Adiós a las casas demasiado perfectas: la nueva tendencia deco apuesta por vivir con los objetos a la vista
Libros a la vista, una cerámica que recuerda a un viaje, cuadros apoyados en la pared y pequeños objetos repartidos por las estancias. La decoración se relaja y deja espacio a las cosas que forman parte de nuestra vida
Una estantería llena de libros, una cómoda con fotografías familiares, una alacena donde se mezclan platos de distintas vajillas, una mesa de centro que nunca está completamente despejada… Son escenas cotidianas que hasta hace poco quizá habríamos considerado demasiado cargadas. Ahora tienen nombre: "purposeful clutter", una tendencia que reivindica una forma más relajada de entender los interiores: dejar a la vista las cosas que utilizamos, que nos gustan o que cuentan algo de nosotros.
La expresión podría traducirse como "desorden intencionado", aunque el término puede llevar a engaño. No se trata de acumular sin orden ni de convertir el caos cotidiano en una propuesta decorativa. Tampoco debe confundirse con el maximalismo. Este último busca una estética abundante a través del color, los estampados, las texturas, el mobiliario y la mezcla de estilos. El "purposeful clutter" se centra más en los objetos y en la historia que existe detrás de ellos. Una estancia de paredes blancas, muebles sencillos y tonos neutros puede encajar perfectamente en esta tendencia.
La sensación final recuerda a una casa que se ha ido construyendo poco a poco, con piezas que llegan de distintos lugares y momentos. ¿Quieres llevarla a tu propia decoración sin que la acumulación se convierta en caos? Estas diez ideas te ayudarán a conseguir ese equilibrio.
Lo mejor es que no hace falta que toda la vajilla pertenezca a la misma colección. Una combinación de piezas lisas y otras decoradas, vasos de diferentes formas o fuentes que proceden de distintas épocas consigue un resultado más personal. Procura repetir algún color o material para establecer una relación entre ellas sin que parezcan compradas a la vez. Y no descartes aprovechar el hueco que quede entre el mueble y el techo para colocar tu colección de botellas de cristal, igual que en este comedor, decorado con una vitrina de madera y un papel pintado de la firma Sandberg.
También conviene evitar el efecto escaparate. Algunos estantes pueden quedar más llenos y otros respirar un poco. Coloca una pila de platos junto a una fuente apoyada o varias tazas cerca de una pieza de cerámica para romper la regularidad y dar ese aspecto de colección que ha ido creciendo con el tiempo.
Tablas de madera apoyadas contra la pared, una cesta con paños, varios libros de cocina, una jarra de cerámica o un mortero pueden quedarse fuera de los armarios. No solo porque se utilicen a menudo, también porque determinados utensilios tienen suficiente presencia para formar parte de la decoración.
En este caso, conviene seleccionar. No queremos que la encimera quede saturada de objetos. Lo mejor es que los agrupes por función o por tamaños: los aceites y condimentos en una bandeja; los textiles, en una cesta, los libros y cerámicas en una balda… Fíjate lo bien se ve esta cocina, decorada con una obra de Artismore.
Una fórmula con la que acertarás seguro es partir de una obra de mayor tamaño y organizar el resto a su alrededor. Las relaciones entre las piezas no tienen que ser evidentes a primera vista: un mismo tipo de marco, un color que se repite o una proporción similar entre algunos cuadros basta para dar cohesión. Y si no, mira esta propuesta de la firma Bloomingville.
Si quieres que tu librería se vea mucho más personal, rompe la sucesión de lomos con marcos de fotos, pequeñas esculturas, plantitas, recuerdos, etc. Esta vez, mejor no agrupes por tipos. ¡Mezcla! Varios libros en vertical pueden compartir balda con una cerámica, una pila horizontal sirve de base para una pequeña escultura, una fotografía puede apoyarse detrás de un objeto… Así se ha hecho en este proyecto de Luzio Studio
No hace falta recurrir a muchos colores, con dos o tres tonos es suficiente, y cuida las proporciones: un cojín cuadrado grande detrás, otro rectangular delante y alguna pieza de menor tamaño crean profundidad.
Y más si tiene hornacinas como el de esta propuesta de HK Living, ya que en lugar de una pared completamente despejada o de una composición idéntica a cada lado de la cama, los huecos crean distintos niveles y pequeñas zonas de apoyo. No es necesario que todos tengan la misma cantidad de cosas ni que los objetos queden perfectamente centrados.
Además, este tipo de cabecero resuelve parte del almacenaje sin recurrir a más muebles.
Eso sí, conviene destinar un sitio para cada cosa (nadie dijo que fuera a ser tan fácil): una balda a su altura para los libros preferidos, perchas de pared, cestos para los muñecos, un mueble bajo que permita tener a la vista aquello que más utilizan…
Libros, revistas, una bandeja, una vela… La mesa de centro, o la auxiliar que tienes junto al sofá (esta es el modelo KOMPISHÄNG de IKEA, no tiene por qué quedar completamente despejada cuando terminas de recoger el salón. Si te resulta más práctico, puedes dejar algunas cosas a la vista siempre que quede espacio para apoyar una taza, dejar la tablet o el mando de la tele.
Un libro a medio leer, las gafas, el móvil, la melatonina… En la mesilla se acumulan cosas que utilizamos justo antes de dormir o al levantarnos, y no hay ninguna razón para que todas desaparezcan en un cajón.
En lugar de buscar una mesilla impoluta, la tendencia invita a dejar a la vista aquello que forma parte de la rutina, incluso si no está colocado de una manera estudiada, tal y como vemos en este dormitorio, con muebles y textiles de IKEA. Pero ojo: la idea no es conservar todo lo que queda sobre la mesilla, sino distinguir entre lo que realmente forma parte de ese rincón y lo que simplemente está esperando a que lo guardemos (cables, cargadores, la crema de manos, etc.).
En lugar de buscar que todo pertenezca a la misma colección o responda a un único estilo, la gracia está en juntar cosas que nos gustan aunque procedan de momentos diferentes. El resultado tiene menos aspecto de conjunto comprado de una vez y más de decoración construida con el tiempo.
En este comedor, la mezcla se aprecia especialmente en el aparador, donde vemos desde una composición de jarrones hasta una pila de libros o un tocadiscos, y algo tan poco "decorativo" como un dibujo infantil pegado en una de las puertas. Las lámparas son de Soholife.