevan a casas capaces de adaptarse —sin obra de por medio— a cada giro que da la vida de quien las ocupa. Lo resume Saúl Castellanos, gerente de calidades y compras de AEDAS Homes, en el propio informe: "El reto ya no es diseñar una vivienda para un momento, sino una vivienda que pueda acompañarte durante toda tu vida". Estas son las nueve claves para lograrlo.

Casa pequeña con recibidor abierto con mueble, tabique de cristal separando la cocina, mesa con dos sillas, vitrina con luz © Gloria Solans

Ni para una pareja joven ni para una persona jubilada

La primera clave es, en realidad, una renuncia: la de diseñar una casa perfecta para un único perfil de habitante. Una vivienda pensada exclusivamente para una pareja joven sin hijos, o una casa para una persona jubilada que reduce su espacio vital, nace con fecha de caducidad. Antes o después, quien la habita cambia, y la casa se queda corta o sobra por todos lados. El informe recoge un giro claro: los profesionales sitúan cada vez menos el diseño residencial alrededor de un perfil cerrado de usuario y cada vez más en torno a la capacidad de la vivienda para seguir sirviendo, con ajustes razonables, a quien la habite dentro de diez, veinte o treinta años.

Esto no significa renunciar a personalizar la casa hoy, sino evitar decisiones irreversibles: una escalera imposible de salvar más adelante o una distribución que solo funciona con una única composición familiar. Pensar a largo plazo no resta personalidad; la protege de quedarse obsoleta antes de tiempo, como demuestra este proyecto de la interiorista Laura Martínez. 

Buhardilla con cuarto de juegos con sofá azul sin patas, ventanas de techo, mesa de centro© Jordi Canosa

Una distribución flexible

Si hay una palabra que resume esta nueva forma de proyectar espacios, es flexibilidad. Ya no se trata solo de tabiques móviles o muebles multifunción, sino de pensar la distribución de la casa desde el principio para que una habitación pueda cambiar de uso sin grandes obras: la habitación infantil que se convierte en despacho y, más tarde, en cuarto de invitados, tal y como resuelve esta propuesta de Pia Capdevila Interiorismo. Esta capacidad de reconfiguración, más que un lujo, se está convirtiendo en un requisito básico a la hora de proyectar cualquier vivienda nueva.

Esa flexibilidad también se traduce en gestos cotidianos: una puerta corredera que aísla el teletrabajo solo cuando hace falta, o muebles ligeros en lugar de piezas fijas ancladas a una única distribución. Cuanto menos rígida es la base, más fácil resulta que la casa acompañe los cambios sin obra.

Cocina con muebles rosas, paredes grises, cocina abierta con comedor, gran armario despensa © Fantin

Con capacidad de adaptación

Muy ligada a la clave anterior, pero no idéntica, está la adaptabilidad: la capacidad de la vivienda para ajustarse a circunstancias que no dependen del gusto, sino de la vida misma. El informe señala que el envejecimiento de la población está impulsando modelos residenciales más preparados para acompañar cambios de movilidad o de cuidado sin exigir una reforma integral cada vez.

En la práctica, esto se traduce en decisiones que hoy parecen menores: instalaciones previstas para futuras ampliaciones, o una cocina (como esta, de Fantin) y un baño pensados para reformarse por partes, no de golpe.

Dormitorio con panel en la pared del cabecero, suelo de madera oscura, vestidor integrado con puerta de cristal © Esther Rovira Architect Barcelon

Accesible y cómoda 

La accesibilidad deja de entenderse como cuestión exclusiva de personas mayores o con movilidad reducida para convertirse en un principio de diseño. Pensarla desde el primer boceto, y no como una reforma de urgencia años después, es una de las claves que distingue a la vivienda para toda la vida: pasillos algo más anchos de lo estrictamente necesario, ausencia de desniveles y mecanismos a una altura que sirva para todo el mundo.

Una casa accesible desde el origen resulta, además, más cómoda para cualquiera: esos pasillos facilitan las mudanzas de muebles, una ducha a ras de suelo evita accidentes a cualquier edad y un dormitorio con baño y vestidor te permite moverte con facilidad, como este de ERA Architects. La accesibilidad, bien entendida, no distingue entre etapas de la vida.

