Puede haber muchos motivos por los que los abuelos no pueden ver a menudo a sus nietos, como puede ser que vivan en ciudades distintas, problemas de movilidad por parte de los mayores o, simplemente, las obligaciones diarias que dificultan disfrutar de la cercanía y el amor de los seres queridos. Sin embargo, cuando la razón es que son los propios hijos los que no permiten al abuelo ver a los nietos, no solo se incrementa exponencialmente el sufrimiento, sino que viene de la mano de otras implicaciones emocionales tanto para la persona mayor como para el niño o el adolescente al que despojan del contacto de un familiar tan importante.
Sobre todo lo que conlleva un distanciamiento así entre abuelos y nietos hemos hablado con Olga Albaladejo Juárez, psicóloga experta en bienestar y salud integrativa (www.olgapsicologaycoach.com), quien también nos explica qué pasos dar cuando una de las partes quiere retomar la relación.
Cuando el distanciamiento entre abuelos y nietos es consecuencia de conflictos con los hijos, el sufrimiento adquiere una textura especial.
En ocasiones los abuelos no pueden ver a sus nietos todo lo que les gustaría por diversos motivos. ¿Cómo afecta esto a los mayores?
La relación con los nietos no es un simple complemento en la vida de los abuelos. Para muchos constituye una fuente de identidad, continuidad y pertenencia. Cuando esa conexión se interrumpe o se reduce —por distancia geográfica, problemas de salud, conflictos familiares o cualquier otra circunstancia—, el impacto emocional puede ser profundo y sostenido.
Diversos estudios han observado que los abuelos que dejan de ejercer un papel activo en la vida de sus nietos experimentan un descenso del bienestar emocional en comparación con quienes mantienen ese vínculo vivo. Ser abuelo o abuela proporciona una sensación de utilidad, conexión y continuidad generacional. Perder ese espacio deja un vacío que no siempre se verbaliza, pero que suele sentirse intensamente.
En los casos de distanciamiento forzado por conflictos familiares aparece además una dimensión especialmente dolorosa: lo que la psicóloga Pauline Boss denominó "pérdida ambigua". No se trata de un duelo convencional. El nieto está vivo, crece y sigue formando parte de la familia, pero resulta inaccesible. Esa mezcla de presencia y ausencia puede generar un sufrimiento difícil de elaborar porque nunca existe un cierre claro.
En consulta he visto con frecuencia cómo muchos abuelos viven este dolor en silencio. No quieren generar más problemas ni convertirse en una carga para sus hijos, y terminan minimizando una pérdida que en realidad les afecta profundamente.
¿Y a los niños? ¿Les afecta también no poder ver a sus abuelos?
El vínculo con los abuelos no es una relación secundaria. Tiene un valor propio e irreemplazable en el desarrollo emocional infantil. La investigación muestra que los niños que mantienen relaciones cercanas con sus abuelos presentan mayores niveles de bienestar emocional, resiliencia y sentido de pertenencia, además de menos síntomas de ansiedad y dificultades emocionales.
¿Qué ofrece esta relación de forma singular? Amor sin la presión de la disciplina cotidiana, tiempo compartido sin tantas prisas y una perspectiva vital que solo proporcionan los años. Un abuelo puede dedicar una tarde entera a escuchar una historia que un padre agotado quizá solo pueda escuchar durante unos minutos. No porque quiera más al niño, sino porque ocupa un lugar diferente en su vida. Esa disponibilidad emocional crea recuerdos, seguridad afectiva y una sensación de ser importante para alguien.
Los abuelos también transmiten historias familiares, valores, tradiciones y experiencias que ayudan a los niños a construir una identidad más amplia y sólida. Cuando ese vínculo desaparece, el niño pierde una figura significativa y una parte importante de su historia.
Cuando la dificultad para poder verlos todo lo que les gustaría es producto del distanciamiento con los hijos o con sus parejas, ¿cómo se vive el distanciamiento sobrevenido con los nietos, sabiendo que puede afectar al vínculo con ellos?
Es uno de los dolores más complejos que trato en consulta y también uno de los más invisibilizados socialmente. Cuando el distanciamiento entre abuelos y nietos es consecuencia de conflictos con los hijos, divorcios o rupturas familiares, el sufrimiento adquiere una textura especial. Hay tristeza, impotencia, culpa, rabia y una profunda sensación de injusticia.
Los nietos pueden acabar atrapados, sin quererlo, en las consecuencias de un conflicto que no les pertenece. El psicólogo Joshua Coleman, especialista en distanciamiento familiar, explica que en la mayoría de estos casos los nietos no son el origen del problema, sino la consecuencia de una ruptura que se produjo en la generación anterior.
Lo que hace especialmente difícil esta situación es la ausencia de un cierre. El abuelo sabe que su nieto existe, que crece y cambia, pero no puede acompañarlo. Es una pérdida que permanece abierta y que muchas veces se convierte en una especie de duelo suspendido.
¿Qué pueden hacer los abuelos para intentar solucionar esa situación?
La primera respuesta que doy en consulta es siempre la misma: antes de actuar, comprender. Y antes de comprender al otro, comprenderse a uno mismo.
Preguntarse qué parte de la situación le corresponde a cada uno no implica asumir toda la responsabilidad ni culpabilizarse. Significa adoptar una actitud honesta que permita abrir caminos de reparación. Cuando existe un conflicto familiar, una disculpa sincera o el reconocimiento del dolor del otro pueden convertirse en el primer paso para reconstruir puentes.
