Para Cayetano Martínez de Irujo, heredar el Palacio de Arbaisenea de su madre, la recordada duquesa de Alba, fue "un orgullo, un honor y un privilegio". Tras su deslumbrante arquitectura de inspiración inglesa y sus imponentes jardines, se esconde una atmósfera íntima construida a base de recuerdos familiares, donde las maderas nobles, las telas suntuosas y el encanto aristocrático convierten cada rincón en un refugio lleno de historia y elegancia. "Me gusta el conjunto de la casa: la armonía, la belleza... Yo soy un clásico y me fascina la casa en sí, todo lo que tiene", confiesa el duque de Arjona en un excepcional reportaje en ¡HOLA!.
© Darío AranyoLa casa palacio de Arbaisenea se construyó en 1881 por Carlos Martínez de Irujo y del Alcázar, VIII duque de Sotomayor, bisabuelo de Cayetano. Ubicada a 800 metros de la playa de la Concha, en San Sebastián, la residencia, de estilo victoriano, tiene cuatro plantas, con 480 metros cuadrados cada una, y está levantada en una finca de 20.000 metros cuadrados.
© Darío AranyoLa elegancia de la bienvenida: arcos, mármol y luz dorada
El amplio recibidor es ya una declaración de intenciones. Nada más entrar en la casa palacio, nos encontramos un retrato de su madre. Un lienzo enmarcado en pan de oro con moldura labrada que preside la chimenea, complementado con pequeños cuadros al óleo de temática ecuestre y paisajística a ambos lados. "No es el cuadro que más me gusta de ella, pero le encantaba", afirma Cayetano Martínez de Irujo mientras nos enseña orgulloso los tesoros que ha conservado intactos de su madre. Una pieza de elevado valor sentimental que inaugura una auténtica pinacoteca familiar.
La estancia adquiere mayor peso visual a través de un acertado juego de contrastes: la calidez de las maderas nobles —que aportan peso histórico y solera— dialoga con la riqueza táctil de los textiles, encargados de vestir el espacio. Frente a ellos, el contrapunto frío de los detalles metálicos y la prestancia del pavimento de mármol añaden ese golpe de sofisticación que define el carácter de la sala.
© Darío AranyoUna antesala de campo con sello propio
Al lado del recibidor, en el hall, el recuerdo a la inolvidable figura de Cayetana Fitz-James Stuart sigue presente. Además de la destacada arquitectura de las fincas de campo vividas que se observa, lo que llama verdaderamente la atención son los sombreros que la duquesa de Alba utilizaba para ir a la playa de Ondarreta, expuestos como obras de arte.
© Darío AranyoLa vista se va de manera natural hacia la puerta central: su gran embocadura de madera funciona como un encuadre de teatro que genera un hipnótico eje visual, invitando a colarse hacia el fondo. El hall actúa como carta de presentación. El zócalo de casetones a media altura que articula el perímetro consigue rebajar la altura de los muros, una sensación de calidez rústica que convive perfectamente con los guiños personales, como las fotografías de su madre, las piezas en porcelana o el paragüero de mimbre con bastones.
Un banco antiguo de ebanistería tallada cobra una nueva vida gracias a un respaldo tapizado en seda coral y cojines de terciopelo.
© Darío AranyoEl comedor: clasicismo británico y alma de coleccionista
El comedor es una de las estancias favoritas del duque de Arjona y no es para menos. Entrar en este espacio es trasladarse inmediatamente a la campiña inglesa. Decorado con cuadros de Peter Snyers, pintor flamenco de los siglos XVII y XVIII, el comedor queda vertebrado por la robusta mesa de madera de roble con las sillas de estilo victoriano tapizadas en un elegante color burdeos. Una alfombra verde pradera aporta frescura y ligereza visual. La lámpara de araña que cuelga del techo centra además toda la atención visual en este espacio recogido.
