La reflexión de Cristina Pedroche sobre cómo dormir a los niños: "El llanto es comunicación. Un bebé no llora para manipular ni porque haya adquirido malos hábitos"


Hablamos con Yaiza Carrasco, experta en sueño infantil, sobre el sueño en la infancia, un tema que preocupa a muchos padres


Cristina Pedroche en la presentación de su libro "Gracias al miedo"© Getty Images
10 de septiembre de 2026 a las 13:03 CEST

El debate sobre el descanso infantil vuelve a situarse en el centro de la conversación social tras la reflexión compartida recientemente en sus redes sociales por la presentadora Cristina Pedroche. La presentadora ha expresado su opinión frente a las metodologías que proponen dejar llorar a los recién nacidos para adiestrar su descanso: "Yo soy bastante crítica con los coaches del sueño que venden como objetivo que el bebé 'aprenda a dormir' a base de no responder a su llanto. El llanto es comunicación. Un bebé no llora para manipular ni porque haya adquirido malos hábitos. Puede estar pidiendo alimento, contacto, regulación, seguridad, alivio...".

"El sueño es madurativo, poco a poco irá durmiendo más tiempo, no creo que sea bueno tener que forzarlo", apunta además Pedroche, que pone el foco en el impacto emocional que este tipo de entrenamiento puede dejar en el vínculo afectivo entre padres e hijos. "Un bebé llora porque espera que vayan a cogerle; si le dejas llorar, le enseñas que no vas a ir y sí, claro, llegará un momento en el que deje de llorar, pero ¿qué lección ha aprendido? ¿Que su madre o su padre no va a ir si le pasa algo?", cuestiona la presentadora, tildando de "aberración" las pautas de crianza que prohíben expresamente calmar al bebé en brazos.

Además, más allá del ámbito emocional, Pedroche señala a una causa estructural subyacente que empuja a muchas familias a recurrir a estos métodos: la falta de medidas de conciliación real en la sociedad actual. "Las madres tienen una exigencia a nivel laboral que no cuadra con las necesidades de los bebés", comenta. Partiendo de sus reflexiones hemos tenido la ocasión de hablar sobre este tema que preocupa a muchos padres con Yaiza Carrasco, enfermera especialista en sueño infantil.

Yaiza Carrasco, enfermera especialista en sueño infantil© Cedida
Yaiza Carrasco, enfermera especialista en sueño infantil

¿Cómo evoluciona biológicamente el sueño de un bebé y qué expectativas reales deberían tener los padres durante el primer año?

El sueño de un bebé no es igual al de un adulto y evoluciona especialmente durante el primer año de vida, por lo que no es nada lineal. Al nacer, los ritmos de sueño y vigilia todavía son inmaduros y el bebé no diferencia claramente entre el día y la noche. Poco a poco, su reloj biológico va madurando y el sueño nocturno se va consolidando.

Además, los despertares son normales durante toda la vida, los tenemos hasta los adultos. La diferencia está en que los adultos sabemos volver a dormirnos por nosotros mismos. Un bebé puede despertarse varias veces durante la noche y eso no significa necesariamente que haya un problema. Lo importante es cómo son esos despertares, cuánto necesita la ayuda del adulto para volver a dormirse y, sobre todo, cómo está afectando la situación al bebé y a su familia.

Por eso creo que las expectativas tienen que ser realistas: no deberíamos esperar que un bebé de pocos meses duerma como un adulto ni medir el descanso únicamente por el número de horas seguidas que duerme. El objetivo es acompañar la maduración del sueño y favorecer un descanso adecuado para cada etapa y para cada bebé.

¿Qué factores pueden influir en que haya niños que duermen especialmente mal?

Hay muchísimos factores y por eso me parece peligroso pensar que existe una única causa o que los padres están haciendo algo mal.

Influyen la edad y el momento madurativo, el temperamento del bebé, sus necesidades de sueño, la alimentación, la dentición, enfermedades o molestias, el entorno, los horarios, las siestas, la forma en la que se queda dormido y también las asociaciones que ha ido construyendo alrededor del sueño.

Y hay un factor que muchas veces olvidamos: la propia familia. Cuando llevas meses durmiendo poco, estás agotado y cada noche se convierte en una batalla, es mucho más difícil gestionar el sueño.

