Una escena mínima, casi invisible para cualquiera que pasara por la orilla: una abuela sentada en la arena, dos niñas a su lado y un cubito que se llena y se vacía sin prisa. Nada extraordinario, nada que llame la atención. Y, sin embargo, ahí dentro hay mucho más de lo que se ve. Violeta Mangriñán sí lo vio. Se detuvo, observó a su madre junto a Gala, de cuatro años, y Gia, de dos, y decidió grabar ese instante que tantas veces pasa sin ser nombrado. Después escribió una frase que condensa todo lo que la imagen no dice pero se siente: "Graba a tu madre siendo abuela; algún día esos vídeos serán un tesoro".
En unos segundos, el vídeo captura algo que suele escaparse entre la rutina y el ruido: la manera en que los abuelos sostienen la infancia sin hacer alarde, construyendo recuerdos que, con el tiempo, se convierten en refugio. No es solo un momento de playa; es una herencia emocional en directo. Son escenas que, cuando las niñas crezcan y la vida avance, seguirán funcionando como un puente hacia un tiempo que ya no volverá. Un recordatorio de que la memoria también se escribe con gestos pequeños.
Para entender mejor el valor de estos momentos cotidianos y la carga emocional que encierra la frase de Violeta, hablamos con Ángela Fernández, psicóloga especialista en Psicología General en Instituto Centta (www.centta.es). Esto es lo que nos ha contado.
Conocemos a nuestras madres como madres, pero verlas convertirse en abuelas es algo nuevo, emocionante y muy vinculante. Nos vinculamos a través de un tercero al que ambas adoramos.
¿Qué tiene de tan poderoso ver a una madre convertida en abuela, y por qué esas imágenes pueden convertirse en un legado emocional que acompaña a los hijos toda la vida?
Convertirse en abuela es una de las experiencias más poderosas que existen. Supone un cambio de etapa vital, pero no solo, se trata de una revolución para toda la familia. La llegada de la maternidad por un lado y el convertirse en abuela, por otro. Por lo tanto, es sin duda, un evento muy intenso para todos. Supone encontrarse con nuevos roles, aprender a relacionarse desde ellos y reconocer a nuestro familiar desde un rol desconocido. Nuevas facetas de nosotros mismos y de nuestras madres. Las emociones están a flor de piel y la emotividad está asegurada.
Conocemos a nuestras madres como madres, pero verlas convertirse en abuelas es algo nuevo, emocionante y muy vinculante. Nos vinculamos a través de un tercero al que ambas adoramos. Y esto es muy poderoso. Somos, por lo tanto, testigos de la evolución familiar, de su transformación y con ello de la transformación del amor y la afectividad. Ver en primera fila estos cambios, esta demostración de amor, este cambio generacional, y hacerlo desde el objetivo de la plena conciencia, es doblemente valioso. Grabarlo en nuestra memoria emocional (y no solo), y poderlo recuperar y volver atrás siempre que lo necesitemos, es un privilegio y un regalo de valor incalculable.
¿Qué siente un adulto al ver a su madre en imágenes donde aparece cuidando a sus hijos?
Descubrir cómo las abuelas cuidan de nuestros hijos es, de alguna manera, una demostración del amor que sienten por nosotros. Es una afectividad y cuidado a nosotros a través del nuevo miembro de la familia. Significa, además, una confirmación y validación como padres, nos reconforta y nos da seguridad en nuestra labor como progenitores. Podemos mirarnos en ese espejo de crianza tranquila, sin presiones, desde un adulto que representa nuestros valores y parte de lo que somos.
Estos videos pueden servir como elemento conductor entre nuestro niño interior y el adulto que somos hoy. Nos hace tomar conciencia del paso del tiempo y la importancia de disfrutar la experiencia presente, pero al mismo tiempo nos conecta con nuestros conflictos y puede ser de gran ayuda para darnos esa oportunidad al cierre y al perdón. Estos videos nos dan la oportunidad de reformular la perspectiva sobre nuestra propia crianza y activar emociones que dejamos apartadas en el tiempo como la gratitud, la empatía hacia el trabajo del progenitor o la validación.
¿Qué ocurre emocionalmente cuando grabamos algo sabiendo que, algún día, lo veremos con nostalgia? ¿Por qué sentimos esa mezcla de ternura y vértigo?
Capturar el momento presente con la clara intención de regalarlo a nuestro "yo futuro" o a nuestros hijos, revela una profunda consciencia afectiva. Este acto implica tres reconocimientos fundamentales:
- El instante es único e irrepetible
- El valor intrínseco de la vivencia
- La gratitud de sabernos afortunados por experimentarla.
Al registrar el presente bajo esta premisa, se activa de forma inmediata una nostalgia anticipada. Empezamos a extrañar el momento mientras lo vivimos, asumiendo que su valor emocional presente será directamente proporcional a la añoranza que nos provocará en el futuro.
Esta experiencia desencadena una profunda ambivalencia emocional. Por un lado, la ternura surge al abrazar el momento presente y la belleza del vínculo; por el otro, el vértigo aparece al confrontar la fugacidad del tiempo. Este salto mental nos obliga a procesar la pérdida de lo que aún no se ha ido, un conflicto tan real que se manifiesta a través de reacciones corporales genuinas, como un nudo en la garganta o una opresión en el pecho, recordándonos la vulnerabilidad y la belleza de nuestra propia finitud.
