Una arquitecta transforma un antiguo apartamento de 26 m² en Nápoles en un refugio: "Tiene el sabor de un nido de ritmo lento y rasgos mediterráneos"
La arquitecta Paola Sola da una nueva vida a este pequeño apartamento apostando por una decoración alegre y muy personal. Los muebles de estructura ligera, las formas curvas y la cerámica artesanal construyen un interior cuidado hasta el último detalle, en el que cada decisión contribuye a crear un espacio funcional, luminoso y lleno de carácter.
¿Puede el paisaje convertirse en material de decoración? Este proyecto en las colinas de Nápoles, en el barrio de Posillipo, demuestra que sí. La arquitecta Paola Sola (www.paolasola.it) ha dado una nueva vida a un antiguo pied-à-terre que había quedado en el olvido y lo ha convertido en un pequeño refugio íntimo, luminoso y de marcado carácter mediterráneo. La inspiración está fuera, entre el azul del mar y el amarillo vibrante de los limones, pero también se cuela en cada decisión del interior.
Con solo 26 metros2, este jovial apartamento demuestra que la falta de espacio no está reñida con una decoración con personalidad. La distribución, los materiales y, sobre todo, una estudiada paleta cromática, consiguen que cada rincón tenga su propio protagonismo sin perder sensación de armonía. El resultado es una vivienda pequeña en superficie, pero generosa en detalles, color y atmósfera.
No valía cualquier azul ni cualquier amarillo: así se ha elegido la paleta cromática
El color es uno de los grandes recursos de este pequeño apartamento, por lo que la selección de la tonalidad exacta no se deja al azar. Sobre una base neutra que aporta calma y amplía visualmente los escasos metros, se convierten en protagonistas un azul intenso y un amarillo luminoso, ambos tomados del paisaje mediterráneo que rodea la vivienda.
El azul aparece en los marcos, las jambas, las puertas y las contraventanas plegables, y remite al color de las barcas de los pescadores y a esas carpinterías azules tan asociadas a los paisajes del Mediterráneo. No es un azul cualquiera: tiene la intensidad suficiente para convertirse en un elemento arquitectónico más y aportar carácter sin resultar estridente.
La tonalidad de amarillo es viva, inspirada en los limones que crecen en esta parte del sur de Italia. Una pincelada solar que conecta el interior con los limoneros del patio y con la luminosidad característica del entorno.
El resultado demuestra que, cuando se trabaja con una paleta reducida, la clave no está solo en combinar colores, sino en acertar con la tonalidad precisa.
De las rayas a las curvas: el lenguaje gráfico que da personalidad a este refugio mediterráneo
Además del color, los patrones y las formas aportan ritmo y vitalidad a este estudionapolitano. “Una pequeña casa de 26 metros2, diseñada en cada detalle, que tiene el sabor de un nido de ritmo lento y rasgos mediterráneos”, explica su autora, Paola.
Las rayas visten la ropa de cama, mientras que el zigzag se repite en distintos puntos de la vivienda: aparece en la cocina y el baño y también en la alfombra de la zona de estar, creando un hilo conductor entre los espacios. Las curvas suavizan la arquitectura mediante puertas y pasos rematados en arco, creando una sucesión de formas más amables.
La elección de los materiales también conecta el interior con su entorno. Destaca la cerámica artesanal de Arcea. De este modo, el conjunto combina tradición local, geometría y color sin perder la serenidad de una base neutra.
Un pequeño distribuidor con grandes funciones: vestidor, almacenaje y transición hacia el baño
En una vivienda de menos de 30 metros2, cada centímetro cuenta, pero eso no significa que todo tenga que quedar a la vista. La distribución parte precisamente de la necesidad de establecer distintos grados de intimidad: la zona de día, integrada con el dormitorio, queda conectada con la parte más privada de la vivienda, donde se encuentra el baño, mediante un pequeño espacio de transición.
Este distribuidor funciona como un filtro visual y espacial. Una sucesión de huecos rematados en arco acompaña el recorrido y marca el paso de una zona a otra sin recurrir a un cerramiento convencional que habría restado amplitud y dificultado los tránsitos. En este lugar se encuentra un pequeño vestidor, concebido para guardar ropa y maletas, mientras que un panelado de espejo camufla el espacio técnico.
Así, esta zona de paso no es un espacio residual: organiza la vivienda, introduce intimidad y resuelve una necesidad práctica de almacenaje, sin comprometer la ligereza visual que define todo el proyecto.
El baño continúa el lenguaje mediterráneo del resto de la vivienda, pero aquí la funcionalidad cobra especial protagonismo. Los metros son limitados, de modo que se opta por un plato de ducha que permite optimizar la superficie y garantizar una circulación cómoda. Además, una ventana abierta al patio proporciona ventilación natural y refuerza la conexión con el exterior.
Las paredes combinan cerámica blanca y azul aguamarina, con un patrón geométrico que aporta profundidad y dinamismo. Sobre este fondo, el amarillo aparece en las lámparas de bombilla vista de Creative-Cables, introduciendo ese contrapunto luminoso que recorre el apartamento. La grifería de Treemme y el lavabo ‘XXL’ con acabado satinado, de Nic Design, completan una composición en la que cada pieza está cuidadosamente elegida.
