Cada vez nos apetece más rodearnos de objetos con personalidad, de piezas diferentes, únicas, que sumen un plus de estilo a la decoración. Por eso, si te asomas por Instagram o Pinterest, verás tanto mueble pintado: cómodas, vitrinas, aparadores, mesitas e incluso armarios de cocina se tiñen de colores, ya no solo para actualizar su aspecto, sino también para dar carácter a una estancia.
Esta tendencia tiene bastante sentido. Frente a los espacios en los que predominan la madera natural, los tonos neutros y el mobiliario de una misma colección, una pieza de color rompe la monotonía y da profundidad a la decoración. También facilita recuperar muebles antiguos, heredados o encontrados en mercadillos que quizá tengan una forma especial, pero cuyo acabado ya no encaja con nuestros gustos. Una capa de pintura conserva su estructura y cambia por completo su presencia.
La clave para que el resultado sea actual está en la elección del color y del acabado. Un verde oliva, un azul profundo o un marrón chocolate transformará una cómoda clásica sin borrar sus molduras ni su carácter. Los tiradores también cuentan: sustituir unos herrajes antiguos por otros más sencillos puede ser suficiente para darle una imagen contemporánea. Y, si quieres ir un paso más allá, la superficie admite dibujos geométricos, combinaciones de tonos o acabados brillantes.
Eso sí, antes de sacar la brocha, es importante preparar bien la superficie. Limpia bien el mueble para eliminar cualquier resto de grasa, polvo o suciedad y, si tiene un barniz o una pintura en buen estado, lija suavemente para crear una base que agarre mejor la nueva pintura. Si el acabado es muy brillante o la superficie presenta zonas difíciles, aplica una imprimación adecuada antes de pintar. Después, da dos capas finas de pintura, respetando siempre el tiempo de secado que indique el fabricante. Un lijado muy ligero entre capas dejará el acabado más uniforme y, una vez seca la última, aplica un barniz o protector si se trata de una pieza sometida a mucho uso.
A partir de ahí, ¡las posibilidades se multiplican!
Un mueble con historia, pero con un acabado actual
Un mueble antiguo "rescatado" de una tienda de segunda mano o heredado no necesita conservar necesariamente su aspecto original. De hecho, una buena elección de color hará que una pieza de otra época encaje a la perfección en un interior contemporáneo. Lo vemos en esta vitrina-secreter de estilo inglés, recuperada y pintada artesanalmente por el equipo de Antique arte y decoración, en verde y beis.
En una decoración de líneas sencillas, los tonos profundos, como verde oliva, azul petróleo, burdeos o marrón chocolate, quedan muy bien porque mantienen cierta sensación de antigüedad sin caer en un resultado demasiado rústico. Para una pieza con molduras o detalles ornamentales, los colores empolvados y los neutros cálidos suavizan su presencia.
Una vez elegido el color, presta atención a los pomos y herrajes, porque pueden llevar el mueble hacia un estilo u otro. Para un resultado más desenfadado, prueba con pomos de cerámica, madera o metal en diseños sencillos; si buscas una apariencia más sobria, los tiradores de latón, bronce o hierro, con líneas limpias, resultan una buena elección.
También puedes utilizar los herrajes para actualizar una pieza muy clásica. Unos pomos discretos dejan todo el protagonismo al color y a la silueta del mueble, mientras que unos tiradores largos y rectos o pequeños, pero en un tono vivo, compensarán el aire tradicional de una cómoda. Y si no, fíjate en ésta, pintada en un malva muy suave de Annie Sloan y pomos en verde lima.
Antes de comprarlos, comprueba la distancia entre los agujeros de los tiradores originales. Si las medidas no coinciden, tendrás que tapar los antiguos, lijar esa zona y pintar de nuevo antes de colocar los nuevos. Es un pequeño detalle, pero evita que el cambio de herrajes termine delatando que el mueble ha pasado por una transformación casera.
A las más atrevidas –y habilidosas con el pincel– les encantará la idea de decorar puertas y cajones con motivos geométricos. Y si dibujar no es lo tuyo, tranquila: siempre puedes recurrir a las plantillas de stencil.
Ya sabes que la superficie debe estar limpia, seca y perfectamente lisa. Una vez seca la pintura base, fija bien la plantilla con cinta de carrocero y aplica poca cantidad de pintura para evitar que se cuele por los bordes. Retira el stencil antes de que la pintura seque por completo y deja pasar el tiempo recomendado antes de aplicar una segunda capa o la protección final.