Por eso, cuando una familia me dice “mi bebé duerme fatal”, mi primera pregunta no es qué método han utilizado, sino qué está ocurriendo exactamente. Hay que entender el origen del problema antes de plantear una estrategia.

bebé en la cuna despierto© Getty Images

¿Hay realmente alguna fórmula efectiva para dormir a un bebé?

No existe una fórmula universal. Y precisamente esa es una de las ideas que más me gustaría desmontar. No hay un truco que funcione con todos los bebés porque cada niño tiene unas necesidades, un temperamento y una historia de sueño diferentes.

Lo que sí sabemos es que hay determinadas estrategias que pueden ayudar: ajustar horarios, respetar las necesidades de sueño, establecer rutinas predecibles, trabajar las condiciones ambientales y revisar cómo se está produciendo el inicio y el mantenimiento del sueño.

Pero no se trata de encontrar “el método mágico”, sino de identificar qué está interfiriendo en ese sueño concreto y hacer cambios adaptados a ese bebé y a esa familia.

¿Es técnicamente posible 'enseñar' a dormir a un bebé mediante entrenamiento o simplemente facilitamos las condiciones para un proceso biológico que ocurre a su propio ritmo?

Yo diría que hay que hacer una distinción importante. Un bebé no necesita que le enseñemos a dormir en el sentido de enseñarle una función que no sabe hacer. Dormir es una necesidad biológica y ya nacemos con la capacidad para dormir.

Lo que sí podemos hacer es ayudarle a desarrollar determinadas habilidades y, sobre todo, modificar las condiciones que están dificultando el sueño. Podemos favorecer ritmos adecuados, crear un entorno seguro, establecer rutinas y trabajar determinadas asociaciones o formas de conciliar el sueño.

Por eso prefiero hablar de acompañar y facilitar el sueño más que de “enseñar a dormir”. La biología pone la base, pero el entorno y nuestras intervenciones también pueden influir en cómo se desarrolla ese proceso.

Cuando una familia me dice “mi bebé duerme fatal”, mi primera pregunta no es qué método han utilizado, sino qué está ocurriendo exactamente. Hay que entender el origen del problema antes de plantear una estrategia

Yaiza Carrasco

¿Por qué hay bebés a los que les cuesta más ‘aprender’ a dormir?

Porque no todos los bebés parten del mismo punto. Hay bebés con un temperamento más sensible, otros que necesitan más ayuda para regularse, bebés con una mayor necesidad de contacto o con más dificultades para gestionar determinados cambios.
También puede haber factores físicos, ambientales o de hábitos que estén interfiriendo. Y algo importante: que un bebé necesite más ayuda para dormir no significa que esté mal acostumbrado ni que sus padres hayan hecho algo mal. Hay bebés que simplemente necesitan más acompañamiento y, cuando entendemos eso, podemos buscar estrategias mucho más adecuadas para ellos.

¿Qué ocurre cuando un lactante llora y no obtiene respuesta?

El llanto es la principal forma que tiene un bebé de comunicar que algo le ocurre. No llora para manipular ni porque quiera “acostumbrarnos” a cogerle. Cuando un lactante llora está expresando una necesidad, malestar, miedo, cansancio o dificultad para regularse, y necesita del adulto para poder hacerlo.

Cuando dejamos a un bebé llorando sin responder a sus señales, estamos privándole de esa ayuda externa para regular una emoción que todavía no puede gestionar por sí mismo. Un bebé pequeño no dispone todavía de las herramientas neurológicas necesarias para calmarse de manera autónoma.

Por eso, desde mi perspectiva, no se trata de evitar cualquier llanto (el llanto forma parte de la comunicación y del desarrollo), sino de acompañarle en un nuevo aprendizaje validando sus emociones. Podemos poner límites, cambiar hábitos y trabajar el sueño sin que eso implique ignorar su llanto.

padre con su bebé dormido en brazos© Getty Images

¿Existe evidencia científica que relacione los métodos de entrenamiento del sueño basados en la extinción del llanto con posibles alteraciones en el apego seguro a largo plazo?

Creo que aquí es importante diferenciar entre dos cuestiones: que no tengamos evidencia suficiente para afirmar que un determinado método provoca necesariamente un trastorno del apego a largo plazo y que, por tanto, debamos considerar que dejar llorar a un bebé sin responder es emocionalmente irrelevante. No son la misma cosa.