¿Qué papel juega la memoria emocional en la infancia?
En la primera infancia, el niño almacena recuerdos fuertemente vinculados a una carga afectiva; por lo tanto, fijamos y recuperamos con mayor intensidad aquellas experiencias que han tenido un impacto emocional significativo. Estas vivencias moldean la personalidad en desarrollo y determinan la manera en que el "adulto futuro" se relacionará y establecerá vínculos.
Asimismo, vivir experiencias de vinculación afectiva con otros miembros de la familia (y no solo con los progenitores) tiene un impacto profundamente positivo en el niño, ya que fortalece su seguridad, su confianza y la forma en que interactúa con su entorno.
Vivir experiencias de vinculación afectiva con otros miembros de la familia (y no solo con los progenitores) tiene un impacto profundamente positivo en el niño
¿Cómo influye en el desarrollo afectivo de un niño ver a su abuela en momentos cotidianos de cuidado, juego o ternura?
En los momentos de cotidianidad el niño recibe la mirada con la que se reconocerá el resto de su vida. Es esa mirada a través de la cual entendemos e interiorizamos lo que somos, nuestra valía. El cuidado y la ternura tejen nuestra red de apego segura que permite estructurar la autoestima, la seguridad y entender que somos dignos merecedores de amor. La figura de la abuela, puede ser el justo anclaje de estabilidad, calma y aceptación incondicional.
Es una relación sin prisas, sin exigencias y genuina de entrega, que permite además momentos de juego entre los miembros de estas dos generaciones. A través del juego, el niño interiorizará el sentido de pertenencia, disfrutando de manera compartida y elaborando su mundo interior mediante esta actividad. Fomentando la seguridad y aceptación, el niño se sentirá en un espacio en el que dará rienda suelta a sus sentimientos y al procesamiento de su mundo interior.
Además, sería interesante tener en cuenta que los abuelos también experimentan un beneficio mediante el juego y cuidado del nieto. Se establece una reestructuración de sentido y propósito de vida, se trasmiten tradiciones, se reconecta con emociones del pasado, fomenta la actividad tanto física como cognitiva y se eleva el estado de ánimo.
¿Qué aporta la figura del abuelo o la abuela en términos de seguridad emocional y construcción de identidad?
La figura del abuelo representa la transmisión transgeneracional de valores, de principios y de costumbres. Se trata de un modelado intergeneracional que, a través de relatos, de enseñanzas y de rutinas compartidas, el niño imita y hace suyos repertorios tanto emocionales como conductuales.
Los abuelos actúan como modelos, desde la calma y la experiencia, promoviendo que el niño se sienta "parte del grupo", es decir, sentimiento de pertenencia y pueda hacer suyos también esos valores, principios y costumbres.
¿Cómo recuerdan los niños a sus abuelos y qué tipo de escenas suelen quedar grabadas en su memoria?
Sin duda prevalece la huella emocional y afectiva. El recuerdo de la infancia con los abuelos va teñido de sabores, aromas de una receta recién elaborada pero también del aroma de un abrazo. El recuerdo de la infancia es una siesta de verano, una voz calmada o los paseos de la tarde. El recuerdo de la infancia es la vuelta del cole con la abuela, sin exigencias, sin prisas y los relatos de historias pasadas.
Los niños recordarán escenas de cotidianidad en las que se sintieron tranquilos, relajados y seguros. Con esa sensación de hogar y refugio en la que se sintieron acogidos y aceptados. En ocasiones, no recordaremos detalles específicos, pero relacionaremos estímulos a personas y una afectividad en particular.
Los abuelos actúan como modelos, desde la calma y la experiencia, promoviendo que el niño se sienta "parte del grupo", es decir, sentimiento de pertenencia y pueda hacer suyos también esos valores, principios y costumbres.
¿Qué diferencia hay entre recordar a un abuelo a través de relatos y hacerlo a través de imágenes reales?
Recordar a los abuelos a través de relatos y narraciones, activa nuestra imaginación y nuestro pensamiento abstracto. En ocasiones la manera de contarnos el relato puede estar muy influenciado o cargado de emotividad. Esto último no tiene por qué considerarse un aspecto negativo, ya que mediante ese relato se pueden proyectar afectos y valores hacia el abuelo que nos sitúan en un lugar de pertenencia y estima que humanizan y fortalecen.
Por otro lado, los recuerdos mediante videos o imágenes reales ofrecen detalles sensoriales, que fortalecen nuestro recuerdo y lo refuerzan desde una realidad objetiva. Nos reconectan con el recuerdo vivo y dinámico. Nos hacen recuperar expresiones faciales, el tono de la voz, el sonido de una risa o incluso vislumbrar una complicidad que podríamos haber olvidado.
Estos estímulos visuales en movimiento, actúan como activadores neuronales muy potentes, que por minutos nos trasladan al pasado. El recuerdo de un ser querido mediante videos e imágenes puede ser tremendamente sanador. Incluso de gran ayuda para elaborar el duelo de la pérdida de un ser querido.