Los pequeños detalles, flores, ramas o dibujos irregulares, tendrás que pintarlos a mano con un pincel. En estos casos, conviene practicar primero sobre un cartón o una madera sobrante. El secreto no está en conseguir una ejecución perfecta, sino en que el motivo tenga una escala proporcionada al mueble.
Un acabado envejecido tiene sentido cuando se quiere reforzar el carácter de una pieza y hacer que parezca que ha acumulado capas de pintura con el paso del tiempo. Queda idealen casas de campo, interiores de inspiración mediterránea o espacios que mezclan antigüedades con materiales naturales.
Para conseguirlo, se pinta una primera capa y, una vez seca, se puede aplicar otra de un tono diferente. Después se lija de forma selectiva en esquinas, cantos y zonas de desgaste natural para dejar ver parcialmente la capa inferior.
No conviene repartir el desgaste de manera uniforme. Un mueble demasiado decapado puede adquirir un aspecto artificial. Mejor concentrar el efecto en aquellos puntos que, por el uso, perderían pintura antes. Así es la cómoda que escogió Alison Kandler Interior Design para uno de sus últimos proyectos.
Una cómoda lacada, una mesita o una vitrina con pintura brillante adquieren otra presencia. Este acabado va de maravilla en interiores sofisticados, espacios de inspiración retro o decoraciones donde aparecen metales, mármoles y superficies pulidas.
El brillo también es una buena estrategia para recuperar un mueble clásico y alejarlo de una estética demasiado tradicional. Un azul intenso, un verde botella o incluso un rojo oscuro ganan mucha fuerza con una terminación brillante. Solo tienes que ver esta cómoda que, aún apoyada en una pared con un papel estampado de la Mindthegap –firma que distribuye Gancedo–, en vivos y alegres colores, no pasa desapercibida.
Una de las fórmulas más interesantes consiste en escoger un tono que se aleje deliberadamente de la paleta dominante. Si la estancia está decorada en tonos azules como esta, un proyecto de Lisa Fleming Design, una cómoda o un escritorio pintado en rojo intenso se convertirá en el punto de atención.
Para que la elección parezca intencionada, repite ese color en pequeños detalles: un cojín, una lámpara, una obra de arte o algún objeto decorativo. Así el mueble no queda como una excepción, sino como parte de una paleta pensada.
También existe la opción contraria: en lugar de buscar un tono que destaque, escoger uno que ya esté presente en la habitación. Es un recurso de lo más efectivo cuando las paredes están decoradas con papel pintado. En este caso, el modelo Queen Palm Peach de la firma Hovia, con palmeras verdes sobre un fondo rosado. La idea no es camuflar el mueble, sino integrarlo.
Apúntate esta lección: si el estampado tiene varios colores, selecciona uno secundario para pintar el mueble, en lugar del tono dominante. Queda más elegante.
El color puede hacer que un mueble antiguo deje de verse como una pieza de otra época y encaje en una decoración más actual. Es lo que ocurre con esta vitrina-secreter, de un proyecto de Elizabeth Home Decor & Design: el acabado lila suaviza su aspecto clásico y la integra con las paredes verdes y el resto de la decoración.
Y no solo puedes cambiar su apariencia. Un secreter puede convertirse en una pequeña alacena, una vitrina en un mueble-bar o una cómoda pasar al recibidor. Antes, eso sí, comprueba que sus medidas y estructura se adapten bien al nuevo uso.
Los muebles de madera admiten muy bien este recurso, aunque también existen productos específicos para laminados y otras superficies.
Una opción especialmente actual es combinar al menos dos colores. En este caso, se ha jugado con los tonos del suelo, un porceláncico efecto hidráulico de Porcelain Superstone.
Pintar un mueble de negro puede parecer una apuesta arriesgada, pero el resultado no tiene por qué resultar frío ni excesivamente rotundo. Esta cómoda de la firma DFS demuestra que el secreto está en lo que la rodea: sobre una pared gris claro, el negro destaca, pero la diferencia entre ambos tonos no resulta tan brusca como ocurriría frente a una pared blanca.
Para suavizar todavía más el conjunto, incorpora materiales cálidos como madera, fibras vegetales o textiles en tonos más vivos. En este caso, la cesta de fibras naturales, la madera de la mesa y los detalles rosas añaden matices que rebajan la seriedad del mueble. Los tiradores dorados aportan un punto más sofisticado.