Habían pasado dieciséis años desde que comenzó su historia de amor cuando, el 7 de septiembre de 2016, Rocío Carrasco y Fidel Albiac se dieron el 'sí, quiero'. Lo hicieron en Valdepalacios, un hotel situado en Toledo, rodeados de 230 invitados y después de haber convertido la celebración en un encuentro de tres días. Sin embargo, entre todos los detalles de aquella esperada boda hubo uno muy especial: el vestido de novia que Hannibal Laguna creó para Rocío.
Ella tenía claro quién debía diseñarlo. Hannibal ya la había acompañado en ocasiones importantes y, como explicó entonces ¡HOLA!, desde el primer momento supo que él debía vestirla de blanco. Lo más llamativo es que la novia no vio el diseño hasta que estuvo totalmente terminado, colocado sobre un maniquí en el estudio del creativo. "¡Es mi vestido!", exclamó añ verlo. Aquello fue un flechazo.
Un vestido inspirado en la flor favorita de Rocío Jurado
Hannibal Laguna concibió una pieza de alta costura, romántica y muy femenina, cuya inspiración estaba estrechamente relacionada con la madre de la novia. El diseñador partió de "las caprichosas y delicadas siluetas florales de los nardos blancos", precisamente la flor favorita de Rocío Jurado.
El nardo se convirtió, de hecho, en uno de los grandes hilos conductores de la boda. No solo apareció reinterpretado sobre el vestido. También estuvo presente en el ramo y en la decoración floral de la ceremonia y del banquete, para la que llegaron flores desde Chipiona enviadas por Antonio Jurado, primo de la novia.
El diseño estaba íntegramente cortado al bies y confeccionado en organza de seda natural sobre un bustier en tono nude. Sobre esa base se distribuían los bordados de cristal y nácar que recorrían el cuerpo y descendían hasta la cola con un efecto degradado. Flores, pétalos y hojas parecían envolver la silueta mientras los hombros, y buena parte de la espalda, quedaban al descubierto.
Uno de sus elementos más interesantes era precisamente el trabajo cromático. Aunque a primera vista podía parecer simplemente blanco, Hannibal Laguna recurrió a diferentes blancos naturales, tamizados y velados, combinando acabados mates y brillantes para aportar profundidad al conjunto.
5.000 microcristales y más de 500 horas de trabajo
Las cifras permiten entender mejor la dimensión artesanal de este vestido. Para confeccionarlo fueron necesarias más de 500 horas de trabajo de bordadoras expertas y más de 5.000 microcristales de nácar. El resultado fue lo que el propio reportaje publicado por ¡HOLA! definió como un auténtico "vestido joya".
Pero junto a todo este trabajo, Rocío introdujo pequeños elementos personales que hacían que el look fuera realmente suyo. Entre ellos estaba una lentejuela azul escondida en el vestido, con la que cumplía una de las tradiciones nupciales más conocidas.
También hubo algo prestado: los pendientes de brillantes de María Teresa Campos, a quien Rocío consideraba una segunda madre. Tenían además su propia historia familiar, ya que Terelu y Carmen los habían lucido igualmente en sus respectivas bodas. María Teresa le regaló, además, los zapatos de raso blanco que completaron su estilismo.
Y hubo un detalle mucho menos convencional que Rocío se negó a quitarse pese a que le recomendaron hacerlo: una pulsera de cuero. Era el primer regalo que le había hecho Rosario del Pino, madre de Fidel. "Tenía para mí más valor que cualquier otra cosa que llevara puesta", explicaría después. A ello sumó dos joyas que pertenecían a su madre, Rocío Jurado, y que llevaba habitualmente desde su muerte: un anillo y una pulsera.
El momento más emocionante llegó al vestirse
La preparación tuvo lugar en la habitación número 12 de Valdepalacios. Allí estuvieron junto a ella Rosario del Pino y algunas de sus amigas, además de Hannibal Laguna, que la ayudó personalmente a ponerse el vestido. "Hubo un momento, cuando me vestí y mi suegra estaba conmigo en la habitación, que nos miramos y empezamos las dos a llorar. Fue un momento muy importante para mí", contó entonces a ¡HOLA!. Años después, entre tantos recuerdos de aquel día, resulta especialmente significativo que Rocío eligiera precisamente ese instante como uno de los que guardaba con mayor cariño.
Para el look de belleza quiso seguir una línea bastante natural. María Baras, de Cheska, creó un recogido romántico con un acabado ligeramente deshecho, mientras Sandra Portillo Torres se encargó del maquillaje.
Ya vestida, Rocío llegó a la ceremonia del brazo de su tío Antonio Carrasco, hermano de su padre, Pedro Carrasco. La elección tenía también un profundo significado para ella porque encontraba un gran parecido físico entre ambos. "Para mí era tener a mi padre más cerca", confesó.
Y mientras caminaba hacia Fidel, Miguel Poveda interpretaba Vibro, una canción de Rocío Jurado. La novia tuvo que detenerse para coger aire antes de continuar. Al verla, Fidel se quedó sin palabras y después le susurró: "Estás guapísima".
Un segundo vestido para bailar
El vestido joya no fue el único diseño que Hannibal Laguna creó para aquel día. A medianoche, Rocío sorprendió con un segundo look, pensado para disfrutar de la fiesta con mayor comodidad.
La novia soltó su melena y cambió el elaborado diseño nupcial por un vestido de escote asimétrico y silueta trapecio, mucho más fluido y relajado. Dos vestidos muy diferentes que resumían las dos partes de aquella boda: primero, la emoción y el simbolismo de una ceremonia en la que Rocío quiso tener especialmente presentes a sus padres; después, una fiesta en la que solo quería celebrar.