Salón con rincón de escritorio, cortinas, suelo de madera, cuadro en la pared, techo verde y paredes blancas© Amador Toril

Que saca partido al espacio 

Ahora cada metro cuadrado tiene que rendir más. Almacenaje integrado, muebles que cambian de función según la hora del día, estancias de paso que también son de trabajo: el máximo aprovechamiento del espacio ya no es solo un recurso de los pisos pequeños, sino una exigencia de diseño en cualquier vivienda que aspire a acompañar a quien la habita durante mucho tiempo sin quedarse pequeña.

Aprovechar bien el espacio no significa renunciar a la amplitud, sino eliminar lo superfluo: un hueco bajo la escalera convertido en despacho, una isla de cocina que también es mesa de comedor o un salón con un rincón de escritorio, como esta propuesta del estudio Lapopie. Cuantas más funciones asume cada metro, más años de vida útil gana la casa.

Salón comedor con mesa de mármol, sofá blanco, sillas de comedor naranjas, banco, librería cerrada blanca, salida a la terraza © Lupe Clemente Fotografia

Decoración personal, pero sin estridencias

Una casa para toda la vida no tiene que renunciar a su personalidad, tal y como demuestra este proyecto de Inspira Design. El propio informe apunta un giro hacia interiores más expresivos, alejados de esas viviendas neutras "para gustar a todo el mundo" que en realidad están pensadas para vender, no para vivir. Pero llevar esa idea a un hogar para siempre exige matizarla: personalidad sí, pero sin estridencias que cansen —o que queden anticuadas— dentro de cinco años. 

La fórmula que mejor envejece es la de siempre: base neutra en lo que cuesta cambiar —suelos, frentes de cocina, sanitarios— y personalidad en lo que se renueva sin obra: textiles, cuadros, lámparas, objetos con historia. Así, cuando cambie el gusto, la casa vuelve a sentirse actual sin tocar su estructura.

Cocina con mesa de comedor adosada a la isla, sillas de comedor, electrodomésticos en columna, grandes ventanales© ARAN Cucine

Una cocina cómoda ahora… y dentro de veinte años

La cocina es la estancia que más uso acumula a lo largo de una vida, y también la que más rápido se queda desfasada si se diseña solo para el presente. Una cocina para toda la vida, como esta de ARAN Cucine, tiene que funcionar igual de bien para quien hoy cocina de pie, con prisa, entre semana, que para quien dentro de veinte años necesite moverse con más cuidado.

En la práctica: horno y microondas en columna, a la altura de los ojos; cajones de extracción total en lugar de armarios bajos; suelos antideslizantes; buena iluminación sobre la zona de trabajo; y materiales resistentes que no exijan reformar dentro de una década.

Baño con plato de ducha a ras de suelo, inodoro suspendido, muebles azules, grifería negra © Ideal Standard

Baño accesible, sin grandes obras

El baño es, probablemente, la estancia donde más se nota el paso del tiempo. Una bañera que hoy resulta cómoda para bañar a los niños puede convertirse, más adelante, en el mayor obstáculo de la vivienda. La clave no es renunciar a ella ahora, sino instalarla pensando en que, el día que haga falta, pueda sustituirse por un plato de ducha con una obra menor y no con una reforma integral.

Un baño accesible se consigue con decisiones que se toman en la obra original y que no se ven, pero que ahorran disgustos después: dejar el desagüe preparado para un plato de ducha extraplano (como el de esta propuesta de Ideal Standard), reforzar la pared con anclajes ocultos para instalar barras de apoyo sin taladrar el azulejo, y dejar espacio suficiente delante del sanitario. Todo eso convierte una reforma que hoy parece lejana en un cambio de un fin de semana el día que llegue.

Grandes ventanales correderos de aluminio con salida al jardín © Grupo Ayuso

Sostenibilidad: una inversión de futuro

La sostenibilidad de una vivienda para toda la vida no se mide solo en emisiones, sino en la tranquilidad de saber que la factura de la luz o del gas no va a dar sustos de un año para otro. Según The New Habitat 27/28, los usuarios ya están dispuestos a aumentar hasta un 11,3 % el presupuesto de diseño para incorporar soluciones más sostenibles, y la eficiencia energética se ha convertido en un estándar que ya no se discute.

Un buen aislamiento, ventanas como estas, de aluminio con tecnología CORE de Grupo Ayuso, y una climatización eficiente no son un capricho ecológico: son la diferencia entre un gasto energético estable durante décadas y una reforma cara cada vez que sube el precio de la energía. Invertir algo más al principio es la forma más barata de vivir a largo plazo.