"Quien viene aquí siente una atmósfera inglesa única"
La chimenea de mármol es el auténtico pulmón del comedor. No solo por sus tonos rojizos y su material veteado, sino también porque actúa de muestra expositiva de recuerdos y piezas con gran valor sentimental en la repisa de madera. Reliquias familiares, porcelanas pintadas a mano y figuras de cristal de Murano en forma de candelabros llenan de vista el espacio.
© Darío AranyoLa sala de estar: donde el barroco flamenco conversa con la calidez del hogar
Para Cayetano, esta residencia es mucho más que una casa. En ella ha vivido grandes hitos familiares, como las vacaciones de verano o la puesta de largo de sus hijos, Amina y Luis, en 2019, pero también ha sido el escenario de noticias no tan agradables. Sin embargo, pasado el tiempo, se queda con las buenas sensaciones y con lo que el Placio de Arbaisenea le transmite. En la imagen vemos la sala de estar, coronada por un retrato de un antepasado del Duque, un óleo de Melchior d’Hondecoeter, pintor del barroco neerlandés –conocido como "el Rafael de los pájaros"– y otro firmado por George Romney, retratista británico del siglo XVIII.
De nuevo, la chimenea de mármol se convierte en el centro de las miradas; de estilo neoclásico y en color blanco y negro, sirve de sostén para una repisa donde se han expuesto piezas de porcelana artesanal. En el centro, una espectacular lámpara de araña de bronce proyecta una luz cálida sobre el pavimento de parqué en espiga, acolchado por una alfombra de gran formato y en tonos claros.
© Darío AranyoMirador y rincón de lectura: cuero, luz tamizada y vistas al jardín
Este rincón se ha diseñado con la elegancia de los clubs británicos, donde la naturaleza exterior y el diseño clásico son las claves principales. En el mirador destacan las cortinas de estampado floral que llenan de alegría la sala. Gracias a esta cristalera, la luz natural baña una acogedora mesa de juego con sillas caladas de madera noble, pensada para las tardes de lectura o conversación frente al parque de la finca.
"Mi intención es preservar el patrimonio familiar y mantenerlo con la esencia de la historia"
Un icónico sofá Chesterfield en piel oscura con capitoné, con una mesa auxiliar con tablero de cuero verde, preside la sala más íntima. Las paredes, en tono ocre, sirven de escenario para un retrato monumental enmarcado en pan de oro que atrae de inmediato la mirada. Focos de cuadro integrados y lámparas de sobremesa con bases de porcelana oriental y pantallas de flecos aportan un golpe de nostalgia, sofisticación y verdadero calor de hogar.
© Darío AranyoArquitectura de paso: cómo transformar la caja de escalera en una gran galería de arte
Dividida en cuatro plantas, de 480 metros cuadrados cada una, las zonas de paso se convierten en salas esenciales en esta casa palacio. Aquí la calidez en las transiciones es más que notable gracias a la notable presencia de la madera, las obras de arte y los muebles antiguos con identidad propia que decoran cualquier rincón. Es una casa con alma, una casa vivida, pero sobre todo, una casa con historia. La imperial escalera, con balaustres torneados, aporta una solidez de ebanistería impecable y ese aire señorial tan característico de los palacios del siglo XIX.
Dos óleos en formato XXL presiden la escena. Uno del pintor barroco José Antolínez (siglo XVII) y un retrato de Francisco de Moncada, III marqués de Aytona, en cuya chapa aparece la firma de Anton van Dyck, aunque se atribuye a alumnos de la escuela del pintor flamenco.
En el centro del hueco bajo la escalera, una mesa redonda de caoba funciona como punto focal para un styling de sobremesa muy cuidado: lámpara con base de cerámica y pantalla plisada, piezas de porcelana, portarretratos y un arreglo floral silvestre sobre una alfombra de tono neutro.
© Darío AranyoPorcelanas de colección y el encanto victoriano
Un cuadro del neerlandés Dirck Wijntrack, cuyo origen data del siglo XVII, preside este espacio diseñado para el confort. Es una zona de descanso donde los sofás y sillones tapizados en un clásico chintz de flores aportan ese aire nostálgico y relajado tan propio de las grandes fincas británicas.