El apego se construye a partir de la experiencia repetida de un bebé con sus figuras cuidadoras y de la percepción de que sus necesidades son atendidas de forma sensible y consistente. Por eso, desde mi perspectiva profesional, no considero adecuado basar una intervención del sueño en dejar a un bebé llorando de manera prolongada y sin respuesta.

Yo no trabajo con métodos basados en la extinción del llanto. Mi enfoque parte de una premisa diferente: podemos mejorar muchísimo el sueño de una familia trabajando horarios, necesidades de sueño, ambiente, rutinas, asociaciones y formas de conciliación, y podemos hacerlo acompañando al bebé durante el proceso. Para mí, mejorar el sueño no debería plantearse como una elección entre que el bebé duerma o que se sienta seguro. El objetivo es trabajar ambas cosas.

Un buen profesional del sueño no debería prometer que un bebé va a dormir toda la noche en tres días ni vender una fórmula universal

Yaiza Carrasco

¿Tiene fundamento científico la idea de que coger a un bebé en brazos cuando llora «lo malcría»?

No. Un bebé no se malcría por recibir consuelo. Coger a un bebé, atender su llanto y ofrecerle contacto físico forma parte de la respuesta normal y sensible a sus necesidades. Además, los bebés no tienen la capacidad cognitiva de manipular a sus padres como a veces se interpreta. Otra cosa diferente es que una determinada forma de dormir se convierta en la única manera que el bebé acepta para conciliar el sueño y que eso pueda terminar generando dificultades para la familia. Pero eso no significa que haya que dejar de cogerle en brazos.

Podemos trabajar el sueño sin eliminar el contacto ni el vínculo. La cuestión no es “brazos sí o brazos no”, sino encontrar una manera de acompañar el sueño que funcione para ese bebé y que también sea sostenible para sus padres.

¿Qué alternativas o pautas de higiene del sueño respetuosas se pueden ofrecer a familias que sufren un agotamiento extremo pero no quieren recurrir a métodos de extinción del llanto?

Hay muchas cosas que se pueden trabajar antes de plantearse una estrategia de extinción. Lo primero es analizar qué está ocurriendo: horarios, ventanas de sueño, cantidad y distribución de las siestas, ambiente, rutina, forma de conciliar el sueño y despertares nocturnos.

A partir de ahí podemos hacer cambios progresivos. Por ejemplo, establecer una rutina predecible antes de dormir, ajustar los horarios para evitar tanto el exceso como el déficit de sueño, favorecer unas condiciones ambientales adecuadas y trabajar de forma gradual determinadas asociaciones de sueño.

Y, para mí, hay algo fundamental: no todas las familias tienen que hacer exactamente lo mismo. Si una familia quiere mantener la lactancia para dormir, el contacto o el colecho seguro, no significa que no podamos trabajar y mejorar el sueño.

Cuando una familia está en un nivel de agotamiento extremo, además, hay que abordar también el descanso de los padres. No podemos hablar únicamente del bebé cuando hay adultos que llevan meses funcionando al límite.

¿Qué le diría a una madre o un padre que son escépticos en relación con los coachs de sueño infantil?

Les diría que me parece perfectamente razonable ser escépticos. En un ámbito como el sueño infantil hay muchísima información en redes sociales, promesas de resultados rápidos y mensajes que presentan una única solución como si funcionara para todos los bebés. Y creo que las familias tienen todo el derecho a cuestionarlo.

Para mí, un buen profesional del sueño no debería prometer que un bebé va a dormir toda la noche en tres días ni vender una fórmula universal.

Debería empezar por conocer al bebé y a su familia, entender qué está ocurriendo, descartar posibles causas que requieran valoración sanitaria y, a partir de ahí, plantear estrategias personalizadas y acompañar a la familia durante el proceso.

Yo no creo que necesitemos convencer a los padres de que tienen que “enseñar” a su bebé a dormir mejor. Creo que necesitamos ayudarles a entender cómo funciona el sueño infantil y darles herramientas para mejorar el descanso de una manera que sea compatible con sus valores y con su realidad familiar.

Pedir ayuda porque estás agotada no significa que estés haciendo mal las cosas. A veces significa simplemente que necesitas que alguien te ayude a encontrar una solución.