Una solución multifuncional para mantener el baño de líneas depuradas
Uno de los recursos más interesantes del baño es la barra de hierro esmaltado realizada a medida, que se separa del paramento y concentra varias funciones en un único elemento: sostiene los dos espejos y sirve también para organizar cestas, ganchos y otros accesorios. La solución, además de liberar espacio y evitar la presencia de muebles voluminosos, se convierte en un elemento decorativo por derecho propio. La misma idea de aprovechar un único gesto para resolver varias necesidades se repite después en el dormitorio, reforzando la coherencia del proyecto.
En esta zona de cortesía, el juego entre líneas rectas y curvas adquiere especial protagonismo: el mueble bajolavabo rectangular contrasta con los espejos circulares, mientras que la transición entre pared y techo se suaviza mediante un encuentro redondeado. Una combinación de geometrías que aporta dinamismo sin sobrecargar.
El programa de esta vivienda, de dimensiones tan ajustadas, es deliberadamente escueto. Tras atravesar el distribuidor y dejar atrás el baño, la zona principal reúne en un único ambiente la cocina y el espacio de estar, mientras que el dormitorio queda al fondo.
El conjunto se completa con un pequeño tablero abatible con dos taburetes de madera de Zara Home, que improvisan un área de comedor (o, si se prefiere, de despacho). La polivalencia es importante en el mobiliario; así, un pequeño sofá de Maison du Monde cumple una doble función: es zona de descanso durante el día y puede convertirse en cama cuando es necesario.
Un dormitorio acogedor y moderno que mira al cielo
La propia configuración del edificio condiciona la entrada de luz natural: solo una de sus cuatro caras dispone de ventanas, mientras que los otros tres lados son ciegos. Por eso, la claraboya adquiere un papel esencial al llevar iluminación natural hasta el dormitorio, situado al fondo de la sala polivalente.
La cama se coloca justo bajo esta abertura cenital y queda envuelta por un dosel de tela, que aporta una sensación más íntima. No es solo un recurso decorativo: permite graduar la intensidad de la luz y crear un pequeño refugio dentro de este espacio de uso flexible.
Hierro amarillo limón: el ligero mueble que organiza el dormitorio
En el dormitorio, el hierro vuelve a ser protagonista, esta vez convertido en un mueble ligero de color amarillo limón, el mismo tono empleado en el baño. Su estructura abierta permite resolver las necesidades de almacenamiento y apoyo sin introducir el volumen de un mueble convencional.
El diseño, realizado a medida, se integra con naturalidad en el conjunto y refuerza una de las ideas esenciales del proyecto: en pocos metros, las soluciones más funcionales pueden ser también las más decorativas.
Azul abajo, amarillo arriba: una cocina mínima que no renuncia al color
La cocina abierta, mínima pero completamente equipada, se encaja en la esquina junto a la puerta de acceso, aprovechando al máximo una zona de paso sin interferir en la amplitud de la sala principal. Aquí el juego cromático se hace especialmente evidente en el mobiliario bicolor: los armarios bajos se tiñen de azul, mientras los módulos altos adoptan un intenso amarillo limón, una combinación que aporta dinamismo.
Las paredes continúan el azul de la carpintería y, en la zona destinada al revestimiento, la cerámica amarilla y blanca dibuja un patrón en zigzag que se convierte en uno de los detalles más llamativos del rincón. Los azulejos no se limitan a proteger la pared de trabajo: introducen buena parte de la energía gráfica que recorre todo el apartamento.
Un patio entre limoneros que prolonga la casa hacia el exterior
En el patio, de unos 50 metros cuadrados, los limoneros se entrelazan sobre el espacio exterior formando una cubierta vegetal que proporciona sombra natural, al tiempo que dejan pasar una luz tamizada que refuerza la atmósfera mediterránea. El aroma de los cítricos acompaña además el recorrido hasta la vivienda.
Pensado para comer al aire libre y relajarse, este patio, que duplica el tamaño de la casa, extiende la vida al exterior.
Junto a la puerta de entrada, tres macetas con patas son las encargadas de dar la bienvenida, introduciendo desde el primer momento ese diálogo entre vegetación, color y diseño que después continúa en el interior.
No podíamos terminar el recorrido sin mostrar el paisaje que está detrás de muchas de las decisiones del proyecto ‘Jallo e Blue’ (amarillo y azul en italiano). El patio ofrece estas privilegiadas vistas sobre el golfo de Nápoles, con el monte Vesubio como telón de fondo.
Aquí se entiende mejor la paleta cromática y el carácter mediterráneo que la arquitecta Paola Sola ha llevado al interior. El azul del mar, el amarillo de los cítricos, la vegetación y la luz encuentran su reflejo en los distintos elementos que componen los apenas 26 m² de la vivienda, estableciendo un diálogo continuo entre el interior y el exterior. Una conexión que deja claro que este pequeño refugio no pretende competir con su privilegiado entorno, sino incorporarlo al proyecto y convertirlo en parte esencial del interiorismo.