El gran acierto decorativo del espacio es el espejo victoriano de madera oscura articulado en varios niveles. Sus pequeñas repisas labradas funcionan como una vitrina abierta para exhibir una valiosa colección de figuras de porcelana, al tiempo que sus cristales reflejan la luz y la obra de arte de la pared opuesta.
© Darío AranyoLa capilla privada: el lugar de recogimiento familiar
La capilla privada representa la máxima expresión del recogimiento y el patrimonio familiar. Impresiona por su arquitectura de planta recogida y su paleta cromática: las paredes teñidas en un tono terracota envuelven el ambiente en una luz mística, rematadas en lo alto por una cornisa de escayola blanca que suaviza la caída del techo.
"Cuando mi padre se puso enfermo, Fernando y yo rezábamos en la capilla todos los días para que se curase"
El punto focal se articula en torno al altar, cubierto por un mantón de encaje tradicional sobre el que descansa un retablo neogótico de madera calada con ciriales de bronce. Presidiendo la estancia, un imponente lienzo de escuela barroca enmarcado en pan de oro. Para completar, pequeñas tallas sacras reposan sobre ménsulas de madera, integrándose en la verticalidad del muro.
La zona dedicada a la oración huye de los bancos pesados para apostar por una sillería más ligera de rejilla y madera clara, dispuesta a ambos lados de un pasillo marcado por una fina alfombra oriental sobre la tarima.
© Darío AranyoDormitorios con alma: el triunfo de la textura, los detalles florales y luz natural
Las habitaciones de la emblemática casa familiar del siglo XIX se han mantenido intactas con el paso del tiempo gracias a su decoración atemporal y el uso magistral del papel pintado, los textiles y la ebanistería. No hay duda de que el verdadero motor del interiorismo aquí es el papel pintado con motivos botánicos, que alarga la altura de los trechos y llena el espacio de textura, un truco de interiorista que ha vuelto con fuerza este 2026.
En el centro de los dormitorios, las camas destacan por sus llamativos cabeceros y pieceros de madera tallada en forma de celosía geométrica, un detalle de ebanistería que aligera el volumen del mobiliario.
© Darío AranyoEn esta imagen, vemos cómo el coqueto tocador se dispone al lado de la ventana. El espejo aprovecha la claridad del jardín y refleja los destellos en todo el espacio. Las tradicionales cortinas de pasamanería viven en perfecta armonía con el mobiliario en madera de caoba y el mueble bajo de colección, logrando mayor luminosidad y distinción señorial.
© Darío AranyoEn esta tercera habitación, la chimenea de mármol eleva la categoría del espacio. Introduce la calidez frente a la robusta estructura de las camas, donde las columnas torneadas acompañan el diván con volante fruncido.
© Darío AranyoEl cuarto de Eugenia Martínez de Irujo: sencillez campestre y guiños de época
En el caso del dormitorio que perteneció a Eugenia Martínez de Irujo, única hija de la duquesa de Alba, la decoración abandona la sobriedad aristocrática para adquirir un tono más fresco, alegre y desenfadado. Aunque Cayetano ha contado que su hermana pequeña pasó poco tiempo en San Sebastián, su habitación conserva ese toque romántico de la época, donde el color amarillo se vuelve protagonista y duplica la sensación de amplitud y luminosidad.
Al contrario que en el resto de las habitaciones, en esta suite se ha apostado por la ligereza visual con dos camas de forja apoyadas en las paredes, dejando libertad de paso hacia el balcón. En el centro, un coqueto armario de madera lacada en blanco con espejo frontal y cajonera integrada, típico de los dormitorios juveniles. Junto a la ventana principal, un sobrio bureau de madera con secante de piel y tintero clásico convierte el rincón en un espacio de estudio bañado por el sol, completando un dormitorio con un marcado encanto campestre.