Además, hay otras estrategias que suelen resultar útiles:
· Trabajar el duelo con apoyo profesional.
· Mantener la puerta abierta sin ejercer presión.
·Enviar mensajes afectuosos en fechas significativas.
· Buscar apoyo en personas que hayan vivido situaciones similares.
· Cultivar otras fuentes de bienestar, relaciones y propósito.
Porque aunque recuperar el vínculo sea deseable, la vida emocional de una persona no puede depender exclusivamente de una única relación.
Cuando los niños son colocados en medio, pagan un precio psicológico que puede acompañarlos durante años.
¿Se puede mantener el vínculo de alguna manera entre abuelos y nietos incluso a distancia o con dificultades de acceso?
Sí. El vínculo no depende únicamente de la presencia física. También puede sostenerse mediante la presencia emocional y simbólica. Las videollamadas, las cartas, los mensajes de voz, los cuentos compartidos o las fotografías ayudan a crear continuidad afectiva incluso cuando existe distancia.
Algo que recomiendo con frecuencia es crear un pequeño legado familiar: grabar historias, recuerdos, recetas, anécdotas o experiencias de vida. Muchas veces esos materiales adquieren un enorme valor con el paso del tiempo.
Los niños construyen su sentido de pertenencia a través de historias y rituales. Y esos rituales pueden mantenerse incluso cuando no es posible compartir el mismo espacio físico.
¿Qué ocurre emocionalmente en los niños cuando sienten que deben elegir entre padres y abuelos?
Es una de las situaciones más dañinas que puede experimentar un niño. Cuando siente que querer a los abuelos supone ser desleal a sus padres —o viceversa— queda atrapado en un conflicto de lealtades que nunca debería tener que gestionar. Este tipo de dinámicas se asocian con mayores niveles de ansiedad, culpa, baja autoestima y dificultades emocionales.
El niño siente que cualquier elección implica perder algo. Si expresa cariño hacia los abuelos puede sentir que está traicionando a sus padres. Si se distancia de los abuelos para proteger a sus padres, puede experimentar tristeza o culpa.
Ningún menor debería cargar con una responsabilidad emocional de ese calibre. Los conflictos pertenecen a los adultos. Cuando los niños son colocados en medio, pagan un precio psicológico que puede acompañarlos durante años.
¿Cómo proteger el bienestar de los niños en estas situaciones?
La prioridad debe ser siempre el bienestar del menor. Y eso implica que los adultos hagan el esfuerzo de no convertirlo en intermediario de sus conflictos.
Algunas pautas sencillas pero fundamentales son:
· No hablar mal de los abuelos delante de los niños.
· No utilizar al niño como mensajero entre las partes.
· Permitir que exprese libremente lo que siente.
· Validar su tristeza o añoranza sin instrumentalizarla.
· Recordar que proteger al niño es más importante que ganar una discusión.
¿Cómo reconstruir la relación entre abuelos y nietos después de mucho tiempo sin verse?
Con paciencia, respeto y sin intentar recuperar de golpe todo el tiempo perdido. La distancia modifica a las personas. El nieto cambia. El abuelo también. Por eso es importante aceptar que la relación que se reconstruya puede ser diferente a la que existía antes.
Lo más eficaz suele ser retomar el contacto a través de actividades sencillas y cotidianas: cocinar juntos, pasear, jugar, compartir una afición o simplemente conversar. La confianza se reconstruye poco a poco. Muchas familias descubren que una relación reconstruida desde la madurez, la comprensión y el respeto mutuo puede llegar a ser incluso más sólida que la que existía antes de la ruptura.
¿Qué aporta el vínculo con los abuelos a los niños?
Muchísimo. Los abuelos ayudan a los niños a comprender de dónde vienen, les transmiten historias familiares, les ofrecen modelos distintos y les enseñan que existen otras formas de afrontar la vida. Además, aportan estabilidad emocional, sensación de pertenencia y una visión más amplia del mundo. Como he comentado antes, los niños que mantienen relaciones cercanas con sus abuelos tienen un mayor bienestar emocional, resiliencia y satisfacción vital incluso años después.
El amor de los abuelos suele estar menos condicionado por las exigencias de la crianza diaria. Eso crea una forma particular de seguridad emocional que complementa, sin sustituir, el papel de los padres.
¿Y a los abuelos? ¿Qué les aporta esta relación?
La respuesta corta sería: gran parte de los ingredientes que asociamos al bienestar psicológico en la segunda mitad de la vida. Los nietos aportan conexión, ilusión, estimulación mental, sensación de utilidad y motivos para seguir implicándose activamente en la vida.
Diversas investigaciones han relacionado el ejercicio activo del rol de abuelo con menores niveles de depresión, mejor percepción de calidad de vida e incluso beneficios para la salud física. Pero más allá de los datos, hay algo que observo constantemente en consulta: las personas que mantienen un vínculo significativo con sus nietos suelen sentirse conectadas con el futuro.
Saben que una parte de su historia, de sus enseñanzas y de sus valores continuará más allá de ellas. En una sociedad que valora tanto la productividad, a veces olvidamos que algunas de las experiencias que más bienestar generan no producen nada tangible. La relación entre abuelos y nietos es una de ellas. Y precisamente por eso merece ser cuidada.






